jueves, noviembre 27, 2008

100 días; 100 meses

La más ruidosa y temida delincuencia organizada del país es el narcotráfico y sus actividades colaterales. Se trata de una delincuencia construida en tanto que la producción y comercio de drogas es un delito construido. No existe una moral general contra las drogas pues se trata de un problema de falta de felicidad de los consumidores, de búsqueda de placer mediante sustancias que pueden causar daños a la salud. Pero también pueden causar daños el alcohol y el tabaco sin estar prohibidos.
La clase dominante y, por tanto, el Estado, ha construido ese delito bajo el imperativo de que hay que salvar a la juventud de las drogas, lo cual no quiere decir que a través de la prohibición total se pueda hacer tal salvamento. El thinner no está prohibido y mata las neuronas de quienes lo consumen, los drogadictos más pobres: aquí no hay salvamento por la vía penal ni por ninguna otra.
Los zetas son rebeldes aunque carezcan de programa político. Resultan ser una escoria de la sociedad. Si el Estado es corrupto, si la clase dominante es corrupta, muchos excluidos se sienten con el mismo derecho de violar la ley y se la juegan.
Esta no es una película de buenos y malos. Es México el que se retrata en la delincuencia organizada que ha llegado a meter en una crisis al Estado nacional. Mientras, las autoridades han declarado una guerra que no puede ser ganada ni puede perderse sencillamente porque no es guerra. Los militares son capaces de enfrentarse a una banda de pistoleros y, aún más, de tener agencias de inteligencia, pero no pueden perseguir con éxito a delincuentes. La policía, por su lado, no existe para el propósito de hacer una guerra y, como vemos, tampoco está en condiciones de hacer frente a los carteles y a los sicarios de éstos, pues ha resultado torpe e infiltrada, lo cual, por cierto, no es ninguna novedad.
Una idea criminológica nueva es lo que está haciendo falta para intentar el control de esta clase de delincuencia organizada. No es una cuestión de cien días para un agudo problema que lleva más de cien meses. Dentro de esa nueva visión criminológica debe incluirse el tema del Estado. La corrupción de la policía es tan sólo una parte de la gran corrupción del Estado en México. Si no se observa esta situación, tampoco habrá respuestas eficaces por más leyes que expida el Congreso.
Felipe Calderón, en cambio, nos quiere llevar a decretar una profundización inaceptable del Estado de policía bajo el falso argumento de que estamos en guerra, la cual implicaría una supresión de garantías. Más facultades a los cuerpos policíacos y al gobierno federal sólo llevará a una disminución de las libertades y a mayores atropellos a los derechos humanos. Frente a una crisis de incapacidad estructural del gobierno, la sociedad debe defender las libertades y no dejarse arrastrar por unas autoridades incapaces de reformar el Estado que ellas dirigen pero empeñadas en inculcar una reacción bélica, cobertura de dictaduras sin freno.

La quiebra de las afores

Intervención del senador Pablo Gómez, en la sesión del 18 de noviembre en el debate sobre la situación actual de las administradoras de fondos para el retiro

Ciudadanos senadores, ciudadanas senadoras:

El sistema de cuentas individuales para el retiro ha fracasado muchos años antes de su conclusión.

¿En qué consiste ese fracaso? En que al final del camino, el Estado tendrá que aportar un subsidio para el sostenimiento o el pago de las jubilaciones y pensiones. No se requiere mayor fracaso, aunque naturalmente el fracaso es mayor.

No debería pedirse un mayor fracaso para modificar el sistema porque las Afores fueron creadas para evitar el subsidio público a jubilaciones y pensiones. A estas alturas es ya indiscutible que el subsidio público no será evitado, tendrá que pagarse.

¿Qué objeto tiene la privatización de los fondos de pensión, si de todas maneras el Estado va a tener que dar aportaciones a dichas jubilaciones y pensiones? No queda más que un objeto: el que unos empresarios que no invierten, puesto que la inversión es de los trabajadores, y que no arriesgan, puesto que el riesgo lo corren los trabajadores, sino que simplemente administran y ganan, sigan ganando.

No vale la pena entrar en las inmensas cantidades de dinero que han ganado porque esto ya se ha repetido hasta el cansancio. No puede haber un negocio como éste sin riesgo alguno, sin necesidad de hacer una inversión. El sistema vigente es un sistema que tiene ese propósito.

¿Cuál es el otro argumento que se usó? Los fondos solidarios de pensiones fueron dilapidados.

Yo quiero decirles que el gobierno no surtió la reposición de los fondos invertidos en la infraestructura del Seguro Social. Pero que en la infraestructura del Seguro Social está ahí, que toda la infraestructura médica y de otros servicios: guarderías, etcétera, etcétera, etcétera, en la que los fondos pensionarios fueron invertidos, está ahí, y de tales inversiones son beneficiarios los trabajadores del Seguro Social.

El gobierno hizo una política incorrecta de no reponer esos fondos invertidos. Era otra cosa.

Ahora bien. ¿Cuál es, entonces, la idea de mantener un sistema que no funciona, que es un fracaso, que ya fracasó? Que es incuestionable que la inmensa mayoría de los trabajadores que están bajo ese régimen tendrán, al final del camino, que recibir un subsidio gubernamental para su pensión y su jubilación.

Vamos a bajar las comisiones sobre saldos. Podemos bajarlas, pero el sistema seguirá en el fracaso; eso no resuelve el fracaso del sistema.

Podemos impedir, como lo propone el PRI –yo estoy de acuerdo— que no se jueguen a la ruleta de Wall Street, que no transfieran fondos de inversión al extranjero. No, ustedes mismos votaron a favor, de acuerdo, pero esto tampoco resuelve el problema. Aunque esté bien esa decisión.

La única decisión que en mi opinión puede resolver de fondo el problema es la nacionalización del fondo.

Miren, tenemos en este momento dos sistemas: el viejo sistema solidario, que está siendo subsidiado 100% por el gobierno federal, 100%, y quiero también informarles que el costo de los servicios médicos de los jubilados y pensionados del Instituto Mexicano del Seguro Social lo están pagando los trabajadores en activo, los que cotizan en el Seguro Social; que el gobierno no ha hecho aportaciones de los jubilados el servicio médico que les corresponde, debiéndolo hacer.

El gobierno federal se está ahorrando esa parte, no le ha pagado nada al Seguro Social. ¿Quién paga? Los actuales afiliados del Seguro Social.

Muy bien. Este reparto de costos entre el gobierno federal, que está pagando las pensiones y jubilaciones, y los trabajadores en activo que están pagando el servicio médico de los jubilados y pensionados, es inmenso, son más de dos puntos del Producto Interno Bruto.

Y todo en aras, señor senador, y todo en aras de generar un espacio de negocio privado muy jugoso, en el que, por primera vez, hay una rama de la actividad económica, en donde no hay que invertir nada y, entonces, no se corre ningún riesgo.

O sea, es el mundo esplendoroso, inimaginable, el sueño dorado de cualquier capitalista. Éste es el sistema individualizado de pensiones. Por eso, hay que eliminarlo, por eso. Podemos aquí discutir, señor senador, mucho, ¿cómo andan las comisiones? Muy mal, muy altas.

En Argentina, lo primero que hicieron fue un sistema para que la gente optara. Volver al sistema solidario o quedarse en el individual. Y bajaron la comisión al uno por ciento. Garantizando pensión mínima, que ahí no estaba garantizada por parte del Estado, en el sistema argentino.

Pero no resolvió, muchísimos se fueron otra vez al solidario. Esa fue la primera fase de la reforma. La segunda fase es la que hoy se discute.

¿Cuál es el problema en la nacionalización de los fondos de pensión? Reconocer los derechos, todos los que han tenido, los que han aportado en cuentas individuales y establecer dentro de ello un sistema único previsional, que garantice pensión y jubilación para todos.

Porque el sistema básicamente opera sobre la base de que los trabajadores en activo financian las jubilaciones y pensiones de los retirados.

En España hay algo más. También se le paga pensión a quienes no contribuyen. Las llamadas pensiones no contributivas.

Son las responsabilidades de un Estado y son las responsabilidades de una sociedad. La sociedad tiene que hacerse cargo de sus mayores, ésa es la idea. Ah, nos vinieron y nos vendieron otra, cada quien debe hacerse cargo de su vejez.

¿Qué resultado vamos a tener? Que eso no es cierto. Que la inmensa mayoría de los cotizantes actuales en cuentas individuales van a recibir un subsidio del Estado, es decir, que proviene de la sociedad, y que de todas maneras vamos a contribuir a sostenerlos. No tiene sentido seguir por el camino de lo absurdo.

Yo sé que hay mucha carga ideológica, la veo, cuando se habla, por qué. Que cada quien se rasque con sus propias uñas. ¿Eso es lo verdaderamente humano? Bueno, no voy a convencer a los neoliberales de que dejen de ser neoliberales, a pesar de la crisis del neoliberalismo. Pero de lo que se trata es de quitarles las ganas, de aplicar las recetas neoliberales. O tendremos que esperar 15 años para que nos estalle en la cara la bomba de este tremendo fracaso. No creo que valga la pena.

Hagamos las cosas desde ahora. Pongamos, pongámonos en el Senado a discutir intensamente el sistema de relevo.

Y aquí no puede haber más que dos sopas grandes. Aunque haya mucha variaciones. O las cuentas individuales con el sistema de capitalización o el fondo solidario de reparto.
Ahora, garanticemos, señor presidente, por lo que usted me había dicho esta mañana, garanticemos una cosa: que el manejo de los fondos, del fondo común, sea un manejo que no pueda ser manipulado por los gobernantes.

Sí. Eso sería indispensable. Porque si vamos otra vez a darle a los políticos el manejo de una gran bolsa destinada a cubrir jubilaciones y pensiones, pues pueden hacer la cantidad de barbaridades que hicieron en el pasado.

Y hay que garantizar que eso no se pueda producir. Y de esa forma incluso podríamos llegar a poner en la Constitución la existencia de un órgano con autonomía constitucional y supervisión del Congreso, y un organismo que vigile el manejo de los fondos, integrado por representantes de los trabajadores, de lo titulares colectivos y solidarios de ese gran fondo y se pueden hacer muchas cosas en el plano político para evitarlo. Pero, el sistema actual, no resolverá el problema que se dijo que se iba a resolver.

Por lo tanto, hay que darle cristiana sepultura y edificar un sistema que nos garantice un funcionamiento indefinido y, sobre todo, la garantía, crear la garantía de que tendremos jubilados y pensionados con ingresos dignos y, sobre todo, con certeza de que así será.

La certeza en el futuro es el elemento más importante del sistema previsional. Que no puede estar bajo las alzas y bajas de la gran ruleta.

Y aquí también meto a los Cetes, señor senador. Porque los Cetes también bajan, cuando baja la tasa de interés de referencia. Y muchas veces pugnan con la inflación, pugnan con la inflación y la inflación es el otro enemigo de los fondos previsionales, y está actuando sobre las actuales cuentas individualizadas.

Hay que ver el asunto entonces desde el punto de vista económico global y no solamente las cifras nominales que, por cierto, están bajando. Sí han perdido alrededor de 60 mil millones en unas cuantas semanas, nuestras ilustres Afores, que no son ellas las que han perdido, sino los trabajadores que cotizan ahí. Es otro elemento claro de que no es un sistema que garantice, no es un sistema fuerte, es un sistema extremadamente vulnerable.

Yo les propongo que estudiemos un sistema fuerte, un sistema invulnerable, un sistema de garantías auténticas del derecho de retiro de todos los trabajadores, y diría más, de quienes por alguna circunstancia no contribuyen y que en mi opinión también deberían tener derecho a un retiro digno como seres humanos en el ejercicio de un derecho fundamental.

Muchas gracias.

jueves, noviembre 20, 2008

Fracasó el sistema

El sistema de cuentas individuales de retiro, administradas por empresas financieras privadas, ha fracasado. Al final del camino, la mayoría de los ahorradores no tendrá un fondo suficiente para sostener su propia jubilación, por lo que el Estado tendrá que erogar un subsidio para garantizar el pago mínimo.
El sistema de las afores fue planteado como la forma de evitar que el Estado tuviera que sostener las pensiones, es decir, subsidiar el retiro. Pero ya sabemos –ya sabíamos-- que las tales afores no son el mecanismo idóneo para garantizar un derecho fundamental que es el retiro remunerado sino un instrumento del mejor negocio financiero posible.
Las empresas que administran los fondos –las afores—no invierten ni corren riesgos. Los ahorradores son los inversores y quienes asumen los riesgos, pero las tales afores ganan dinero. Se trata, sí, del negocio perfecto, no inviertes y no corres riesgos pero tienes ganancias.
Los dueños de las afores deberían ser procesados por robo en despoblado.
Todo se los ha dado el Estado, sistemático engordador de fortunas privadas y de toda clase de concesiones a favor del grupo de privilegiados. Los trabajadores, en su mayoría, tendrán que conformarse con una jubilación de miseria para pasar su vejez en condiciones económicas mucho peores que las vividas durante el tiempo en que estuvieron trabajando, lo que ya es decir bastante en México.
Para evitar que el problema nos estalle dentro de 20 años, es necesario proceder ahora mismo a nacionalizar los fondos de pensión y crear un nuevo sistema solidario, garantizando a todos que tendrán una jubilación igual o mejor que la programada para ellos bajo el sistema de cuentas individuales y administración privada de las mismas.
Lo de menos es lo que han perdido los trabajadores aportantes en la ruleta de las bolsas –casi 60 mil millones de pesos--, lo cual, se dice, podrá recuperarse cuando pase la turbulencia financiera. Pero después de ésta vendrán otras y será el cuento de nunca acabar.
Lo justo es que los trabajadores en activo cubran la jubilación de los trabajadores en retiro. Mas habrá que garantizar que el gobierno no pueda apropiarse de los fondos de ahorro, sino que éstos sean administrados bajo rigurosa vigilancia por parte de un organismo responsable que rinda cuentas al Congreso y a los trabajadores, con el propósito de que no vuelva a ocurrir la no reposición de tales fondos.
No sería muy difícil hacer esta operación nacionalizadora pues las jubilaciones en curso están siendo pagadas ahora con fondos públicos y el servicio médico de los jubilados es cubierto por los trabajadores afiliados al IMSS, ya que el gobierno no ha querido pagar esta cuenta, no obstante que se encuentra obligado a ello.
Así, tendríamos un sistema de retiro malo pero con posibilidades de mejorar y, al menos, sin que una parte del ahorro de los aportantes fuera a parar a los bolsillos de unos financieros parásitos.

jueves, noviembre 13, 2008

PRD, en su hora

La crisis interna del PRD no va a resolverse con la sentencia del Tribunal Electoral. Es más, es cuestionable que tal órgano de justicia se permita proclamar triunfador de una elección interna impugnada por todos los participantes y sin haberse tomado la molestia de hacer el nuevo cómputo completo. Ya habrá, sin embargo, mucho tiempo para volver a discutir los límites de la justicia electoral y la validez del derecho de asociación política.

Mientras tanto, el PRD está por primera vez en su historia en un riesgo real de ruptura orgánica. Las causas son de carácter político, aunque la forma de expresión ha sido la de una riña entre dos candidatos a presidir lo que al final puede ser algo completamente diferente del partido materia de la disputa. Además, ser presidente del PRD no significa ser líder de ese partido.

La sectarización interna en el PRD no siempre expresa las divergencias políticas sino que muchas veces las distorsiona de tal manera que no hay dos líneas pero sí hay dos bloques. Este partido tiene demasiados defectos, muchos de los cuales proceden del sistema mexicano de partidos pero otros son expresiones exclusivas de un tráfico de protecciones e influencias para escalar cargos y puestos de elección popular: una perversión de la militancia política.

Un partido de masas como el PRD tiene que ser un movimiento y no sólo una estructura política burocrática. La contradicción entre movimiento y burocracia ha ahogado al partido en una disputa difícil de solucionar a corto plazo. Siempre se requiere un aparato partidista pero éste no debe ser el determinante. Nunca. Hoy, lo es. Pero no se trata sólo de grupos que militan en Nueva Izquierda sino también en Izquierda Unida, cualquier cosa que ambos bloques sean desde un punto de vista politológico. Ya no hay en el mundo partidos que no sean de corrientes, pero hay unas más corrientes que otras. Al PRD le ha tocado algo de lo más pernicioso en esta materia.

El primer punto para evitar la ruptura orgánica es un acuerdo político provisional, necesario y suficiente, cualquiera que éste sea. Pero ahí tampoco estará la solución. Los bloques deben desgastarse hasta su completa desaparición tal como soy hoy, para dar cabida a un debate político que aterrice en una propuesta al país. Esto es, en definitiva, lo que más falta le hace al PRD y lo que la sectarización interna le ha impedido alcanzar. No se trata de evitar la creación de grupos internos sino de lograr que éstos representen planteamientos políticos, propuestas, congruencias.

Si hoy se evita la ruptura orgánica, lo cual es del todo necesario, se podría abrir un largo y penoso proceso de recapitulación, para el cual será necesario que la crisis toque fondo el próximo año. A partir de ese momento, la izquierda podría, quizá, verse a sí misma como es, analizar el país con nuevos enfoques. Volver a empezar, por así decirlo.

La izquierda no se va a acabar en México, pero no sabemos aún de cierto que es lo que sí habrá de terminar.

jueves, noviembre 06, 2008

Obama, el estadunidense

Cuando Barack Obama votó en contra de la autorización de fondos para la guerra de Irak, nadie en el Capitolio ni fuera de éste pudo adivinar que el senador por Illinois iba a llegar a ser presidente de los Estados Unidos.

Obama no será un presidente negro, como insisten en afirmar los medios de comunicación. El político de Chicago es esto, un político estadunidense, pues nunca fue un activista del movimiento afroamericano ni está vinculado a esa cultura. Obama es un hombre sagaz y seguro de sí mismo que se opuso desde un principio a una aventura bélica. Cuando la mayoría de los estadunidenses se dio cuenta de lo absurdo de la guerra de Irak, el senador opositor se convirtió en una figura política de primera línea. Quienes apoyaron la aventura tuvieron que pagar el costo, incluyendo los Clinton.

Mas Obama es también el líder de los que no se enredan todo el tiempo en Washington. Como él lo dijo, su candidatura no surgió de los pasillos del Capitolio. Él es otra clase de persona. Es de las que tienen hoy la palabra más fuerte en la política estadunidense. Otros, Hillary Clinton incluida, no merecen mucha confianza.

Este es el cambio, aunque las elites van a tratar de meter a Obama a su carril y sujetarlo a los intereses políticos tradicionales. De seguro que lo lograrán, pues un presidente nada puede hacer sin el Congreso y éste seguirá siendo más o menos como siempre.

La guerra sucia que encabezó la derecha estadunidense contra Obama fracasó pero sólo gracias al enorme poder económico del candidato del Partido Demócrata, quien rehusó el financiamiento público para poder gastar mucho más. Así lo hizo y venció, gracias, en buena medida, al apoyo de millones de aportantes. También le ayudó mucho a ese propósito la escandalosa crisis financiera que rubricó el más completo fracaso de George Bush.

El ser negro le benefició a Obama en tanto que el electorado afroamericano se volcó en su favor, pero también le restó votos de quienes no pueden votar más que por un blanco o blanca. Los candidatos demócratas blancos vencedores en la elección de Congreso obtuvieron más votos que Obama.

La diferencia entre uno y otro candidato no fue tan grande como algunos suponen al hacer sólo la cuenta de los grandes electores. El voto popular se encuentra dividido casi por mitades, tal como ha sido casi siempre, pero ahora hubo muchos más sufragantes y la mayoría de los nuevos inscritos favoreció a Obama, quien contó con un ejército de promotores en todo el país.

Detrás de Obama existe un movimiento ciudadano de gran magnitud y calado político. Eso es lo que el candidato victorioso representa, antes que cualquier otra cosa. No habrá un keniano en la Casa Blanca sino un nuevo líder político de los Estados Unidos. Su tarea tendría que centrarse en promover una nueva lista de asuntos principales, tal como lo exige ese movimiento entusiasta que le ha apoyado. Ojalá cumpla al menos con no tratar de engañar a la gente y también con la promesa de cambiar el papel de Estados Unidos en la política mundial.