jueves, mayo 29, 2008

Qué feo huele... el petróleo/VIII

Hemos escuchado diferentes versiones sobre los llamados excedentes petroleros del primer cuatrimestre del año. Calderón dice una cosa, Carstens dice otra, el subsecretario de Hacienda afirma algo diferente y, finalmente, se ha recibido en el Congreso la versión de Pemex, la cual vamos a dar por cierta… provisionalmente.

Prepárese, ciudadanía lectora, para leer grandes cifras. En el presupuesto de Pemex para este año se estimaron ingresos brutos por un billón 129 mil 142 millones de pesos: mucho dinero, 107 mil millones de dólares. De estos, se programaron para ser ingresados durante el primer cuatrimestre del año 378 mil 679.3 millones, pero realmente ingresaron 484 mil 050.3 millones, es decir, 105 mil 370 millones más. ¿Qué pasó con ese remanente? Oh, misterio en su casa.

En lugar de que Pemex pagara de impuestos 250 mil 154.9 millones, tuvo que pagar 385 mil 564.6 millones, es decir, 135 mil 409.7 millones de pesos de más, los cuales son una cantidad mayor a los ingresos no previstos en casi 30 mil millones. Esto es algo que sólo en México puede ocurrirle a una empresa petrolera: entre más ingresos totales obtiene menos ingresos netos registra. Así, el fisco recaudó de Pemex más de 135 mil millones, los cuales no están previstos en el presupuesto de egresos de 2008, por lo que deben decirnos por dónde andan o si ya se los gastaron y en qué.

Otro problema se ha presentado con las importaciones de gasolina. En lugar de erogar 50 mil millones de pesos se gastaron 71 mil 119.6 millones, es decir, 20 mil 483.1 millones de más, por cuenta de Pemex, lo cual disminuye los llamados ingresos netos de la paraestatal, a pesar de que el decreto de Presupuesto de 2008 dice que tal variación no debe afectar el balance.

En total, Pemex debió tener ingresos netos --después de impuestos y compras de combustible en el extranjero-- por 77 mil 888 millones pero sólo tuvo 27 mil 388.2, con lo cual necesita más de 50 mil millones para emparejarse. ¡Un desastre completo!

El problema no consiste en la cuestión económica --por más que las compras de gasolina en el exterior fueron mayores en 20 mil millones--, sino en la forma del reparto de los ingresos totales de Pemex, los cuales –repito-- alcanzaron 105 mil millones más que lo presupuestado para el periodo enero-abril, menos los mencionados 20 mil del aumento en el precio de la gasolina importada, quedan más de 80 mil millones de ingresos no presupuestados que el gobierno de Calderón se quiere clavar y, de los cuales, una parte tendría que corresponder a los llamados excedentes.

El gobierno sostiene que no hay tales excedentes con el fin de no derramar hacia las entidades federativas lo que les corresponde y que podría ascender a más de ocho mil millones en el primer trimestre de este año. Pero, ¿por qué? Ah, porque Calderón presiona a los gobernadores para que éstos, a su vez, presionen al Congreso a efecto de obtener la aprobación del proyecto oficial de privatización de una parte de la industria petrolera mexicana. ¡Qué bonita familia!

jueves, mayo 22, 2008

Qué feo huele... el petróleo/VII

La inconstitucionalidad del proyecto petrolero de Calderón ha sido puesto de relieve en dos debates llenos de ironías, indirectas, ataques, arengas, malos entendidos y hasta buen humor. Pero el asunto más o menos claro es que existe un área exclusiva de operación del Estado llamado petróleo y que no puede ser reducido al objeto, es decir al petróleo mismo que se encuentra en el subsuelo, sino que es un área de la economía, o sea, la industria petrolera. Claro, esto es así siempre que se admita la vigencia del artículo 25 en relación con el 28 de la Constitución.

El planteamiento privatizador es aparentemente pueril pero, en verdad, por completo interesado. Se dice que el artículo 27 habla sólo de explotación de petróleo y no menciona la refinación, por lo que el gobierno podría contratar a trasnacionales para que le refinen el crudo dentro del país. ¿Por qué no se contrata a Pemex? Aquí ya no hay respuesta “jurídica”.

El petróleo es la industria petrolera, como lo dijo Sergio García Ramírez y como la generalidad de los mexicanos lo ha considerado desde antes de la expropiación. El debate sobre la palabra explotación (de petróleo) es por completo falso y, por tanto, el postulado de que el gobierno puede hacer contratos de refinación (“interpretando” la Carta Magna) es tan bueno como un billete de dos pesos.

El área estratégica exclusiva llamada petróleo en la Constitución iba a poder abrirse a inversiones privadas con el proyecto de Miguel de la Madrid (3 de diciembre de 1982), pero la Cámara de Diputados cambió el texto. El entonces presidente había propuesto: “El sector público tendrá a su cargo de manera exclusiva las áreas estratégicas definidas en esta Constitución. Para un mejor cumplimiento de sus fines, la ley precisará formas de participación social en estas áreas, conservando el Estado en todo tiempo el control sobre su conducción.” La Cámara aprobó otra cosa: “El sector público tendrá a su cargo, de manera exclusiva, las áreas estratégicas que se señalan en el artículo 28, párrafo cuarto de la Constitución, manteniendo siempre el gobierno federal la propiedad y el control sobre los organismos que en su caso se establezcan.”

Así, el Legislativo no sólo rechazó la “participación social” (léase bonos en poder de personas con o sin derechos “corporativos”) en los organismos encargados de áreas estratégicas exclusivas sino que, además, agregó que el gobierno federal será el propietario de tales organismos. El plan de De la Madrid era impulsar las privatizaciones. Las empezó a hacer. Salinas, Zedillo y Fox las continuaron, pero el petróleo quedó formalmente cerrado. Ahora, Calderón lo quiere abrir a las inversiones privadas, es decir, proseguir la obra de sus antecesores.

García Ramírez preguntó ayer en el Senado si las privatizaciones han hecho mejor a México, si ahora hay más justicia y riqueza social que antes. Una pregunta del todo pertinente, sobre todo cuando hablamos del producto más caro del mundo.

jueves, mayo 15, 2008

Qué feo huele... el petróleo/VI

En el debate sobre el petróleo que tiene lugar en el Senado ha surgido el tema más interesante: la privatización de la industria petrolera mexicana. El PAN sostiene que en el proyecto del gobierno no existe ninguna privatización. Algunos ponentes que coinciden con las iniciativas de Calderón han dicho que no advierten propuesta privatizadora.

El argumento esgrimido por los defensores de la propuesta oficial es que sólo debe considerarse “privatización” la venta de activos públicos, es decir, el traspaso de propiedades del Estado a particulares. Sin embargo, todos recordamos que la venta de empresas públicas o de participación estatal mayoritaria fue llamada “desincorporación”, pero jamás privatización.

La definición oficial sobre privatización carece de sustento, pues la venta de acciones en poder del Estado no siempre podría considerarse privatización, aunque tales acciones sean “activos públicos”, ya que el gobierno puede tener propiedades accionarias sin ejercer el control sobre una empresa efectivamente privada. No creo que vender acciones de una empresa privada pueda llevar el nombre de privatización.

Es privatización la apertura al capital privado de actividades económicas antes exclusivas del Estado. No se requiere vender las actuales refinerías para privatizar la refinación. Basta con que las trasnacionales construyan y operen refinerías nuevas para que se considere que esa parte de la industria petrolera ha sido efectivamente privatizada. Toda actividad exclusiva del sector público, cuando se abre a los capitales privados, sufre un proceso de privatización.

Eso es justamente lo que propone Calderón, tal como quedó claro en el debate de ayer.

Podría decirse lo mismo de los contratos con tarifas “determinables” que el gobierno está planteando para explorar y explotar petróleo.

La experiencia de la industria eléctrica salió a relucir ayer en el Senado. El servicio público de electricidad es exclusivo del Estado, pero la CFE compra energía a productores privados para distribuirla y comercializarla, con lo que más del 30 por ciento de esa actividad exclusiva y estratégica se ha privatizado, sin la menor duda, en contra de la Constitución.

Cuando hay conceptos evidentes que se tratan de enredar lo que tenemos es un intento de engaño. Esta es una característica del proyecto petrolero de Calderón.

Se han planteado en Xicoténcatl otros muchos elementos de debate. Mas llama la atención que los ponentes que defienden el proyecto del gobierno se muestran también inconformes, ya que consideran que la reforma debe permitir mayores privatizaciones para estar a la altura –dicen—del mundo actual, la modernidad, etc. Se niega, de tal manera, que lo antiguo eran los monopolios y oligopolios privados de energía y lo verdaderamente moderno es el monopolio público de la energía.

En 1917, el Constituyente rompió con el criterio de que el dueño del suelo lo era también del subsuelo, el cual hoy sólo pervive en Estados Unidos. Esa fue una modernización jurídica. Después, el Estado mexicano expropió los bienes de las compañías extranjeras concesionarias y prohibió las concesiones y, más tarde, los contratos. Hoy, el mundo marcha hacia la integración de entes públicos de energía. ¿Debemos volver al pasado?

viernes, mayo 09, 2008

Debate en el Senado/mayo 8, 2008

Intervención del senador Pablo Gómez durante la reunión de trabajo con funcionarios del gobierno federal en torno a la reforma energética

SENADOR PABLO GÓMEZ ÁLVAREZ (PGA): Gracias senador presidente.
Señores y señoras. Dice la Constitución: tratándose del petróleo y de los carburos de hidrógeno sólidos, líquidos o gaseosos, y de minerales radioactivos, no se otorgarán concesiones ni contratos, ni subsistirán los que en su caso se hayan otorgado, y la nación llevará a cabo la explotación de esos productos en los términos que señala el artículo reglamentario respectivo.

El artículo 28 constitucional, como ustedes saben, dice: no son monopolios las funciones que el Estado ejerza de manera exclusiva en petróleo y los demás hidrocarburos, petroquímica básica, etcétera.

Se ha presentado aquí la pregunta del senador Graco Ramírez, que la secretaria de Energía no contestó de qué cosa es explotación del petróleo. Explotación de minas es sacar el mineral; hacer el agujero y sacar el mineral; explotación de petróleo es exactamente lo mismo.
Todo eso lo tiene que hacer la nación, no a través de contratos, dice la Constitución, sino directamente la nación.

La nación tiene un organismo que se llama PEMEX, ese es el instrumento de la nación para llevar a cabo estas actividades; bueno, entonces les pido, por favor, que nos definan esto porque a lo mejor ustedes están entendiendo algo distinto que lo que entendió el constituyente en su momento y lo que se ha entendido siempre a través de la historia.

La otra cuestión es la siguiente, se calcula que PEMEX va a tener unos 156 mil millones de superávit de operación este año y va a realizar inversión financiada por unos ciento treinta tantos mil millones de pesos. Es decir, como el gobierno se queda con el superávit de PEMEX, le encarga a PEMEX que, por favor, pida, en contratos de financiamiento, el financiamiento mismo --perdón la redundancia-- de su inversión.

PEMEX se endeuda para que el gobierno cubra su déficit. Esto ha ocurrido durante muchos años. Dicen que no hay dinero, pero resulta que sí lo hay. Sólo con la diferencia que hay entre la inversión actual de PEMEX y su superávit de operación se podría financiar, con tres mil millones de dólares, la construcción de dos refinerías a mil 500 millones anuales cada una de ellas.
Este país es el único país petrolero que compra refinados en el extranjero; los demás no sólo no compran sino que venden. El diferencial de precio es muy grande: las cosas están mal.
Proponen que el Estado mexicano maquile la gasolina en empresas privadas. ¿Por qué no mejor contratan a PEMEX para que les maquile el crudo, pues tiene 70 años de experiencia produciendo gasolina? Si el negocio es bueno y lo puede hacer un privado, también lo puede hacer PEMEX, la nación.

Ahora proponen unos contratos con una contraprestación determinable y lo único que la puede determinar pues es lo que encuentren después de hacer el pozo; si va ser determinable quiere decir que van a pagar la contraprestación en dependencia de la productividad del pozo, lo que está prohibido por la Constitución: hacer el agujero por un contrato no está permitido y, si lo hacen violarían, la Constitución. Y, si encima de todo, le van a pagar al que hace el agujero según la productividad del pozo violarán doblemente la Constitución, y así se la quieren llevar.

Última cuestión señor presidente, para que me contesten. Los mismos que son los responsables de la situación terrible de la industria petrolera mexicana, al menos en los últimos siete años, son los que están proponiendo al Congreso que violemos la Constitución para poder resolver, según ellos, los problemas que ellos mismos han provocado.

Es cuanto.


Réplica del senador Pablo Gómez Álvarez durante la reunión de trabajo con funcionarios del gobierno federal en torno a la reforma energética

SENADOR PABLO GÓMEZ ÁLVAREZ (PGA
). Señora secretaria, si se trata de bajarle costos de operación a PEMEX, pues ya no produzcan nada y no tendrán costos. Pero no se trata de eso. Se trata de aumentar los costos para aumentar la producción y para aumentar la renta petrolera y la ganancia industrial. De eso se trata. De eso es de lo que estamos hablando.
De que no solamente la renta petrolera se incremente con mayor producción, sino también la ganancia industrial que le debe tocar a PEMEX: su ganancia.

PEMEX es una empresa capitalista, del capitalismo de Estado. Lo que pasa ahí es que es la caja del Ejecutivo y es un lugar de rapiña del Congreso. Perdón que lo diga aquí, en el Senado. Yo he estado varias veces en el Congreso, siempre he votado en contra de esta rapiña, por tanto no me pueden echar en cara eso, pero yo sí puedo echarle en cara al Congreso lo que ha resuelto sobre la industria petrolera mexicana.

Quiero hacer una precisión. Los excedentes no son excedentes. Se trata del superávit de operación de Petróleos Mexicanos, el cual, íntegramente, cubre el déficit gubernamental anual, que es mayor que los excedentes que ustedes llaman así. La ley le llama superávit de operación.
Otro pedazo lo pone la Comisión Federal de Electricidad y otro pedazo lo pone, oígase bien, el Seguro Social. Otro pedazo, el Seguro Social. Así cubre el Ejecutivo el déficit del gasto gubernamental.

Yo le propongo otra cosa al director de PEMEX. En lugar de la reforma que propone el Ejecutivo, que francamente es privatizadora y que tiende a entregar la industria petrolera a las trasnacionales, yo le propongo que en la próxima Ley de Ingresos para el año 2009 --y no esperar tanto-- la totalidad del superávit de operación de Petróleos Mexicanos sea entregado a PEMEX y que el Ejecutivo cubra su déficit gubernamental a la manera en como lo hacen todos los gobiernos del mundo, que son básicamente dos: disminuir gasto corriente y financiarse en el mercado.

La Unión Europea permite a sus miembros hasta tres puntos del PIB y yo le estoy proponiendo mucho menos; o sea, seríamos buenos alumnos si fuéramos miembros de la Unión Europea, pero le daríamos una parte de la ganancia industria a Petróleos Mexicanos para que ésta pueda hacer las refinerías y la exploración de nuevos yacimientos, que es lo más urgente, pero también los ductos y también los sistemas de almacenamiento y, con eso, resolvemos este problema sin tener que privatizar lo nuevo de la industria petrolera, que es lo que la iniciativa de Calderón pretende según nos hemos dado cuenta después de haberla leído con bastante atención y después de escucharlos a ustedes como expresión de los deseos y aspiraciones del Ejecutivo.

Muchas gracias señores.

jueves, mayo 08, 2008

Qué fue huele... el petróleo/V

El debate se ha iniciado en el Senado, mas lo va perdiendo el gobierno. La tesis central es que Pemex no tiene “capacidad de operación” después de tantos años de saqueo de sus ganancias industriales. Pero esto lo dicen quienes han saqueado la paraestatal durante los últimos siete años y la siguen saqueando.

Si Pemex no sirve para acometer los grandes proyectos petroleros pendientes, ni siquiera dándole parte de sus ganancias, entonces nadie puede hacerlo, pues la Constitución prohíbe al capital privado tomar parte de la explotación de los hidrocarburos. Pero Pemex sí podría, como pudo cuando se fundó, a pesar de que entonces casi no teníamos ingenieros petroleros.

Veamos las causas de la privatización propuesta por Calderón y expuestas sin argumentos válidos por sus voceros. Se necesita refinar en el país el 40 por ciento de la gasolina que ahora se importa con un alto subsidio al consumidor final. Se requiere, entonces, abrir la refinación de crudo a la “iniciativa privada” –léase las trasnacionales--, para que Pemex –“sin perder la propiedad del hidrocarburo”—mande a maquilar la gasolina. ¿Por qué no contratan a Pemex para refinar si tiene setenta años haciéndolo? Aquí, ya la respuesta vuelve a ser que no hay dinero.

Pero sí hay dinero. Pemex tiene un superávit de operación de cerca de 160 mil millones de pesos (serán más este año), con los cuales puede cubrir sus inversiones actuales (130 mil millones) y tendría suficiente para iniciar de inmediato la construcción de dos refinerías, con 30 mil millones de pesos de inversión anual.

Se dice que explorar cuesta mucho dinero. Ya lo sabemos, por lo que el argumento no sirve. Entonces qué, ¿es el problema del dinero o del talento, es decir, la “capacidad operativa”. Si el problema no es el dinero –se dice que “no sólo” es el dinero--, entonces es la dirección de la industria la que está mal, lo cual llevaría a cambiar a los directivos de inmediato, pues no se puede creer que no tengamos ingenieros petroleros capaces ni tampoco posibilidades de desarrollar nuevas tecnologías, las cuáles son de más fácil manejo, digamos, que la industria nuclear.

Que los ductos privados de gas han sido muy buenos. Claro, la industria gasera se ha desarrollado en los últimos años a partir de ductos privados y, como no hay de otros, las cosas están de maravilla. Esto no demuestra nada, pues lo único que sabemos de cierto es que el Estado no quiere invertir mucho en energía y le quiere dejar la parte nueva a los privados debido a que Pemex es saqueado por la clase política, la cual se reparte el dinero con singular alegría sin importarle el desarrollo económico y el futuro del país.

En el debate de ayer en el Senado, el gobierno habló hasta la saciedad, pero sólo para repetir lo mismo. Las breves intervenciones de la mayoría de los legisladores que hicieron uso de la palabra demostraron que el proyecto del Ejecutivo no tiene sentido económico, carece de perspectiva social y nacional, es violatorio de la Constitución y busca privatizar para beneficiar intereses ajenos al país.

De veras que el petróleo nunca olió tan feo.