A(H1/N1): pobreza y globalización
La zona metropolitana de la cuenca de México se parece a la ciudad monacal que fue en el siglo XVII. No hay casi nada qué hacer más que trabajar, rezar y pasear por los jardines. La causa de hoy es A(H1/N1), mutado y remutado, trasladado de humanos a cerdos, con alguna intervención de pollos, y vuelto a humanos para crear muerte y miedo. ¿Por qué muere gente de gripa? Esta es la pregunta pertinente, a diferencia de ¿por qué muere de influenza porcina, ahora renombrada como humana?
Ha sido evidente en estos días que en México hay decesos y que casi no los hay en Estados Unidos (un solo caso hasta ahora en la frontera). No sabemos cuántos han muerto de influenza porcina pero sabemos cuántos han muerto de influenza cualquiera. Por más nueva que sea la A(H1/N1), no deja de ser una gripa. Muertos de cualquier manera, tenemos demasiados muertos y eso no lo explican las autoridades de salud.
Antes de saber que había un nuevo virus, la prensa mexicana interrogó al secretario de Salud sobre los decesos. La respuesta fue simple: es la prolongación de la gripa invernal, pero no se nos dijo por qué tantos muertos de influenza. Sin embargo, al día siguiente llegaron los primeros resultados de las pruebas enviadas a Atlanta y Winnipeg, ante lo cual el gobierno federal cerró las escuelas y decretó el uso del hoy tan cotidiano cubreboca. Aquí tenemos un gran problema: los enfermos de gripa son manejados mal, con fármacos sintomáticos y sin poder averiguar su padecimiento específico. Mueren casi un millón de ellos al año. ¿En dónde? Principalmente en el antes llamado Tercer Mundo. Causa de la muerte: “complicaciones respiratorias”. Pero existen los medicamentos que retrasan la acción de los virus en el organismo, dando tiempo así a la superación del ciclo viral. El problema es que tales medicinas son muy caras, están monopolizadas por unas cuantas trasnacionales que realizan fabulosos negocios con el apoyo entusiasta de casi todos los gobiernos.
No disponemos de los medicamentos mientras que casi todos los enfermos de gripa se auto medican con remedios sintomáticos que sirven de muy poco pero que también son un magnífico negocio de las trasnacionales y se anuncian, claro, en la TV. El gobierno mexicano se ha negado a crear una farmacéutica que produzca las medicinas necesarias a precios accesibles para el sector salud y para cualquier persona. La alerta epidemiológica sería el mejor momento para nacionalizar las patentes trasnacionales de lo que necesitamos y no tenemos.
Además, México ha carecido de un laboratorio para analizar sistemáticamente las muestras de personas y animales con enfermedades infecciosas nuevas. Se puede saber de momento que se trata de una gripa del tipo A, pero no se puede saber nada más. Es así que, ante los decesos sospechosos, el gobierno tardó mucho en tener noticias de que había un nuevo virus en circulación. Apenas ayer llegó al país el equipo tan necesario y, naturalmente, acudió a inaugurarlo Felipe Calderón.
En realidad, nuestros muertos de gripa son productos de la mala política de salud y el monopolismo farmacéutico trasnacional que deja cadáveres regados por casi todo el mundo (véase la terrible situación de millones de enfermos de sida). Mas hay otro problema: la forma de la producción pecuaria, también globalizada, la cual crea incubadoras de virus mutados.
Ha sido evidente en estos días que en México hay decesos y que casi no los hay en Estados Unidos (un solo caso hasta ahora en la frontera). No sabemos cuántos han muerto de influenza porcina pero sabemos cuántos han muerto de influenza cualquiera. Por más nueva que sea la A(H1/N1), no deja de ser una gripa. Muertos de cualquier manera, tenemos demasiados muertos y eso no lo explican las autoridades de salud.
Antes de saber que había un nuevo virus, la prensa mexicana interrogó al secretario de Salud sobre los decesos. La respuesta fue simple: es la prolongación de la gripa invernal, pero no se nos dijo por qué tantos muertos de influenza. Sin embargo, al día siguiente llegaron los primeros resultados de las pruebas enviadas a Atlanta y Winnipeg, ante lo cual el gobierno federal cerró las escuelas y decretó el uso del hoy tan cotidiano cubreboca. Aquí tenemos un gran problema: los enfermos de gripa son manejados mal, con fármacos sintomáticos y sin poder averiguar su padecimiento específico. Mueren casi un millón de ellos al año. ¿En dónde? Principalmente en el antes llamado Tercer Mundo. Causa de la muerte: “complicaciones respiratorias”. Pero existen los medicamentos que retrasan la acción de los virus en el organismo, dando tiempo así a la superación del ciclo viral. El problema es que tales medicinas son muy caras, están monopolizadas por unas cuantas trasnacionales que realizan fabulosos negocios con el apoyo entusiasta de casi todos los gobiernos.
No disponemos de los medicamentos mientras que casi todos los enfermos de gripa se auto medican con remedios sintomáticos que sirven de muy poco pero que también son un magnífico negocio de las trasnacionales y se anuncian, claro, en la TV. El gobierno mexicano se ha negado a crear una farmacéutica que produzca las medicinas necesarias a precios accesibles para el sector salud y para cualquier persona. La alerta epidemiológica sería el mejor momento para nacionalizar las patentes trasnacionales de lo que necesitamos y no tenemos.
Además, México ha carecido de un laboratorio para analizar sistemáticamente las muestras de personas y animales con enfermedades infecciosas nuevas. Se puede saber de momento que se trata de una gripa del tipo A, pero no se puede saber nada más. Es así que, ante los decesos sospechosos, el gobierno tardó mucho en tener noticias de que había un nuevo virus en circulación. Apenas ayer llegó al país el equipo tan necesario y, naturalmente, acudió a inaugurarlo Felipe Calderón.
En realidad, nuestros muertos de gripa son productos de la mala política de salud y el monopolismo farmacéutico trasnacional que deja cadáveres regados por casi todo el mundo (véase la terrible situación de millones de enfermos de sida). Mas hay otro problema: la forma de la producción pecuaria, también globalizada, la cual crea incubadoras de virus mutados.