jueves, septiembre 25, 2008

Fracaso económico anticipado

El proyecto de finanzas públicas del gobierno para 2009 no se podrá cumplir. Según Carstens se espera un incremento del Producto Interno Bruto de 3 por ciento, una inflación de 3.8 y un déficit de la cuenta corriente de 1.1 por ciento del PIB. Pero no.

Muchos analistas consideran que la economía no podrá crecer el próximo año en más de dos por ciento mientras que la inflación será de al menos cinco puntos. En cuanto al déficit de la cuenta corriente, será imposible que sea igual a uno por ciento del producto. La situación podría agravarse si el precio promedio del crudo fuera menor de 80 dólares por barril, lo cual no es descartable.

El gobierno estima la inversión extranjera directa en 22 mil millones. La misma cifra es el pronóstico de las remesas de dólares. Estas metas sólo podrían conseguirse con una devaluación controlada pero efectiva del peso frente al dólar, lo cual puede no ocurrir bajo las altas tasas reales de interés en el mercado financiero mexicano, a menos que el peso se derrumbe y entonces las cosas estarán peor.

Todas las cifras anteriores son importantes debido a que con ellas se elabora el proyecto de finanzas públicas. Si las cantidades son incorrectas, todo el proyecto se vendrá abajo. En realidad, el gobierno debería cambiar su iniciativa de ingresos y egresos para ajustar sus cálculos a la nueva situación económica que se espera para 2009 en Estados Unidos y en México. Pero tal parece que dominan la necedad y el miedo al qué dirán, en lugar de una actitud realista y responsable.

En cuanto al déficit del gobierno, estimado en 266.3 miles de millones de pesos, que requiere una deuda neta interna de 295 mil millones, éste podría ser mayor debido a una menor recaudación y a un más alto costo nominal de la deuda interna, lo que llevaría a ajustes inesperados del gasto en el curso del año ya que Pemex no podría dar el soporte suficiente.

Parece que el gobierno de Calderón cree que la crisis de Estados Unidos es algo pasajero y que el plan de Bush va a funcionar de maravilla, pero esto no es nada seguro. El colapso financiero estadunidense no se debe a los créditos hipotecarios excesivos y mal otorgados sino que éstos se debieron a una sobre liquidez incontrolada que, a su vez, ha sido producto de un agotamiento del esquema dominante de acumulación de capital en el mundo. Mientras no se alcance un cambio suficiente en dicho esquema, los problemas financieros y de la producción van a seguir y esto podría tomar unos cinco años. Así que México tendría que asumir sus propias decisiones para defender su economía a partir de promover el mercado interno y la inversión pública.

Pero –siempre el pero—el gobierno no quiere analizar las cosas con apertura mental, sino que va a seguir bajo los efectos de los dogmas neoliberales que nos han azotado durante más de 20 años. Mas aquí seguimos.

viernes, septiembre 19, 2008

Terrorismo

El acto terrorista de Morelia es algo nuevo en México. Como tal, éste agrega al esquema del narcotráfico un elemento que resulta mucho más difícil de discernir. En realidad, es sorprendente que –si se confirma—el narcotráfico realice en México actos de terrorismo pues de suyo se sabe que es posible comprar a cualquier gobernante o policía pero no a todo un Estado del tamaño del mexicano. Atemorizar a tal Estado con actos de terror, por parte de delincuentes, parece una aspiración igualmente irrealizable. Pero ahí está el atentado del 15 de septiembre.

Esta situación ha dado pie a las especulaciones de costumbre. Se dice que no debe negociarse con los narcotraficantes –se entiende que por parte del Estado mexicano—como si tal cosa fuera posible. Así se hacen las polémicas inútiles. Por otro lado, se habla de unidad nacional como si se tratara de un asunto de seguridad de la nación y no del Estado nacional. No se dice, sin embargo, en qué consiste tal unidad y cómo debe expresarse.

Lo más grave consiste en el torneo de proyectos sobre el tema de la justicia. Parece que los políticos quieren competir en el terreno de la magia del aprendiz: nuevas leyes para combatir un fenómeno que no se entiende bien. Sin embargo, las leyes vigentes no se aplican mientras que la situación lleva a que el gobierno viole garantías y atropelle derechos humanos en aras de combatir a un enemigo que no lo es realmente pues se trata de delincuentes, quienes por más organizados y armados no dejan de buscar dinero y poder que traiga más dinero.

En la competencia política de respuestas sedicentemente preventivas y punitivas contra narcotraficantes y secuestradores, el poder recurre a la violación del Estado de derecho y se logra de tal forma uno de los objetivos de las bandas que se pretenden combatir: que el Estado no respete la ley en calles y carreteras, como no logra aplicarla en la persecución de las actividades de aquellos mismos delincuentes. Es un círculo vicioso: el delito lleva a la violación de la ley por parte de la autoridad mientras los delincuentes profundizan de tal suerte la falta de vigencia práctica de la legislación.

Los hechos terroristas como el de Morelia generan una gran presión social y una brutal urgencia de los órganos del poder para dar respuestas que acrediten el actuar de la autoridad. Pero por lo regular se trata de palos de ciego con tal de satisfacer un reclamo justo.

En la crisis de la clase política mexicana se ubica así un elemento relacionado con el funcionamiento de un Estado débil que ha sido afectado por la delincuencia organizada en un ambiente de sucesivas y sistemáticas violaciones de la ley, tanto por parte de los delincuentes –naturalmente—como de las autoridades encargadas de aplicar las normas vigentes.

Pensar en un Estado fuerte en los días que vivimos tendría que llevar a reformas democráticas muy profundas a través de las cuales la autoridad tenga ligas estrechas con el pueblo y los funcionarios del Estado asuman compromisos y responsabilidades exigibles. Parecería que el tema de la democracia no tiene conexión con la delincuencia organizada, pero qué equivocados están quienes así analizan el problema.

miércoles, septiembre 10, 2008

Nada nuevo

El gobierno no anuncia nada. Todo quedará igual. El país esperará a que la economía global se recupere y el programa anti cíclico (no nos dicen bien en qué consiste el ciclo económico actual) produzca los resultados esperados.

No habrá más que el programa de infraestructura –pequeño pero peor es nada—y ajustes muy menores. ¿De veras el gobierno cree que el país no requiere de grandes cambios en la política económica? Bueno, se dirá, Calderón exige al Congreso que apruebe su proyecto sobre la industria petrolera, pero ése no agregaría nada sino sólo privatizaría una parte a través de un proceso de varios años.

La verdad es que la crisis nos ha alcanzado y, en buena parte, nació dentro de nosotros. Si México es el país de América Latina que menos crece, ha de ser por algo. Y ese algo es que el sector público no muestra el dinamismo que podría tener debido a que no se quiere ampliar la inversión del Estado --¡estatismo jamás!—aunque a las claras se sabe que las inversiones privadas seguirán menguadas debido a que a nadie se le puede condenar a ver disminuida su tasa de utilidad.

Los planes del gobierno para 2009 no existen. Nada nuevo, tranquilos, ha sido el mensaje. Se nos ofrece bajo crecimiento del producto y desempleo incontenible. No será tan sencillo que en 2009 el Producto Interno Bruto alcance la cifra pronosticada por el gobierno de un 3 por ciento. Un 3.8 por ciento de inflación el próximo año también está por verse. Las cifras macro económicas del gobierno para 2009 no están muy claras, como no lo han estado los pronósticos que hizo para el presente año. En concreto, el actual gobierno ya podría ser caracterizado por sus malos cálculos sobre el comportamiento de la economía. Ah, pero la Secretaría de Hacienda nos advierte: “El entorno macroeconómico previsto para 2009 no está exento de riesgos que podrían alterar las trayectorias previstas”. Una buena forma de decirnos desde ahora que los pronósticos no serán confirmados en la realidad.

En verdad, el precio del petróleo mexicano es lo que ha salvado la situación, hasta cierto punto. Al disminuir la producción mexicana de aceite se presentaron dos acontecimientos inusitados: se elevó mucho el precio del crudo de referencia (casi 80 por ciento) y disminuyó el diferencial entre la mezcla mexicana y el West Texas. Con esta ancla, México recibió ingresos record, lo cual no es más que un buen tronco en medio del mar y con la esperanza de que la tormenta amaine.

Si el WTI va a estar en 100 dólares en promedio durante 2009, la mezcla mexicana estará en 85 debido a que se están consumiendo más los crudos pesados en Estados Unidos. Si la inversión extranjera directa se mantiene en unos 20 mil millones dólares con la misma cantidad de remesas de mexicanos en Estados Unidos, ahí tenemos otras dos tablas de salvación. Pero no hay más. Es decir, todo igual. La economía mexicana seguirá siendo la misma. Pero el que se detiene, retrocede.

jueves, septiembre 04, 2008

Satanización

Las derechas de todos los matices satanizan al PRD. La resistencia pacífica contra la proclamación de Calderón y la toma de las tribunas del Congreso no son más que unos vulgares pretextos, pues nada de lo hecho entonces afectó la vida cotidiana del país.

Ahora tenemos una expresión ridícula, caricaturesca e inútil de esa satanización del PRD: la negativa a que su grupo parlamentario nominara al presidente del Senado. Dice Gustavo Madero que nadie ha excluido a los perredistas sino ellos mismos; actúa como prefecto de secundaria autoritaria, es decir, no analiza nada.

El tema se tornó cómico cuando Madero le impuso al PRI (solamente porque el PRI ya lo había admitido de antemano) la decisión de ser él mismo quien presidiera el Senado para no darle la presidencia al PRI, quien no la quería por tenerla en la Cámara de Diputados, ni al PRD por motivos de satanización. Así, Madero debió haber asumido la presidencia pero de la Junta de Coordinación Política, según la ley. Y, aunque podía tener las dos presidencias --la de la Mesa Directiva y la de la Junta--, eso no era posible por motivos estéticos. El PAN se metió en un enredo en el que tuvo que evadir la ley sólo para impedir que el PRD asumiera la presidencia del Senado.

En realidad es discutible si al PRD le conviene ocupar la presidencia de la asamblea de los senadores, pues ese puesto podría convertirse en algo puramente operativo interno, ya que existe una mayoría de derecha bastante consolidada en ese cuerpo legislativo. Aunque también es cierto que el PRD no hubiera podido rehusar su acceso a tal cargo debido a que le correspondía legítimamente.

El PRI admitió la satanización del PRD, es decir, la negativa panista de que este partido asumiera la presidencia y, luego, se tuvo que tragar –con singular alegría—la violación de la ley, pues Beltrones fue presidente de la Junta durante el año legislativo anterior y no podía volver a asumir esa función que, claramente, es de carácter anual y con alternancia de partido, según la inútil legislación vigente.

El tema petrolero fue determinante en tan desafortunadas como ilegales decisiones en el Senado. Un presidente perredista a la hora de las definiciones sería, por lo visto, un riesgo muy grande para el PAN quien cuenta al respecto con toda la solidaridad del PRI. Esto denota falta de confianza en sí mismos, pues la tal reforma petrolera no depende de quien funja como presidente senatorial sino de los acuerdos a los que sea capaz de llegar Calderón, lo cual no resulta a estas alturas demasiado claro.

El camino de la satanización del perredismo, del todo justificada ante los ojos de políticos y periodistas de visión corta e intereses largos, es el de la falta de capacidad de gobernación. Si Calderón con sus seguidores y si el PRI con sus mecanismos de compactación preelectoral, no pueden ser pluralistas al menos en la forma, tampoco podrán impedir el desbordamiento de alguna crisis ni justificar con legitimidad sus relaciones de alianza. Sin embargo, ellos no lo analizan de esta manera; sólo miran el corto plazo.