El PRD en la encrucijada
El Partido de la Revolución Democrática parece querer anunciar una gran reforma o refundación que nadie acierta a llenar de contenido. Está en una encrucijada: despedazarse a sí mismo o dar nuevas bases para la unidad de la izquierda.
Jesús Ortega propone hacer un frente, el cual suele formarse con varios partidos y no con uno solo. Otros dirigentes no plantean de qué manera todo podría cambiar, por lo que una reforma sin propósitos llegará de seguro a ser justamente un despropósito.
No hay ninguna receta posible, pero en la búsqueda de una solución lo que queda muy claro es que la dirección actual, reflejo y producto de un partido que está enfermo, se encuentra enferma de los mismos males. Uno de ellos es la ausencia de organicidad y la abundancia de sectarismo. Desde hace años, casi nadie trabaja en el PRD a favor del PRD sino de su propio grupo, mediante el cual se realiza la actividad política. El sectarismo no puede ser superado por las sectas y los dirigentes actuales son los líderes de las sectas.
Otra enfermedad es la ausencia de una línea política. Parece que en el PRD la línea que cada quien aplica es la suya propia. Así es por lo general y de manera muy evidente entre quienes tienen cargos públicos. La política se basa en la improvisación, es decir, la falta de estudio y análisis, la ausencia de planes políticos y la casi nula elaboración de una propuesta al país.
Además, en muchos estados, el PRD dejó de ser oposición para convertirse en un grupo cortesano que realiza acuerdos vergonzosos con los gobernantes y se beneficia de las ventajas correspondientes.
Pocas veces la izquierda ha estado tan mal en México, pero los dirigentes quieren seguir en los puestos.
Para tomar el camino de la unidad en la encrucijada actual, el PRD debe romper con el sectarismo y crear acuerdos sobre una nueva propuesta política. Es aconsejable, por tanto, formar una dirección no sectaria y con suficiente claridad de la situación del país y las tareas de la izquierda.
El rompimiento del PRD sería el mejor regalo que se le puede brindar a las derechas. La intolerancia entre líderes y fuerzas políticas internas es la mejor manera de presentar, en resumen, un partido incapaz de hablarle al país. Ahora, algunos quieren expulsar a Andrés Manuel para seguir haciendo el juego al poder y a las derechas políticas, como si las decisiones administrativas pudieran abolir por decreto la realidad y los liderazgos.
En el PRD, la crítica se ha convertido en ataque superficial que sólo alimenta el amarillismo de los medios de comunicación y lanza al partido mismo al ridículo y la vergüenza. Esto se debe a que en las filas perredistas ya no hay discusión pues las sectas políticas no se caracterizan por la confrontación de ideas, como antes lo hacían las sectas ideológicas. Sí, las sectas del PRD carecen de principios, no elaboran ideas y sólo tienen intereses propios. Esto es lo que hay que superar sin convertir al partido en una secta ideológica. Mas esta tarea tiene ya tiempo de haberse enunciado e, incluso, aprobado por unanimidad. Sin embargo, quienes debían poner en práctica el acuerdo eran los mismos líderes de las sectas, despectivamente llamadas tribus por los medios de comunicación. ¿Sucederá otra vez lo mismo?
Jesús Ortega propone hacer un frente, el cual suele formarse con varios partidos y no con uno solo. Otros dirigentes no plantean de qué manera todo podría cambiar, por lo que una reforma sin propósitos llegará de seguro a ser justamente un despropósito.
No hay ninguna receta posible, pero en la búsqueda de una solución lo que queda muy claro es que la dirección actual, reflejo y producto de un partido que está enfermo, se encuentra enferma de los mismos males. Uno de ellos es la ausencia de organicidad y la abundancia de sectarismo. Desde hace años, casi nadie trabaja en el PRD a favor del PRD sino de su propio grupo, mediante el cual se realiza la actividad política. El sectarismo no puede ser superado por las sectas y los dirigentes actuales son los líderes de las sectas.
Otra enfermedad es la ausencia de una línea política. Parece que en el PRD la línea que cada quien aplica es la suya propia. Así es por lo general y de manera muy evidente entre quienes tienen cargos públicos. La política se basa en la improvisación, es decir, la falta de estudio y análisis, la ausencia de planes políticos y la casi nula elaboración de una propuesta al país.
Además, en muchos estados, el PRD dejó de ser oposición para convertirse en un grupo cortesano que realiza acuerdos vergonzosos con los gobernantes y se beneficia de las ventajas correspondientes.
Pocas veces la izquierda ha estado tan mal en México, pero los dirigentes quieren seguir en los puestos.
Para tomar el camino de la unidad en la encrucijada actual, el PRD debe romper con el sectarismo y crear acuerdos sobre una nueva propuesta política. Es aconsejable, por tanto, formar una dirección no sectaria y con suficiente claridad de la situación del país y las tareas de la izquierda.
El rompimiento del PRD sería el mejor regalo que se le puede brindar a las derechas. La intolerancia entre líderes y fuerzas políticas internas es la mejor manera de presentar, en resumen, un partido incapaz de hablarle al país. Ahora, algunos quieren expulsar a Andrés Manuel para seguir haciendo el juego al poder y a las derechas políticas, como si las decisiones administrativas pudieran abolir por decreto la realidad y los liderazgos.
En el PRD, la crítica se ha convertido en ataque superficial que sólo alimenta el amarillismo de los medios de comunicación y lanza al partido mismo al ridículo y la vergüenza. Esto se debe a que en las filas perredistas ya no hay discusión pues las sectas políticas no se caracterizan por la confrontación de ideas, como antes lo hacían las sectas ideológicas. Sí, las sectas del PRD carecen de principios, no elaboran ideas y sólo tienen intereses propios. Esto es lo que hay que superar sin convertir al partido en una secta ideológica. Mas esta tarea tiene ya tiempo de haberse enunciado e, incluso, aprobado por unanimidad. Sin embargo, quienes debían poner en práctica el acuerdo eran los mismos líderes de las sectas, despectivamente llamadas tribus por los medios de comunicación. ¿Sucederá otra vez lo mismo?