jueves, diciembre 25, 2008

Robo en despoblado

El diferencial anual entre la inflación y el incremento de los salarios mínimos es mayor a dos puntos porcentuales. Esto es un robo en despoblado. De por sí, haber igualado un aumento con otro hubiera sido un atraco pues la inflación, durante el año, va carcomiendo el salario y esa disminución mensual real del ingreso no se compensa nunca. Pero bajar los salarios en el saldo anual es una verdadera grosería.

¡Qué sangre tan fría puede tener un gobierno al imponer una disminución de los salarios! Y que no se diga que el mínimo sólo opera para menos de la cuarta parte de los trabajadores ya que todos los salarios están calculados con la misma base, incluso los llamados profesionales. Al cabo, también los contractuales se comportan de la misma forma ya que éstos van a tomar en la práctica el tope porcentual de los mínimos.

La inflación está al doble de lo esperado por las autoridades, lo cual no es nuevo. Pero esto tampoco justifica el robo a los trabajadores.

Las cosas están mucho peor si se analiza el incremento de los alimentos --13.4 por ciento en el año--, ya que la mayoría de los asalariados utiliza su ingreso en comprar principalmente comida. Medido así el problema, la disminución salarial alcanza un diez por ciento en términos reales. ¿Qué hace una familia cuando tiene que comer una décima parte menos que antes? Pero, el gobierno, frío. Eso sí que es no tener madre.

Cuando iniciaba el año que ahora agoniza vimos a nuestros insignes periodistas de la derecha burlarse de la afirmación de los legisladores del PRD en el sentido de que el llamado gasolinazo iba a traer consecuencias graves. En enero, dijeron que tal afirmación había sido alarmista y sin fundamento alguno. Durante el año, los precios de la gasolina y el diesel han seguido aumentando, aunque en el extranjero han venido disminuyendo. Ahora, el combustible es más caro en México, pero el gobierno no toma ninguna decisión porque está manipulando el monopolio del Estado, pero no Pemex sino la Secretaría de Hacienda, la cual impone los precios de los bienes públicos de la manera más arbitraria y desconsiderada. ¿De qué se burlaban aquellos periodistas? Pues de ellos mismos. Vean cómo está hoy la inflación y cómo están los salarios.

Ahora, el Banco de México nos dice que hay que apechugar las pérdidas salariales y esperar que el año próximo la inflación no rebase el tres por ciento. Es la tesis de la cúpula patronal en el sentido de que los incrementos salariales deben hacerse según la inflación esperada pero nunca con base en los aumentos de precios anteriores. Esta retrógrada tesis pretende justificar el robo en despoblado, más aún cuando el pronóstico oficial de la inflación suele ser menor que la real.

En Estados Unidos hay una fuerte tendencia hacia la deflación de precios. En México, la recesión se presenta junto con el flagelo de la inflación. Es decir, que no era cierto aquello que dijo el gobierno de que la pulmonía estadunidense iba a ser un catarro en México. El próximo año no habrá crecimiento de la economía mexicana y la inflación será una súper ganancia de los grandes capitalistas: la defensa de los poderosos y la ruina de los creadores de la riqueza, los trabajadores.

miércoles, diciembre 17, 2008

El PRD en peligro

La alianza entre Convergencia y el PT es del todo natural tanto como esperada. El gran problema del PRD no consiste en su incapacidad para hacer alianzas electorales sino en él mismo. ¿Cuántos ahuyentados votantes perredistas podrían brindar su voto al PT o Convergencia, y cuántos –muchos más-- no asistirían a las urnas ante la ausencia de una opción plenamente votable?

La crisis del PRD no se ha producido en el FAP sino en la reticencia del partido a ser una opción política nacional, enfrascado en una riña sin perspectiva de país. La actual dirección perredista –producto de la inclusión de grupos y la exclusión de líderes políticos-- considera que su papel es estar en los acuerdos con el PAN y el PRI, pero una oposición de verdad suele tener una propuesta propia y, por tanto, no debe admitir que los otros gobiernen mejor con su propio auxilio. Ayudar a Calderón a mejorar sus lazos con el PRI o sustituir a éste no parecen ser estrategias que convoquen, ya que la gente que puede votar por la izquierda busca un verdadero cambio pero no auspiciar el funcionamiento de un sistema político corrompido, antidemocrático y anacrónico dentro del cual no hay respuestas a los grandes retos nacionales.

El problema del PRD es que se está convirtiendo en un fin en sí mismo a costa del abandono de sus bases no clientelares, aquellas integradas por personas que buscan transformaciones profundas. Los principales grupos que se enredan en la conducción del PRD juegan el mismo papel en la búsqueda de posiciones –todo se lo reparten-- pero carecen por igual de una propuesta. Tales agrupamientos carecen también de autoridad política, es decir, aquella que se basa en el programa, en la ética, en el carácter opositor de un partido hecho para los grandes cambios antes que para cualquier otra cosa. Este defecto se nota más cuando ha llegado una crisis que reducirá el ingreso de la mayoría de las familias y elevará el desempleo. El sistema partidocrático que buscan PAN y PRI es aceptado por esa dirección perredista que hace de las negociaciones el lugar privilegiado y casi único de su actividad. Son notorias la falta de propaganda perredista y la ausencia de movilizaciones populares con reivindicaciones precisas. El PRD se encuentra en peligro de dejar de ser opción política para convertirse en parte de un sistema de negociaciones oscuras y circunstanciales.

Quien se encarga de hacer propuestas y convocar a la gente es Andrés Manuel, pero lo hace al margen del PRD como tal y con unos aliados tácticos que tampoco poseen una plataforma propia sino que buscan ante todo el apoyo de las bases lopezobradoristas para aumentar su presencia en la Cámara, lo cual no cambiaría en nada la situación del país.

La incapacidad de Andrés Manuel para tomar la dirección del PRD, sus extraviadas alianzas internas insostenibles y sus insanas relaciones externas han aumentado el peligro, más aún cuando AMLO confunde el tener una propuesta propia con el rechazo a cualquier posible acuerdo puntual con partidos adversarios. Mas el error principal de Andrés Manuel es considerar traidor a todo aquel que discrepa de su política, lo cual acorta su influencia y proyecta una imagen de intransigencia e intolerancia que no le ayuda en nada a volver a ser una opción viable. Todo puede cambiar pero el tiempo apremia.

martes, diciembre 16, 2008

El lío de la policía

El país está metido en un verdadero lío con los cuerpos policiales. Ninguno funciona bien. Todos están corrompidos.
Felipe Calderón nos propone crear una sola policía federal (unir a la AFI con la PFP) pero cuando envió el proyecto ya lo estaba haciendo en los hechos, lo cual es una burla al Congreso.
La iniciativa de ley de la policía federal se aúna al proceso de adecuación legal a las recientes reformas constitucionales, dentro del cual el proyecto del Ejecutivo ha sido rasurado, no sólo por las oposiciones sino también, en parte, por el mismo PAN.
Felipe Calderón quiere una policía con plenos poderes, con capacidad para investigar lo que quiera y a quien quiera sin órdenes del Ministerio Público ni de los jueces. Esto se llama Estado de policía. La resistencia ha sido fuerte y nada sencilla, ya que la opinión pública pide mano dura, arbitrariedad, persecución en caliente, con el propósito –se piensa—de derrotar al crimen. Así, a cambio de una prometida seguridad se invita a la gente a despreciar las libertades y a extender las funciones policiales.
Pero los cuerpos de policía están infiltrados de agentes de la delincuencia organizada, quienes cobran por servicios prestados, mas no regulan las actividades delincuenciales ajenas. Antes, los jefes policíacos y los políticos recibían dinero para permitir el narcotráfico pero imponían ciertas condiciones y regulaciones. Este sistema no puede repetirse pero tampoco existe ninguno otro, de tal manera que existe una ley de la selva donde la policía no juega un papel definido, ya que, por un lado, combate a los delincuentes y, por el otro, los protege sin que una cosa y otra formen parte de sistema alguno. Todo parece ser circunstancial.
Se ha dicho que no todos los policías son corruptos, lo cual es una discusión sin sentido. El Estado mexicano sigue siendo un Estado corrupto y de ahí se deriva todo lo demás. La cuestión no consiste en unir la AFI con la PFP y dejar a la PGR sin policía sino en construir un cuerpo policial de la Federación y sendos cuerpos en los estados y el DF que puedan estar al servicio de la sociedad. Mas lo que Calderón busca es justamente lo contrario: una policía –otra vez—al servicio del poder pero no de la gente. Repetir lo mismo décadas después del inicio de la amarga experiencia policial mexicana sería una locura.
Se necesita –perdón—empezar por el principio. El Congreso debería diseñar una organización de policía de la Federación por completo nueva. Con parches no se va a llegar a nada. Tan luego como Calderón anunció su proyecto de unificación policial, salieron a la luz hechos de corrupción en altos niveles de la PFP, ante lo cual nadie podría sorprenderse sino preguntar sobre todo lo demás que ignoramos.
El Congreso debería también rediseñar al Ministerio Público, hacerlo independiente del gobierno y recuperar la idea de un representante social.
La absurda idea de confiar en los jefes corruptos de policía sería algo para hacer reír a cualquiera, sin embargo está siendo trágica.

martes, diciembre 02, 2008

Bestialidad penal

La pena de muerte, como consigna política, ha sido apoyada estruendosamente por el gobernador de Coahuila, Humberto Moreira. Este político priista hace lo mismo que el llamado Partido Verde Ecologista: manipular el deseo de venganza contra los secuestradores homicidas.

Moreira ha dicho que el problema es la forma de matarlos: si con fusilamiento o algo más light como la inyección letal. Ha dicho también que la llamada readaptación social funciona para todos excepto para los secuestradores. El PVEM dice en anuncios callejeros: “Porque nos interesa tu vida, pena de muerte para asesinos y secuestradores”.

Moreira y los llamados verdes quieren poner a la sociedad en la situación de bestialismo, la cual es propia precisamente de los homicidas de personas secuestradas. Si aquella conducta es hoy rechazada, mañana todos seríamos iguales bajo las leyes propuestas por esos personajes. Hay demasiadas experiencias en la historia: ser igualmente bestial que el bestializado. En la vorágine de las venganzas bestiales, bajo una nueva barbarie, la mayoría que antes condenaba el asesinato y el secuestro comenzaría a matar o a festejar el asesinato legalizado. Pero, ¿han de ser los secuestradores nuestros maestros?

Pero ni Moreira ni los llamados niños verdes creen que en México se vaya a restablecer la pena de muerte. Lo que buscan es la simpatía de quienes, con afanes de venganza, creen erróneamente que la pena de muerte puede ser una respuesta válida y efectiva a un fenómeno delincuencial que tiene su base en las características del Estado nacional mexicano.

La pena de muerte y la prisión perpetua –versión de Felipe Calderón sobre lo mismo—no podrían resolver en absoluto el flagelo del secuestro y homicidio. Ningún aumento de penas ha sido alguna vez una solución a fenómenos de delincuencia. La pena mayor no detiene a ningún delincuente y tampoco las penas extremas. Lo que busca el delincuente es la impunidad total sin medir el riesgo de perder la vida. Las soluciones se encuentran en una adecuada combinación de reformas al Estado y una reducción drástica de las impunidades, pero no sólo de los secuestradores sino de todos los delincuentes, incluyendo a las mafias políticas.

Se intenta manipular sentimientos elementales e ignorancias prohijadas por el Estado mismo. Es así como se trata de engañar a mucha gente para buscar su voto con un discurso bestial. Es así como se trata de capitalizar un grave problema que tiene México pero sin aportar absolutamente nada a su solución.

Ahora ya no sólo habrá que luchar contra aquella delincuencia bestial sino contra el bestialismo de políticos audaces y mendaces.