martes, enero 27, 2009

Horror al déficit

Es imposible evitar una mayor disminución del producto, defender el ingreso popular e impedir un desempleo galopante sin incrementar el gasto público en inversiones productivas. Esto lo sabe Barack Obama y, por ello, propone un bono de 850 mil millones de dólares (casi doce millones de millones de pesos), la mayor parte de déficit público adicional, además del rescate financiero por 700 mil millones de dólares ya autorizado por el Congreso de Estados Unidos.

En México, Calderón no propone nada al Congreso. Nomás anuncia que el gobierno gastará 50 por ciento más en el primer semestre que lo erogado en el mismo lapso del 2008, lo cual no afecta el gasto total anual ni será muy difícil lograrlo ya que en los primeros seis meses del año pasado el gobierno casi no erogó nada más allá de pagos corrientes e intereses de la deuda.

Nadie parece estar en México satisfecho con los anuncios de Calderón. Casi todos quisieran un mayor gasto de inversión, lo cual sólo se puede obtener, ahora mismo, de dos formas: abatir el gasto innecesario del gobierno y aumentar el déficit público. Lo mejor sería hacerlo a través de ambos instrumentos. Pero Calderón no quiere ni hablar del asunto. Así no se puede ir a ninguna parte.

El otro problema, ligado al anterior, es el de la disminución de los impuestos al ingreso. La mayoría de la gente no saldría beneficiada porque ni siquiera paga tasas reales. A la clase media podría beneficiar y, sobre todo, a los capitalistas, mas tal rebaja llevaría por fuerza a un mayor endeudamiento pero sin más obra pública que pudiera proyectar sus efectos en el conjunto de la economía.

En 2009 no se alcanzará la meta de ingresos federales prevista en la ley. ¿Qué hará Calderón? De seguro que va a aumentar el déficit. Pero hoy no lo hace. Se espera a que la baja recaudación se lo imponga para sostener su enorme gasto corriente. Entonces vamos a tener más deuda pública sólo para pagar sueldos: esto no lo permite la Constitución. Mientras tanto, el gobierno se niega a elaborar nuevos proyectos para disparar la inversión pública como tendría que hacerlo todo líder político con una mínima visión de la realidad.

No es lo mismo enfrentar una recesión mundial desde el 7 por ciento de crecimiento que desde el dos, como lo está haciendo México. Se espera, por ejemplo, que la economía brasileña crezca dos puntos y que la mexicana decrezca al menos un punto. Por esto, nuestro país tiene que recurrir a inversiones anticipadas, urgentes, productivas y crecientes.

Pero además existe otro problema: los salarios. Si éstos siguen bajando en términos reales, la industria que produce principalmente para los asalariados y que está reduciendo sus ventas al exterior, se verá en mayores problemas. El gobierno de Calderón ha decidido bajar los salarios reales y, de esa manera, atizar la recesión y el consecuente desempleo.

Así, quien se presentó como el candidato del empleo se ha convertido en el gobernante del desempleo. Dicen los panistas que la crisis no es culpa de Calderón pues ésta llegó de fuera, pero lo que callan es que los autores de la crisis están respondiendo mejor, aunque tampoco sea suficiente. Además, eso de que la crisis vino de Estados Unidos es una verdad a medias: el estancamiento en el que estaba la economía mexicana es un factor interno de esa misma crisis. Ya no se habla del catarro sino de las consecuencias de la pulmonía.

jueves, enero 22, 2009

Bertone y el Estado laico

El secretario de Estado del Vaticano, cardenal Tarcisio Bertone, cantó victoria en el teatro de la República, en Querétaro, santuario --dijo-- del Estado laico mexicano. Pero casi todas las prohibiciones a las que fue sometido el clero en 1917 desaparecieron hace algún tiempo. Bertone se equivoca. Aquellas prohibiciones fueron represalias contra el clero católico pero no eran la esencia del laicismo mexicano.

El Estado laico en México surgió de la necesidad de secularizar la gran propiedad de la tierra, de hacerla parte del mercado. La gran expropiación liberal de las tierras del clero –monasterios incluidos aun sin tanta necesidad y con algunos desastres—fue el rompimiento de una de las tres garantías de la consumación de la independencia: la de religión. El Estado dejó de asumir cualquier creencia religiosa y de proteger corporaciones eclesiales, pero nunca instituyó enemistad alguna. No se produjo ningún problema religioso propiamente dicho. El laicismo en México, criticado con burla por Bertone, es el acierto mayor del Estado mexicano.

Los liberales decimonónicos no arrebataron a los sacerdotes el derecho al voto activo, el cual ni siquiera tenía entonces alguna relevancia, sino las tierras y los inmuebles urbanos: el poder económico del clero.

La jerarquía católica en México siempre estuvo de parte de los oligarcas: la colonia española, la monarquía de Iturbide, las castas conservadoras, el imperio de Maximiliano, los latifundistas del porfiriato. Todos los derrotados en la historia tuvieron de su lado al alto clero católico. De ahí la distancia entre el pueblo y su sacerdocio y de ahí la profundidad del laicismo mexicano.

Los radicales de la Revolución le pasaron la factura a un clero reaccionario, defensor de privilegios y opresiones, lo cual no justifica que los sacerdotes hayan sido privados de sus derechos ciudadanos. El tapabocas político al que fue sometido el clero católico no es el Estado laico sino una represalia por todas las que debían los jerarcas de esa iglesia.

Hoy, Bertone quiere el desquite. Pero, ¿cuál? ¿Busca los derechos políticos de los sacerdotes? No. ¿Acaso quiere un acercamiento entre la jerarquía católica y el pueblo mexicano? No. Quiere aquello anhelado durante tanto tiempo: la escuela pública. Pero ¿para qué? Si hasta hoy la mayoría del clero católico en México –su alta jerarquía—ha combatido o ha dado la espalda a todas las causas nacionales y populares, el futuro que nos plantea Bertone es más de lo mismo: pueblo y clero viven de espaldas uno con el otro y a los curas reaccionarios sólo les queda el recurso del fanatismo religioso, el cual empobrece y envilece a la iglesia misma. La teología de la liberación fue perseguida –poco a poco—por nuestros jerarcas católicos con el apoyo de Roma. Los curas revoltosos fueron discriminados dentro de la gran iglesia, la cual les hacía la vida difícil a Méndez Arceo, Samuel Ruiz, Lona y otros, portavoces de lo mejor del Concilio Vaticano II, enemigos del fanatismo, líderes populares comprometidos con su gente y su tiempo: esa es otra iglesia.

En México, la educación pública es para todos, sin importar la religión de los alumnos, entre quienes no tiene porqué haber diferencia religiosa alguna. En nuestras escuelas públicas no se discuten temas religiosos ni se distinguen los creyentes de los no creyentes, los católicos de los evangélicos, etcétera. ¿Se quiere que esto acabe? ¿Para qué?

Hoy, la iglesia puede abrir sus propias escuelas de doctrina católica. ¿Tendría el Estado que volver a proteger a ese alto clero que jamás ha tenido compromiso alguno con la nación y el pueblo? Es ya mucho que se encuentre indebidamente exento del pago de impuestos.

viernes, enero 16, 2009

Gaza cuestionada

Hay que responder a los cuestionamientos contra Gaza. Algunos escritores han dicho que mientras en Israel existen palestinos en el parlamento, en el de Palestina no hay judíos –llamémoslos así para evitar otras discusiones--, lo cual indica que en Israel hay democracia y en Palestina no la hay. Pero fingen ignorar que en Palestina casi no hay judíos. El escollo es que en la Palestinía –como se dice en árabe—un grupo fundamentalista islámico ganó las elecciones, mientras que –naturalmente-- el partido laico, Fatah, las perdió. Esta situación haría condenable el voto palestino y, al mismo tiempo, haría legítimo el voto israelí, aunque no se explica por qué.

El Estado de Israel es hebreo porque lo dice su propia ley fundamental. Los laicos israelíes pueden ser mayoría pero tienen, de todas formas, un lazo de unión en la religión hebrea, lo que no es de suyo condenable, como tampoco puede serlo el hecho cierto de que la mayoría de los palestinos son musulmanes.

El problema no es religioso. El problema es la dominación de un grupo sobre otro. Los israelíes tienen todo el derecho de ser un pueblo pero los palestinos también lo tienen. Este es el problema de fondo, más allá de Jehová y de Alá, de Moisés y de Mahoma. Los palestinos –musulmanes, cristianos y ateos-- tienen el derecho a su autodeterminación, la cual ha sido negada reiteradamente por Israel. Según la ONU deberían existir dos Estados: Israel y Palestina, pero sólo existe uno, Israel. Este es un problema, más allá de Hamas y Fatah.

Dicen los que no saben y los que sí saben, pero mienten, que los ataques de Hamas son contra todos los israelíes mientras que las víctimas civiles de los ataques de Israel son por error. Pues bien, los errores son mayores que los aciertos: hay más civiles que militares muertos y heridos bajo el fuego israelí en Gaza, lo que demuestra la mentira. Los niños destrozados ahí están, ¿por error? Son demasiados para una idiotez.

Es verdad que Hamas bombardea asentamientos llamados judíos, pero el problema inicial no estriba en el bombardeo sino en la existencia ilegal de tales asentamientos. Los territorios ocupados no pueden ser considerados bajo la soberanía del Estado de Israel. ¿La resistencia en Europa a la ocupación nazi era ilegítima, ilegal, fundamentalista, odiosa, criminal?

El pueblo palestino existe a pesar de los articulistas que culpan a Hamas del sufrimiento de ese mismo pueblo. Antes de que se fundara Hamas las cosas no eran diferentes sino tal vez peores. Como ignoran la historia y en realidad no reconocen al pueblo de Palestina y su derecho a la autodeterminación, tales escritores atacan el fundamentalismo de Hamas como si de esa forma se pudiera resolver el problema del oriente cercano.

¿Se acuerdan de la OLP? Se decía que todos sus integrantes eran terroristas. Hoy, la Autoridad Nacional Palestina tiene una línea diferente a la que asumió en su fundación la OLP. Un poco de poder y algunos dólares sumió a Fatah en la corrupción, mientras Hamas, nuevo partido, le ganó las elecciones parlamentarias, lo cual no está bien ni está mal sino que realmente así ocurrió. Gaza ya era una ciudad sitiada por Israel y Egipto desde antes de las elecciones y, ahora, sigue igual pero, además, bajo el fuego directo de Israel, como lo fue en otras muchas ocasiones cuando existía la administración y liderazgo del héroe nacional palestino Arafat.

El problema no es la religión, como piensan los ignorantes de la historia y de la vida real, sino unas relaciones de dominación que no pueden ser aceptadas por quienes no están de acuerdo con tal brutalidad.

miércoles, enero 07, 2009

El mundo llora por Gaza

Gaza sufre una conspiración en su contra. Todas las potencias están unidas contra esa sacrificada ciudad de refugiados en su propio país. Tres horas al día es la tregua concedida por Israel sólo para evadir críticas y condenas. Nada se ha salvado del fuego israelí, aun escuelas bajo la bandera de la ONU. El mundo llora: nadie puede hacer nada excepto los agresores.

Los países árabes son tan culpables como Washington. Nadie puede levantar la voz frente a Israel, país sin gobierno, regido por un ejército que asume todas las decisiones con la más amplia libertad de fuego.

El objetivo es la derrota de Hamas y de su absoluta intolerancia al poblamiento israelí de terrenos palestinos. Pero Hamas triunfó en las elecciones realizadas en enero de 2006 sin que pudiera instalar su propio gobierno en toda Palestina. La derrota de Fatah –por su corrupción y debilidad como partido oficial—no puede ser admitido por Abbas ni por Olmet, por Bush ni por Putin, por Mubarak ni por Sarkozy: por casi nadie. El Plan Para un Alto al Fuego es el plan de capitulación de Hamas bajo intenso fuego israelí. Aquí la democracia no es algo que tenga que ver. Los sedicentes demócratas no admiten el sentido del voto público cuando éste no es como ellos lo quieren.

El fundamentalismo de Hamas no es el problema mayor sino su belicismo en contra de los asentamientos ilegales de israelitas y sus proyectiles lanzados de cuando en cuando para recordar esa parte del conflicto. Esos proyectiles son el gran trofeo de Israel, su permiso para realizar un genocidio en Gaza, ciudad doblemente rebelde: contra Fatah y contra Israel. Mientras, las potencias no detienen a Israel en su política de colonización de más territorios la cual es causa directa del lanzamiento de misiles desde Gaza. Los hechos, por desgracia, fortalecen la tesis palestina de que en realidad el Estado Hebreo carece de un compromiso con la paz y sólo busca la victoria.

La tregua vendrá después de cientos de muertos y miles de heridos, pero la política de Israel no sufrirá cambios. La ONU no existe. Sólo tenemos el militarismo israelí, el cual saldrá triunfante, pero no solamente sobre la rebelión de Hamas, el vetusto gobierno de Mahmoud Abbas y el provisional de Ehud Olmert, sino sobre las potencias mundiales que se niegan al menos a imponer límites al genocidio.

Es la fuerza y su uso desproporcionado el lenguaje que se le permite hablar al ejército de Israel. Frente a éste, las brigadas de Al Kasam carecen en realidad de capacidad de respuesta mientras que sus cohetes pueden hacer muy poco daño y sus proclamas tienen mucho de sufrimiento pero casi nada de política.

El mundo llora a Gaza con sus niños despedazados. Llora también por no haber podido hacer nada para impedir el genocidio. Llora por no poder hacer ahora nada para detenerlo. Sólo los agresores pueden silenciar sus propios misiles. Si las cosas siguen igual, ese mismo mundo seguirá llorando de rabia por no poder hacer absolutamente nada para impedir que Gaza se repita.

jueves, enero 01, 2009

Congreso fracturado

Bajo un sistema de partidos, las divergencias entre cámaras suelen ser menores. En México, sin embargo, suelen ser mayores. Existen más de cien proyectos de la Cámara de Diputados en el Senado y otro tanto de este último en aquélla. Algunos de ellos son de suma importancia. Sin embargo, no se produce casi nunca una discusión formal y sistemática entre las cámaras del Congreso.

Un ejemplo de lo anterior es el proyecto de reforma constitucional sobre los sueldos de los servidores públicos de todo el país. Es evidente que el Estado no puede funcionar sin una regulación ya que hemos visto que los ayuntamientos –todos son pobres—deciden los sueldos de los integrantes sin más regla que un acuerdo. Hay muchas otras instituciones en las que sus miembros se asignan el sueldo que quieren.

El proyecto para regular los sueldos no sólo define un máximo sino también cancela todas las ministraciones ilegales que se han autorizado en muchas instancias públicas sin el menor control parlamentario. Cada entidad federativa del país emitiría su propia ley de sueldos bajo las nuevas reglas constitucionales, de tal manera que el poder legislativo recuperaría una de las funciones esenciales que adoptó desde su surgimiento.

Este proyecto contó con el apoyo entusiasta del Senado pero durante dos años ha estado archivado en la Cámara de Diputados, cuya composición no es tan diferente. ¿Cómo pueden el PRI y el PAN votar a favor de tan importante cambio legislativo en una cámara y bloquear en la otra ese mismo proyecto durante tanto tiempo y sin argumento público alguno? No existe explicación dable como no sea que la iniciativa provino del PRD.

El otro problema es que si no existen argumentos en contra, tampoco puede haber un debate, de tal suerte que el asunto ya casi no se menciona mientras que el Senado –la cámara de origen—no reclama absolutamente nada a los diputados.

¿Por qué se recurre al bloqueo parlamentario? Es sencilla la respuesta: para no tener que manifestar en público los motivos del rechazo. La congeladora legislativa es un instrumento de la corrupción, la despolitización del pueblo y el monopolio de la función pública por parte de una casta.

Existe una iniciativa de reformas para obligar a las cámaras a votar los proyectos procedentes de la colegisladora aunque no haya dictamen de comisión y siempre que hubiera transcurrido un tiempo prudente, digamos dos meses. Pero esta propuesta no es aceptada por PAN y PRI sin dar tampoco la menor explicación sobre su negativa.

Cuando una cámara se niega a discutir algún proyecto de la otra, en realidad se viola la Constitución, la cual no admite ninguna forma de bloqueo más que el voto de los legisladores. Evitar la discusión es fracturar al Congreso que, aun cuando tiene dos cámaras, es un solo órgano legislativo. Al decir que el bloqueo de minutas es inconstitucional tal afirmación no logra más que acentuar el defecto ante el cinismo de la mayoría. La única forma de resolver este gran problema es hacer obligatoria la discusión y votación de los proyectos de la colegisladora con o sin dictamen de por medio.

Feliz año nuevo.