miércoles, julio 29, 2009

El PRD en la encrucijada

El Partido de la Revolución Democrática parece querer anunciar una gran reforma o refundación que nadie acierta a llenar de contenido. Está en una encrucijada: despedazarse a sí mismo o dar nuevas bases para la unidad de la izquierda.

Jesús Ortega propone hacer un frente, el cual suele formarse con varios partidos y no con uno solo. Otros dirigentes no plantean de qué manera todo podría cambiar, por lo que una reforma sin propósitos llegará de seguro a ser justamente un despropósito.

No hay ninguna receta posible, pero en la búsqueda de una solución lo que queda muy claro es que la dirección actual, reflejo y producto de un partido que está enfermo, se encuentra enferma de los mismos males. Uno de ellos es la ausencia de organicidad y la abundancia de sectarismo. Desde hace años, casi nadie trabaja en el PRD a favor del PRD sino de su propio grupo, mediante el cual se realiza la actividad política. El sectarismo no puede ser superado por las sectas y los dirigentes actuales son los líderes de las sectas.

Otra enfermedad es la ausencia de una línea política. Parece que en el PRD la línea que cada quien aplica es la suya propia. Así es por lo general y de manera muy evidente entre quienes tienen cargos públicos. La política se basa en la improvisación, es decir, la falta de estudio y análisis, la ausencia de planes políticos y la casi nula elaboración de una propuesta al país.

Además, en muchos estados, el PRD dejó de ser oposición para convertirse en un grupo cortesano que realiza acuerdos vergonzosos con los gobernantes y se beneficia de las ventajas correspondientes.

Pocas veces la izquierda ha estado tan mal en México, pero los dirigentes quieren seguir en los puestos.

Para tomar el camino de la unidad en la encrucijada actual, el PRD debe romper con el sectarismo y crear acuerdos sobre una nueva propuesta política. Es aconsejable, por tanto, formar una dirección no sectaria y con suficiente claridad de la situación del país y las tareas de la izquierda.

El rompimiento del PRD sería el mejor regalo que se le puede brindar a las derechas. La intolerancia entre líderes y fuerzas políticas internas es la mejor manera de presentar, en resumen, un partido incapaz de hablarle al país. Ahora, algunos quieren expulsar a Andrés Manuel para seguir haciendo el juego al poder y a las derechas políticas, como si las decisiones administrativas pudieran abolir por decreto la realidad y los liderazgos.

En el PRD, la crítica se ha convertido en ataque superficial que sólo alimenta el amarillismo de los medios de comunicación y lanza al partido mismo al ridículo y la vergüenza. Esto se debe a que en las filas perredistas ya no hay discusión pues las sectas políticas no se caracterizan por la confrontación de ideas, como antes lo hacían las sectas ideológicas. Sí, las sectas del PRD carecen de principios, no elaboran ideas y sólo tienen intereses propios. Esto es lo que hay que superar sin convertir al partido en una secta ideológica. Mas esta tarea tiene ya tiempo de haberse enunciado e, incluso, aprobado por unanimidad. Sin embargo, quienes debían poner en práctica el acuerdo eran los mismos líderes de las sectas, despectivamente llamadas tribus por los medios de comunicación. ¿Sucederá otra vez lo mismo?

jueves, julio 23, 2009

El PAN en la coyuntura

Después de su derrota, que lo fue de Felipe Calderón como líder de partido y gobernante a la vez, el Partido Acción Nacional reacciona ante la coyuntura con un discurso vacío, especialmente con el punto de que, ahora, todos debemos cooperar para lograr algo que nadie alcanza a precisar. En lugar de aceptar su derrota y cambiar de política, Calderón busca que los otros partidos hagan lo que él quiere. Y algo más, busca que el PAN le salude como gran líder, a pesar del desastre electoral.

Cualquiera podría considerar que, en cuanto a la dirección formal del PAN, el nombramiento de quien fuera hasta hace poco secretario particular de Calderón es algo fuera de contexto, aunque algunos lo consideran aberrante. Que un secretario particular sea proyectado, casi inmediatamente después de haber dejado el puesto, como presidente del partido de gobierno es algo inaudito, pero ése no es el fondo del problema.

Los líderes de los partidos gobernantes son los gobernantes, pero cuando no hay reelección o cuando el líder no opta por ella, el liderazgo pasa a manos del próximo candidato. Así ocurre en casi todas las llamadas democracias avanzadas, las cuales no lo son tanto pero, al menos, sus sistemas políticos contienen menos hipocresía. En realidad, Calderón, quien no puede optar por presentarse de nuevo a una elección presidencial, debería dejar la dirección del PAN en manos de quien vaya a ser el líder de su partido en los próximos comicios o, por lo menos, de un verdadero dirigente aunque no fuera aspirante.

Sin embargo, en el momento actual, una decisión como ésa no la puede tomar el PAN, ni otro partido cualquiera, porque el sistema político mexicano funciona sobre la base del ladinismo, es decir, de la simulación, la hipocresía y la mentira. Nadie en el PAN puede tomar la palabra ahora mismo para decir que aspira a ser líder de su partido y próximo candidato. Y, por lo que se observa, nadie tampoco se atreve a competir por el puesto contra Calderón. Esto es así porque en Acción Nacional no hay líder de relevo; éste tendrá que salir de un proceso tortuoso cuando lo señalen los plazos de la ley electoral. En otras palabras, el PAN carece de liderazgo real fuera de Calderón y éste se quedará con la dirección del partido hasta que abandone Los Pinos. Así era el PRI.

Aquí llegamos a otra parte del problema. El viejo sistema político se reproduce a sí mismo con una increíble exactitud. No importó que Zedillo perdiera la elección de diputados de 1997, es decir, la mayoría absoluta de la Cámara, por primera vez en la historia del PRI. Tampoco importó mucho que Fox perdiera la elección del 2003. Sus respectivos partidos les siguieron apoyando como si nada hubiera ocurrido, sin criticarles en lo más mínimo y sin proponer nuevas políticas. El titular del Ejecutivo es quien manda, al menos en su propio partido. Calderón exige hoy, para seguir con esa nefasta tradición, que le mantengan en la dirección virtual del PAN y que, por tanto, su secretario particular asuma la presidencia formal del partido.

Los liderazgos de engaño, los hombres o mujeres de paja, las apariencias, no pueden ser base de una política de realidades descubiertas. Calderón ha dicho muchas veces que toda su vida adulta se la ha pasado buscando superar la vieja política y los vicios del pasado. En la realidad, él no hace más que reproducir lo que tantas veces ha dicho combatir.

jueves, julio 16, 2009

Izquierda en crisis

La izquierda electoral o parlamentaria está en crisis. Hablamos de una quinta parte de los electores habituales del país, cuyos dirigentes no han demostrado estar a la altura de una fuerza política y cultural de gran importancia histórica en México. La crisis no se ha ubicado en el plano del programa sino en el de la línea política, la propuesta concreta, la cual no asoma en la conducta y la proclama.

Toda línea política parte de definir las tareas del momento y la actitud hacia las fuerzas políticas adversarias. Durante la campaña electoral escuchamos dos discursos principales. La dirección oficial del partido trató vanamente de presentar una nueva imagen sin peleas internas y escándalos, pero no articuló un planteamiento político frente a los grandes temas de la economía y la política. Ni siquiera intentó poner sus temas en el debate nacional sencillamente porque éstos carecían de integralidad y congruencia. El mayor problema es lo que estaba atrás de ese discurso desarticulado: la definición de una izquierda de bajo perfil opositor y carencia de crítica global al sistema político y al grupo en el poder.

Por otro lado, López Obrador realizó una campaña de confrontación basada sólo en la denuncia del carácter oligárquico del poder en México. Las propuestas movilizadoras para hoy y aquí se escucharon por excepción, por lo que toda la gira de Andrés Manuel se caracterizó por la idea de que más vale tener pocos diputados confiables y combativos que muchos colaboracionistas con el poder, como si tales posibilidades fueran las únicas. Ir en pos de pocos legisladores era admitir la propia cualidad de pequeña minoría antes de la votación.

La ruptura en la izquierda se había expresado antes en una confrontación interna por la dirección del PRD pero la impronta de ésta se advirtió durante toda la temporada electoral. Como las líneas políticas en pugna no alcanzaron a definir las tareas políticas, tampoco dejaron un mensaje electoral preciso. Otra vez, la lucha interna se presentó como una riña, con el consecuente desánimo de muchos electores. La baja en la votación no puede ser negada por más y mejores cuentas que se quieran hacer.

Las expulsiones de quienes apoyaron o fueron candidatos de otros partidos no resolverían ningún problema relacionado con la unidad de la izquierda, cuestión vigente siempre, sino que agravarían la situación. Después de las expulsiones seguiría abierto con mayor presencia el tema de la unidad. Desde la derecha se quisiera ver a una izquierda fraccionada, atomizada, de tal manera que se pudiera abrir el campo al bipartidismo, perfecto estado político de la hegemonía conservadora. La tarea de dotar al PRD y a toda la izquierda electoral de una línea política a la altura de la realidad nacional y de los principios básicos de esta corriente está relacionada con la creación de una dirección concreta de portadores de tales objetivos. Pero, como ocurre a cada paso, es difícil resolver el problema con un golpe de mano y con una política de exclusiones como la que se ha querido aplicar desde diferentes y encontradas posiciones. De cualquier manera, la dirección del PRD debe cambiar aunque no sea en los próximos días.

La crisis de la izquierda no se va a resolver en una sola actuación ni con la reflexión en abstracto. Mucho menos con el discurso demagógico de la refundación. Para discutir no se requiere ningún pacto y eso es justamente lo más necesario para buscar acuerdos sobre la base del esclarecimiento de lo real. Hacer de la crisis una vuelta a la lucha de ideas es mejor camino que la estrategia de la división.

lunes, julio 06, 2009

Milagro en Iztapalapa

Se ha producido un milagro. Ha sido una resurrección. Una candidata sin registro por mandamiento judicial, es decir, electoralmente muerta, ha obtenido el triunfo a pesar de que su nombre estaba en la boleta pero marcarlo implicaba que se estaba votando por otra candidata, impuesta por un tribunal, y de que votar a favor de un tercer candidato de un partido distinto al de la candidata despojada del registro implicaba votar por Clara Brugada, al cabo vencedora de una elección que más bien parecía una comedia de equivocaciones.

Ha triunfado una candidata no registrada, con lo cual se demuestra que sí era la legítima candidata del partido mayoritario en Iztapalapa, a pesar de la prevaricación judicial y política. Al final, no obstante todas las sucias maniobras y de un monumental enredo producto de una confabulación, se expresó una mayoría ciudadana e hizo valer su voluntad política. Sí, un milagro en México. Preparémonos para hacer valer la decisión ciudadana.

jueves, julio 02, 2009

Resultado electoral 2009

Cualquiera que sea el resultado de las próxima elección federal, no se va a modificar la situación política. Los factores de la posible certeza de esta afirmación son los siguientes: a) si el PAN fuera el partido más votado, no alcanzaría la mayoría absoluta en la Cámara; b) si el PRI obtuviera más votos que los demás tampoco sería fácil que alcanzara la mayoría absoluta y, aunque la lograra, su debilidad en el Senado tendría que seguir siendo compensada sólo por su cercanía programática con el PAN; c) por consiguiente, la pugna por la Cámara no supone que quien alcance el mayor número de curules logre imprimir una nueva dirección política, tanto por falta de poder como por falta de voluntad.

Lo nuevo que podría ocurrir es un cambio en el esquema de ingreso-gasto como no lo quiere Calderón. Sin embargo, esto también es poco probable a juzgar por la política conservadora del PRI.

Este previsible escenario es probablemente el principal elemento del llamado a anular el voto. Como nada de lo que se derive de las elecciones va a tener alguna significación trascendente, entonces el voto nunca valió menos que ahora, desde 1997. Claro está que los anuladores no son siquiera una corriente de opinión política pues cuentan con un microprograma cuyos principales puntos están incluidos en la plataforma del PRD. El voto nulo será carencia de propuesta de cambio político en su modalidad de hartazgo, ciertamente justificado. Hay casi un millón de anuladores habituales, los cuales habrán de engrosar las filas de los nuevos pero los van a contar equivocadamente como si fueran de los mismos.

El partido que en realidad está en cuestión es el PRD. Y el factor principal que lo pone en esta tesitura es su fractura política, la cual no fue provocada por la elección pero coincidió con ésta. Pero, además, ninguna izquierda ha puesto sus temas en el debate electoral. Calderón se les ha adelantado con un enfoque falso: la lucha contra la delincuencia organizada, llamada crimen. No existe en el debate la crisis económica ni la forma de enfrentarla. Calderón ha logrado, más por equivocación de sus adversarios que por mérito propio, ubicar su tema en el centro de atención, con la completa complicidad de la mayoría de los medios informativos. Ni siquiera el desempleo galopante ha tenido una expresión fuerte, con lo cual parece que el país ya se olvidó de la principal oferta política de Calderón y su partido en el 2006.

El hecho cierto es que la izquierda electoral se encuentra fracturada, lo cual no es, por ahora, necesariamente un elemento negativo. La fractura misma tiene que madurar de tal manera que pueda producirse un cambio capaz de conducir a una acción constructiva. Por lo pronto, lo peor del contenido de las campañas de las izquierdas es que el PRD no quiso cambiar el discurso, no quiso plantear su propia propuesta política, la cual sería la mejor, sin duda, de todas cuantas podemos advertir en la ya casi cómica contienda electoral de 2009. Esto tendrá que ser asimilado como una lección.