Nadie habla bien del PRD
El Partido de la Revolución Democrática vive un momento demasiado peculiar de su existencia: nadie habla bien del PRD. Se habla, en cambio, de su reforma o refundación. Cualquiera que sea el término que se le quiera otorgar, el partido requiere de una profunda transformación política.
El PRD es un partido de masas al cual se adscriben millones de mexicanos y mexicanas, quienes han realizado un extraordinario esfuerzo por construir una fuerza política que les represente plenamente y en la cual se pueda confiar en la lucha por transformaciones de carácter político y social. Sin embargo, su decaimiento es producto de sus propios errores y no de la acción de sus adversarios. Lo anterior implica que la solución de la crisis del PRD depende de su propia capacidad de cambio.
El problema principal de un partido suele ser el de su dirección. Más aún cuando el programa no ha sido denunciado como falso ni sus normas han resultado antidemocráticas. La dirección del partido no ha sabido conducirlo desde hace ya varios años. Así, el conflicto interno se ha convertido en una de las principales actividades cotidianas del partido, lo que demuestra que no existen bases de unidad suficientes, es decir, prevalece un problema de dirección.
A este respecto, es preciso proclamar que se requiere superar dos fenómenos recientes: la riña por la dirección del partido en la última elección nacional interna y la división política en los recientes comicios federales. Uno y otro se encuentran fuertemente relacionados y tienen en su centro ese problema de dirección, es decir, de falta de acuerdos políticos suficientes, lo cual define al partido en el momento presente. Actuar al margen de esta situación podría llevar a cometer un error de muy graves consecuencias, pues la unidad formal del partido carece de significación y sentido práctico, terrenos sobre los cuales actúan por lo general los partidos.
Una refundación declarada pero no realizada sería algo peor de lo que ahora tenemos. Refundar, en este momento, implica un gran acuerdo de línea y comportamiento nuevos por parte de los principales dirigentes del PRD. También implica reintegrar al partido a quienes se han ido con formalidad o sin ella. En realidad, una manera de realizar la crítica a la dirección de un partido es mediante los pies, es decir, ir a otra parte, dejar de votar, dejar de actuar, votar por otros, promover el desánimo y la frustración. Todo esto está presente.
El verdadero espíritu de unidad en un partido se finca en objetivos comunes y en métodos efectivos y respetados.
Hoy, se hacen necesarios varios cambios:
1. La elaboración de una propuesta política del Partido de la Revolución Democrática que defina con claridad los objetivos del momento que vive el país, caracterizado por ofensivas de derecha en materia económica y social, por pactos cada vez más derechistas entre el PAN y el PRI, por esfuerzos por desarticular a las organizaciones políticas y sociales de izquierda, por ofensivas apoyadas por la mayoría de los medios de información en contra de toda lucha democrática y popular. El carácter opositor del PRD no debe estar en duda, al mismo tiempo que tampoco debe titubearse en cuanto la presentación de propuestas concretas. La lucha política del PRD debe llevarse a cabo en todos los terrenos sin dejar el camino abierto a sus adversarios, por lo que es indispensable combinar adecuadamente la lucha parlamentaria y las acciones de masas sin temores a la recriminación sistemática que realizan los medios y el gobierno. La propuesta política del PRD debe dirigirse al pueblo trabajador de nuestro país y a las organizaciones y fuerzas democráticas y populares. El PRD debe definir con toda precisión su política de alianzas, sin improvisaciones ni caprichos. No es aceptable la alianza electoral con los adversarios, aunque no debe descartarse algún tipo de convergencia política sin que ésta implique una alianza, como pudieran ser candidaturas comunes alrededor de personas que no sean miembros del PAN o del PRI y manifiesten un claro compromiso con la izquierda.
2. La realización de un nuevo acuerdo para conducir las relaciones internas en el partido, dentro de las normas estatutarias que el PRD se dé a sí mismo y en el marco de una nueva forma de dirimir las diferencias. Este acuerdo debe partir de la buena fe, pero también de la vigilancia estrecha de todos para su cabal cumplimiento. Ninguna organización, institución, gobierno o persona ajena al PRD debe poder intervenir en su vida interna ni alterar de cualquier forma la misma. Nadie debe ser obligado a afiliarse. Es preciso que se defina con certeza la membrecía del partido y lograr que todos los órganos de dirección se encuentren ligados a la base y dependan de ésta en la toma de las decisiones trascendentales. El PRD depende, en tanto opción política, de una vida interna democrática sin la cual no podrá justificar su existencia. Es, por tanto, indispensable definir con claridad quiénes somos, dónde estamos, qué se puede y qué no se puede hacer dentro del partido, y –lo más importante—garantizar el cumplimiento de normas y compromisos militantes.
El PRD es un partido de masas al cual se adscriben millones de mexicanos y mexicanas, quienes han realizado un extraordinario esfuerzo por construir una fuerza política que les represente plenamente y en la cual se pueda confiar en la lucha por transformaciones de carácter político y social. Sin embargo, su decaimiento es producto de sus propios errores y no de la acción de sus adversarios. Lo anterior implica que la solución de la crisis del PRD depende de su propia capacidad de cambio.
El problema principal de un partido suele ser el de su dirección. Más aún cuando el programa no ha sido denunciado como falso ni sus normas han resultado antidemocráticas. La dirección del partido no ha sabido conducirlo desde hace ya varios años. Así, el conflicto interno se ha convertido en una de las principales actividades cotidianas del partido, lo que demuestra que no existen bases de unidad suficientes, es decir, prevalece un problema de dirección.
A este respecto, es preciso proclamar que se requiere superar dos fenómenos recientes: la riña por la dirección del partido en la última elección nacional interna y la división política en los recientes comicios federales. Uno y otro se encuentran fuertemente relacionados y tienen en su centro ese problema de dirección, es decir, de falta de acuerdos políticos suficientes, lo cual define al partido en el momento presente. Actuar al margen de esta situación podría llevar a cometer un error de muy graves consecuencias, pues la unidad formal del partido carece de significación y sentido práctico, terrenos sobre los cuales actúan por lo general los partidos.
Una refundación declarada pero no realizada sería algo peor de lo que ahora tenemos. Refundar, en este momento, implica un gran acuerdo de línea y comportamiento nuevos por parte de los principales dirigentes del PRD. También implica reintegrar al partido a quienes se han ido con formalidad o sin ella. En realidad, una manera de realizar la crítica a la dirección de un partido es mediante los pies, es decir, ir a otra parte, dejar de votar, dejar de actuar, votar por otros, promover el desánimo y la frustración. Todo esto está presente.
El verdadero espíritu de unidad en un partido se finca en objetivos comunes y en métodos efectivos y respetados.
Hoy, se hacen necesarios varios cambios:
1. La elaboración de una propuesta política del Partido de la Revolución Democrática que defina con claridad los objetivos del momento que vive el país, caracterizado por ofensivas de derecha en materia económica y social, por pactos cada vez más derechistas entre el PAN y el PRI, por esfuerzos por desarticular a las organizaciones políticas y sociales de izquierda, por ofensivas apoyadas por la mayoría de los medios de información en contra de toda lucha democrática y popular. El carácter opositor del PRD no debe estar en duda, al mismo tiempo que tampoco debe titubearse en cuanto la presentación de propuestas concretas. La lucha política del PRD debe llevarse a cabo en todos los terrenos sin dejar el camino abierto a sus adversarios, por lo que es indispensable combinar adecuadamente la lucha parlamentaria y las acciones de masas sin temores a la recriminación sistemática que realizan los medios y el gobierno. La propuesta política del PRD debe dirigirse al pueblo trabajador de nuestro país y a las organizaciones y fuerzas democráticas y populares. El PRD debe definir con toda precisión su política de alianzas, sin improvisaciones ni caprichos. No es aceptable la alianza electoral con los adversarios, aunque no debe descartarse algún tipo de convergencia política sin que ésta implique una alianza, como pudieran ser candidaturas comunes alrededor de personas que no sean miembros del PAN o del PRI y manifiesten un claro compromiso con la izquierda.
2. La realización de un nuevo acuerdo para conducir las relaciones internas en el partido, dentro de las normas estatutarias que el PRD se dé a sí mismo y en el marco de una nueva forma de dirimir las diferencias. Este acuerdo debe partir de la buena fe, pero también de la vigilancia estrecha de todos para su cabal cumplimiento. Ninguna organización, institución, gobierno o persona ajena al PRD debe poder intervenir en su vida interna ni alterar de cualquier forma la misma. Nadie debe ser obligado a afiliarse. Es preciso que se defina con certeza la membrecía del partido y lograr que todos los órganos de dirección se encuentren ligados a la base y dependan de ésta en la toma de las decisiones trascendentales. El PRD depende, en tanto opción política, de una vida interna democrática sin la cual no podrá justificar su existencia. Es, por tanto, indispensable definir con claridad quiénes somos, dónde estamos, qué se puede y qué no se puede hacer dentro del partido, y –lo más importante—garantizar el cumplimiento de normas y compromisos militantes.

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