jueves, mayo 28, 2009

Michoacán frente a la Constitución

Mi pésame e indignación por el asesinato de Eliseo Barrón

Cuando la autoridad encargada de perseguir a los presuntos delincuentes viola la norma se convierte en delincuente, de tal manera que todo se reduce a la confrontación entre personas y poderes que operan fuera de la ley. Es la negación del Estado de derecho. Esto es lo que recién ocurrió en Michoacán.

Pocos se atreven a decirlo porque no desean que se les acuse de proteger a los narcos y a sus agentes a sueldo, pero tal actitud es errónea porque alimenta el Estado de policía, el cual es contrario al Estado de las libertades.

Dice la Constitución (artículo 16) en un texto de reciente factura que sólo en casos urgentes, ante el riesgo fundado de evasión, “siempre y cuando no se pueda ocurrir ante la autoridad judicial por razón de la hora, lugar o circunstancia”, el Ministerio Público podrá “bajo su responsabilidad” ordenar la detención de una persona. Una averiguación que según la PGR lleva seis meses no puede conducir a un acto urgente. No había el menor peligro de evasión ya que los servidores públicos desconocían todo, como tampoco era difícil tener acceso a un juez federal para solicitar las órdenes de aprehensión como la Constitución manda.

Pero en Michoacán no hubo órdenes de aprehensión y sigue sin haberlas, sino órdenes de presentación que sólo se ejecutan por la fuerza cuando la persona no se presenta ante el Ministerio Público después de dos citatorios, los cuales no fueron enviados a nadie.

Si se trató de detenciones, éstas se realizaron en contra de la Constitución. Si se trató de órdenes de presentación, éstas se realizaron en contra de la ley.

En cuanto al cateo y aprehensión en el Palacio de Gobierno, ésa también fue inconstitucional debido a que sólo un juez lo puede ordenar, según el renovado pero ya maltrecho artículo 16 de la Carta Magna.

La PGR ha mantenido presos a los “presentados” durante tres días, lo cual está prohibido. El Ministerio Público sólo puede retener a un indiciado (aprehendido en flagrancia o con orden, lo que no fue el caso) durante 48 horas y el doble de tiempo cuando se trate de delincuencia organizada, pero los presentados no fueron informados (tampoco la opinión pública) de los delitos de los que se les acusa, justamente porque no fueron legalmente detenidos, no son indiciados. ¡La PGR dictó la retención 48 horas después de haberlos retenido!

Tampoco estamos bajo la figura de arraigo, pues ésta sólo la puede autorizar un juez, lo que al parecer ocurrirá pero después de que la PGR haya aplastado la Constitución.

La prensa ha dado por culpables a los presentados, detenidos y retenidos –secuestrados, mejor dicho—y tal vez lo sean, pero también son personas que viven bajo la protección de garantías constitucionales y sus derechos deben ser respetados, así sean los peores delincuentes del país.

En el “operativo” Michoacán, Calderón movilizó a la PFP, a la AFI y al Ejército. Nadie puso resistencia, así los del PAN como los priistas y los perredistas, no se produjo el menor incidente. ¿Para qué llevar a las tropas y movilizar a centenares de efectivos?

No puedo sumarme a ese jurado popular (los medios de comunicación) que ya dictó su veredicto condenatorio pero perdonó al gobierno que violó la Constitución. Así surge el Estado de policía y se entierra el Estado de derecho.

jueves, mayo 21, 2009

¿Recesión?

Para el gobierno mexicano sólo existe un problema de finanzas públicas y no uno de carácter económico. No hay recesión. Hay falta de ingresos públicos. Para los financistas de Hacienda (ya no hay economistas en el gobierno), la recesión tiene su parte mala en que recorta los ingresos fiscales. La economía no existe.

A partir de una visita que se dignó hacer al Senado el secretario de Hacienda el año pasado, se ha discutido en el Congreso el tamaño que tendrá la disminución de la producción, aunque entonces Carstens aún sostenía con necedad que no habría recesión sino sólo una desaceleración del ritmo del crecimiento, el catarro. Nadie le creyó; todos sabíamos que la recesión venía, es más, ya estaba en curso.

¿Qué ha hecho el gobierno frente a este fenómeno? Concesiones a algunos grupos empresariales y aumento de la masa dineraria disponible para financiamientos. El gobierno ha tomado algunas decisiones, llamadas contracíclicas, las cuales no han servido para nada verdaderamente útil.

Cuando presenté el proyecto para invertir 400 mil millones de pesos adicionales en infraestructura productiva en 2009 y otro tanto en 2010, el gobierno guardó silencio y sólo algunos legisladores del PAN y del PRI dijeron que tal vez no era una mala idea, pero no movieron un dedo. La creación de un fondo nacional de inversiones productivas sería lo más lógico. Si los capitalistas privados no invierten porque el campo de las inversiones se ha estrechado, es obligado que el Estado sustituya la falta de inversión privada con inversión pública.

Ahora, Carstens nos dice que los ingresos federales tienen un boquete de 300 mil millones pero que él lo puede cubrir este año con sus guardaditos. ¿Quién le ha autorizado al gobierno a tener guardaditos? Nadie, con excepción del fondo de estabilización de los precios del petróleo, el cual se lo va a acabar Calderón en gasto corriente, es decir, principalmente en cubrir sueldos pues ni para eso le alcanza lo que está recaudando Hacienda. Otra vez, el petróleo sirve para gasto improductivo. El problema, sin embargo, será mayor en 2010, puesto que ya no habrá guardaditos.

Si desde febrero se hubiera empezado con un plan de inversiones públicas, la recesión no hubiera sido la misma y no lo sería el resto del año y el próximo. Sí existen proyectos que están listos para recibir el dinero. Pregunten en cualquier entidad federativa y tendrán centenares de respuestas. Pero Calderón piensa que ampliar el déficit gubernamental es malo de por sí: sencillamente no piensa, actúa con reflejos condicionados por los dogmas de su partido.

Muchos gobiernos lo están haciendo. Obama hace cuatro cosas: invierte capital en empresas quebradas, aumenta la inversión pública y el gasto social, disminuye gastos innecesarios y cobra bien los impuestos a los ricos que son especialistas en eludirlos. ¿No podría en México intentarse un programa tan sencillo y lógico como ése? Calderón dice que no, que prefiere dar a algunos empresarios apoyos que se van a disolver en nada, antes de dar su brazo a torcer pero, si no logra más impuestos para 2010, tendrá que recurrir al déficit para gastárselo en su sueldo. Por lo pronto, la recesión no existe… para el gobierno. ¿Dónde está, entonces, el problema?

jueves, mayo 14, 2009

Partida secreta

En sus seis años de gobierno, Miguel de la Madrid erogó 408 millones 272 mil 781 dólares, al tipo de cambio promedio de cada año. Entre 1989 y 1994, sexenio de Carlos Salinas, éste dispuso de 854 millones 670 mil 645 dólares. Ambas cantidades corresponden a la partida secreta. Según la Constitución, las partidas secretas autorizadas por la Cámara deben ser ejercidas por los secretarios de Estado, con la firma del presidente de la República. Pero, en la realidad, las partidas secretas fueron erogadas desde Los Pinos, bajo decisión exclusiva del llamado jefe del Ejecutivo: la chequera del presidente en turno.

Las cantidades arriba señaladas son poca cosa si analizamos las inmensas sumas administradas de manera personal por De la Madrid y Salinas (también sus antecesores y sucesores, por cierto). El primero dispuso de 3 mil 609 millones 318 mil 294 dólares en sus seis años de gobierno. El segundo llegó a mucho más: 9 mil 944 millones 766 mil 137 dólares, durante su sexenio. Estas cantidades corresponden al dinero erogado directamente desde el ramo 23 del presupuesto de egresos, sin trasladarlo a ninguna secretaría de Estado. Además de la partida secreta, pero también dentro del ramo 23, había muchas “erogaciones especiales”, más secretas que aquella. Bajo Salinas, éstas ascendieron a la ruidosa cantidad de mil 567.27 millones de dólares. En adición a lo anterior, en el último año de gobierno de Salinas, 1994, éste repartió 746.2 millones de dólares entre sus empleados (“colaboradores”), bajo el rubro de “bonos de productividad y cumplimiento laboral”, pero jamás se ha sabido cuánto le correspondió a cada quien, quizá un millón de dólares a los más cercanos, según infidencias, extemporáneas naturalmente.

Miguel de la Madrid no está demente. Lo que dijo, lo dijo. Y él sabe porqué. También sabe porqué se retractó de la manera más vergonzosa. Pero al señalar a Salinas, se señaló a sí mismo, aunque no se ha denunciado alguna cantidad directamente entregada a sus familiares, como es el caso de uno de los procesos penales contra Raúl Salinas.

La caja negra del presupuesto, el ramo 23, fue durante muchos sexenios el instrumento presidencial más importante para asignar recursos sin autorizaciones legislativas, con la sola firma del secretario de Hacienda (durante un tiempo, del de Programación y Presupuesto), bajo órdenes del presidente de la República. La partida secreta era una pequeñez, aunque por lo visto bastante apetitosa para los presidentes.

¿Cómo funciona ahora ese sistema? La Cámara de Diputados no autoriza gastos contingentes o erogaciones especiales, pero el secretario de Hacienda sí lo hace. El gobierno tiene dos instrumentos: los ingresos no presupuestados y los remanentes no declarados del ejercicio del año anterior, los llamados “guardaditos” de Hacienda. Desde ahí, el jefe del Ejecutivo dispone de recursos sin autorizaciones legislativas y lo hace con entera discrecionalidad. Hoy existen mayores recursos públicos fuera de control que en los tiempos del PRI. Tampoco sabemos cuántos fideicomisos existen y a cuánto ascienden los fondos.

Dice la Constitución que “no podrá hacerse pago alguno que no esté comprendido en el presupuesto o determinado por ley posterior”. Pero esta letra muerta sigue igual que cuando la mataron.

lunes, mayo 11, 2009

La epidemia en la política

La polìtica ha sido vìctima de la epidemia de gripa, aunque ésta es nueva y aquélla sigue siendo de la vieja. Felipe Calderón ha llegado al colmo del mal gusto cuando afirma que México ha salido en defensa de la humanidad y, después, ha acusado al gobierno de Haití de rehusar la ayuda por miedo al contagio. La influenza nueva es un fenómeno internacional que por causas que ya saldrán a la luz afectó a México con fuerza y puso en tesión a casi toda la nación, pero eso no convierte a nuestro país en una especie de prócer de la humanidad cuando aquí hemos tenido una alta mortalidad que no se ha visto en ninguna otra parte. Así también, Calderón no se imagina lo que es vivir en Haití ni se tienta la banda tricolor cuando afirma con total desprecio y aire de superioridad que en el país antillano no tienen qué comer y desprecian la ayuda en alimentos. Para el pueblo haitiano, una epidemia de gripa nueva sería una catàstrofe de grandes dimensiones pues en ese país casi no existen servicios médicos y escasea toda clase de medicamentos, además de alguna mínima información sobre contagios virales.

El gobierno mexicano se ha declarado ofendido pero ofende. Y lo hace de diversas formas. Ante las ofensas de las autoridades chinas contra más de un centenar de turistas mexicanos, la cancillerìa de México entró en cólera e, incluso, envió un avión a China para repatriar a aquellos nacionales víctimas del peor trato sanitario, aunque eso no es xenofobia, pero tal rescate nos llevó a recordar la reclusión en peores condiciones de centenares de miles de emigrantes mexicanos en Estados Unidos sin que nadie les envíe, ya no digamos un jet, sino cualquier otro medio de transporte.

El patrioterismo mexicano no tuvo igual en el incidente de China, con bandera en la puerta del avión y todo lo demás, lo cual carecería de significado si no fuera por la falta de asistencia mexicana a los braceros detenidos y retenidos, y al pésimo trato que le dan las autoridades mexicanas a los emigrantes de Centroamérica.

Resulta que los polìticos panistas se presentan desde el gobierno como salvadores o algo asì, tanto de México como de la humanidad. Pero no nos han dicho el motivo de la mortandad mexicana de un virus que si bien es nuevo no deja ser una gripa. Asì como en Haitì no parece haber epidemiólogos, en Mèxico no tenìamos ni un laboratorio equipado para hacer las pruebas sobre algo nuevo y las muestras tuvieron que ser enviadas, con demora, al extranjero. La alarma epidemiológica mexicana funciona, pero lo que andaba del todo mal era el equipo, es decir, éste no existía. En cuanto a las decisiones de control sanitario, el gobierno también tuvo un fracaso, pues muchos establecimientos no le hicieron el menor caso cuando se decretó suspensión de actividades durante el puente del primero al cinco de mayo. Al parecer, muchos negociantes tienen mayores preocupaciones por su caja que por la salud de sus obreros y empleados. Pero el gobierno aquí sí fue blandengue. Se llegó al absurdo de que en el Distrito Federal estaban cerrados los restaurantes y diez centímetros al lado, en el Estado de México, permanecían abiertos, ante lo cual Calderón no dijo una palabra para no entrar en discusiones pero tampoco hizo nada para lograr una sola política ante la alarma.

Se dice que la gripa nueva volverá y que, por tanto, seguiremos en la nueva guerra, ahora ya no sólo contra el narcotráfico sino también contra un virus de procedencia desconocida. Cualquiera sabe que la sanidad mexicana es mala y que es necesario reformarla con gripe nueva o sin ella. Sin embargo, eso no es lo que nos dice el gobierno, sino que estamos en nueva guerra y el comandante en jefe es el general Felipe Calderón. ¿Qué necesidad tiene México de una política con la que se quiere grillar a todo un país a partir de una epidemia? Los políticos que así obran muestran su corrientez pero lo peor es que muchos les creen.