jueves, marzo 27, 2008

¿No que no?

Hace apenas unos días, la mayoría de los columnistas del país, no pocos reporteros y los políticos del PAN y el PRI acusaron a López Obrador de “inventar” el intento privatizador de la industria petrolera. Algunos acusaron al perredista de tener “mucha imaginación”.

El debate sobre el petróleo está más abierto que nunca y el país se encuentra a la espera de la iniciativa que presentará el PAN en el Senado, probablemente dentro de unos doce días. El proyecto de Calderón no va a ser presentado por Calderón sino por su partido mediante una maniobra de vergonzosa agachada.

La iniciativa oficial busca otorgar a Pemex la capacidad para hacer toda clase de negocios con quien sea y sobre lo que sea. No se trata, en efecto, de privatizar el viejo Pemex, derruido tras dos décadas de ausencia de política petrolera, corrupción en gran escala y derroche de recursos, sino de privatizar todo lo nuevo, lo más rentable. Ah, pero los mismos articulistas y políticos que han acusado a López Obrador de tener demasiada imaginación van a decir que no se trata de una privatización sino de una “modernización”.

El argumento central del operativo privatizador, es decir, de la entrega de un recurso de la nación, se basa en que Pemex es corrupto e ineficiente. Sí, es cierto. Quienes han administrado este organismo público durante muchos años –los gobernantes priistas y panistas—no sólo se han abstenido de hacer algo para mejorar Pemex sino que han hecho todo lo posible para empeorar la corrupción y la ineficiencia. Ellos son los culpables de que México sea el único gran productor de crudo que no vende refinados sino que los tiene que comprar. Los sucesivos gobiernos han malgastado la renta petrolera. Los corruptos y los ineficientes han sido ellos mismos. Ahora, toda esa corrupción y esa ineficiencia se la echan en cara al país y le quieren pasar a México la factura entregando los nuevos negocios petroleros a las empresas trasnacionales y a uno que otro capitalista mexicano.

“Modernización” quiere decir, para Calderón, capacitar al gobierno para hacer negocios con empresas privadas, de tal manera que la nueva refinación, los nuevos ductos y los nuevos pozos, especialmente en el Golfo de México, sean compartidos con quienes están dispuestos a hacerle el favor a los mexicanos: ir por nuestro tesoro.

Como Pemex no puede y éste –se dice-- es irreformable, entonces hay que pensar en la Exxon, la British, la Shell, la Total. Según la tesis calderoniana, la “modernización” de Pemex no será su reforma como organismo público, sino su utilización para compartir “el tesoro” con unos auténticos piratas de nuestros tiempos.

“Autonomía de gestión”, “directorado” energético, nuevo consejo de administración, flexibilidad, órgano de fiscalización “efectivo”, fabulosas inversiones. Todo esto se convertirá en los próximos días en la perversa máscara para tratar de llevar a cabo la privatización de la industria petrolera mexicana. Veremos de qué cuero salen más correas.

jueves, marzo 20, 2008

Hillary vs. Obama

Hillary Rodham y Barack Obama mantienen una relación diferente. Hillary trata a Obama como un blanco; Obama trata a Mrs. Clinton como una igual. El color de la piel y el género parecen haberse esfumado. Mas tal cosa corresponde a una situación singular: Obama es negro y Hillary es mujer por más que uno y otro disimulen respecto al de enfrente y a sí mismos.

Una buena mitad de la sociedad estadunidense parece haber olvidado la discriminación de la mujer y de los negros (afroamericanos), aunque no se haya superado la permanente desventaja de mujeres y negros en la vida real. La situación del Partido Demócrata ha conducido a esta excepcional confrontación entre iguales.

Estados Unidos no ha cambiado tanto como aparenta. Lo que ha llevado a muchos ciudadanos a otra posición, al margen de sus querencias históricas, es la crisis de la aventura estadunidense en Irak. Una parte del pueblo norteamericano está demostrando que tiene capacidad de aprender.

Hillary promete el retiro de las tropas, aunque gradualmente. Obama afirma, con razón, que él se opuso a la aventura desde el principio, a diferencia de su contrincante. La guerra de Irak ha dejado en el camino centenares de miles de víctimas a cambio de una posición geopolítica que ya nadie entiende a cabalidad. La ratonera de Irak debe tener una escapatoria, la cual, de conseguirse, habrá de cambiar la política exterior de Estados Unidos.

La decisión de invadir Irak no tuvo como propósito el petróleo de esa nación ni la destrucción de amenazantes armas de destrucción masiva, sino la eliminación de una molestia en Medio Oriente y, en cierto modo, la culminación de una tarea pendiente. Pero, al cabo, la invasión de Irak no cumplió con ningún objetivo táctico ni estratégico, sino creó un mayúsculo problema para Estados Unidos debido a que este país no puede ganar como tampoco puede perder. Dicho de otro modo, EU pierde algo todos los días (dinero, soldados, prestigio, ecuanimidad) y nunca podrá ganar algo porque en Irak hay una especie de guerra imposible de brindar alguna victoria a cualquiera.

El 11 de septiembre fue, en cambio, una victoria total para Al Qaeda, pues obtuvo la respuesta esperada: guerras, invasiones, terror, inseguridad. No fue en sí la tragedia de las Torres Gemelas lo que dio una victoria al jeque Bin Laden, sino la respuesta del presidente Bush, mucho más allá de lo esperado por su enemigo jurado.

Ha sido la torpeza de Bush y quienes le siguieron, producto de un fundamentalismo semejante al de Al Qaeda, lo que ha generado una respuesta política dentro de Estados Unidos. Ahí tenemos a un afroamericano y a una mujer en la contienda por la candidatura demócrata para detener una política contraterrorista de funestas consecuencias. La diferencia entre ambos precandidatos estriba en cómo y cuándo deben retirarse de Irak. Hillary ha recibido el mensaje de los electores demócratas y se ha colgado de la crítica contra Bush mientras que Obama se opuso desde un principio a la aventura de su gobierno. Esa es otra diferencia, pero opera en contra del senador de Illinois desde el punto de vista de la jerarquía del Partido Demócrata, la cual, al final, tomará la decisión con la misma frialdad con la que apoyó la guerra que ahora critica.

Habrá que ver si uno o la otra son capaces de derrotar al general McCain, hasta ahora favorito en las encuestas: no será fácil cambiar algo verdaderamente importante en Estados Unidos.

martes, marzo 18, 2008

El petróleo es un factor de la seguridad nacional

Discurso del senador Pablo Gómez en la conmemoración oficial del 70 aniversario de la expropiación petrolera realizada en el monumento a Lázaro Cárdenas en la Ciudad de México. 18 de marzo de 2008. (Versión magnetofónica)

Ciudadano jefe de gobierno de la ciudad, Marcelo Ebrard, ciudadanos legisladores, autoridades de la ciudad, señoras y señores:

Agradezco la distinción de otorgarme el uso de la palabra en este acto que conmemora el 70 aniversario de una de las acciones más importantes que reivindicaron la soberanía nacional de nuestro país y el rescate de sus recursos naturales.

Hace 70 años el Presidente Lázaro Cárdenas tomó una decisión muy difícil; a la distancia parece que se trató de algo que formaba parte de lo habitual, pero no fue así.

El Presidente Cárdenas tomó una decisión de expropiar los bienes de las empresas petroleras por dos motivos principales. Por una cuestión de seguridad nacional, es decir, para impedir que un poder foráneo siguiera constituyéndose dentro del territorio nacional en una fuente de decisiones que no reconocían a las autoridades y a las leyes del país.

No se trataba entonces de una cuestión sólo de la seguridad del Estado ni de un principio de autoridad del gobierno, sino de una cuestión de mucho mayor fondo, de la reivindicación del carácter soberano del Estado Mexicano y de la defensa de la capacidad de decisión de la nación como tal.

El otro elemento fue utilizar las riquezas nacionales en beneficio de México.

Estos dos elementos resultan, la primera, de la actitud de rebeldía de las compañías petroleras, de la creación de islotes dentro del país donde sólo la autoridad de los gerentes de las compañías podía ser ejercida; al desconocimiento de la capacidad de la Suprema Corte para dictar decisiones que debieran ser obedecidas, y del gobierno mismo del país.

Y la segunda, para acabar con la expoliación que durante muchos años se había venido haciendo del petróleo mexicano en beneficio no sólo de las compañías como tales, sino de los países de donde provenían esas empresas petroleras.

70 años después de esta histórica decisión del presidente Lázaro Cárdenas, que junto con muchas otras constituyen la grandeza de quien fuera durante aquellos años Presidente de México, el actual gobierno del país nos propone la entrega de una parte de los hidrocarburos y de las actividades de refinación y de transporte de dichos hidrocarburos al capital privado trasnacional.

Parece que la historia no fuera suficiente para habernos dejado un legado que debiera ser aprendido por todos y, en primer lugar, por los gobernantes; ellos están más obligados que nadie a ver que el petróleo es un bien estratégico para cualquier país del mundo, pero también para México. Que el petróleo es motivo de guerras internacionales, que México tiene que defender su petróleo como una cuestión de seguridad nacional y de ejercicio de la soberanía porque nosotros no tenemos el ejército más poderoso de la tierra para ir a hacer reclamo alguno fuera de nuestras fronteras. Quien así puede obrar puede concesionar los yacimientos petroleros a quien sea y a la compañía trasnacional que tenga sede en el país que sea, porque nunca nadie podrá impedir que por la fuerza se garantice el abastecimiento.

Pero nosotros, un país que fue confeccionado para la paz y no para la guerra, un país que fue confeccionado para reivindicar su soberanía y no para aplastar la soberanía de ningún otro país, tiene que ver en el petróleo un elemento de su seguridad nacional porque ese petróleo puede ser quitado por la fuerza en el momento que sea, por el ejército más poderoso de la tierra; y porque no depender del suministro de fuera es también, desde el punto de vista estratégico, un elemento de seguridad nacional.

Hoy el gobierno de México está proponiéndose entregar una parte de los hidrocarburos en concesión o con la cobertura de contratos de riesgo, o cualesquiera otros de dominio sobre enormes yacimientos petroleros.

México puede resolver cualquier problema técnico. En 1938 los gerentes de las compañías expropiadas declararon a la prensa mundial que los trabajadores mexicanos no podrían mantener la producción del crudo ni la producción de los refinados; que la expropiación fracasaría por la falta de capacidad técnica de los trabajadores de México, quienes, sin embargo, durante 70 años han resuelto todos los problemas técnicos y han brindado al país la capacidad para que disfrute de inmensas cantidades de petróleo, afrontando toda clase de riesgos y resolviendo toda clase de problemas de índole técnica.

Era mentira entonces, hace 70 años, que México no podría resolver los problemas técnicos. Hoy es mentira que México no pueda resolver los problemas técnicos para aprovechar los yacimientos que se encuentran en los fondos profundos del Golfo de México.

Ni una mentira, la de hace 70 años, ni la mentira de hoy, presentada bajo la cobertura de que tenemos un tesoro inaccesible: no, no es ese tesoro algo inaccesible como antes tampoco lo fue.

Lo que nosotros queremos evitar, lo que el pueblo de México en su inmensa mayoría quiere evitar, es que ese tesoro sea descubierto por piratas que se lo lleven del país. Ese tesoro es de los mexicanos y debe ser defendido como cualquier otro recurso natural por sus legítimos propietarios; éste es el problema.

Podemos decir lo mismo del financiamiento. Petróleos Mexicanos, un organismo público que tiene ganancias brutas anuales por 70 mil millones de dólares, el equivalente a la totalidad de la deuda externa histórica de México. De ese tamaño es la capacidad productiva depositada en un organismo público de la propiedad de la nación.

Toda la deuda de PEMEX es deuda del gobierno federal, toda. PEMEX no requiere pedir un solo centavo prestado, tiene la capacidad para hacer las inversiones necesarias en el ramo del petróleo y los hidrocarburos en general.

El que no tiene dinero para poder costear la parte más onerosa e improductiva de los gastos de operación, duplicados durante los últimos siete años, es el gobierno federal.

¿Cómo es posible que los mexicanos aceptemos sin protestar que la riqueza petrolera sirva para la corrupción y para el costeo de los gastos de operación onerosos e innecesarios de un gobierno que no está a la altura de las necesidades, de la tarea de impulsar el desarrollo de la economía. El petróleo debe ser de México, porque debe convertirse en una poderosa palanca del crecimiento de la economía y del desarrollo socio económico, es decir, de un nuevo patrón de distribución del ingreso que a su vez favorezca el crecimiento de la economía en su conjunto. Éste debe ser el papel de la riqueza petrolera y no el costeo de gastos improductivos de una burocracia parasitaria. Ese debe ser el nuevo rumbo de la industria petrolera mexicana y esta debe ser la reforma verdadera de la industria petrolera de México.

Tenemos las capacidades de desarrollar la técnica, tenemos la capacidad para utilizar recursos financieros que hoy día son cuantiosos, pero desaprovechados y mal utilizados. Tenemos todo, sólo nos falta la autoridad que encabece al país, el liderazgo que encabece al país en un camino de grandes transformaciones y de la utilización de los recursos naturales para beneficio de los mexicanos, como lo quiso hace 70 años el general Lázaro Cárdenas del Río.

Debemos tomar esa ruta que es vigente hoy día: los motivos, las razones y las decisiones. Yo creo que México no ha olvidado su propia lección, la lección que dio el pueblo mexicano conducido por su presidente hace 70 años porque no hemos olvidado, porque no queremos olvidar, porque no queremos que el pasado se convierta en lo que dicen hoy los partidarios de la privatización que son obsoletos los valores de la nacionalización del petróleo. Al menos reconózcanlo: no tiene nada de obsoleto el petróleo en manos de la nación, ya que nunca había llegado a tener el precio internacional de hoy.

Pero no, esos valores, esos objetivos, esos propósitos no son obsoletos, son vigentes y lo somos más los que estamos defendiéndolos porque eso debería ser lo que condujera la función pública con responsabilidad y con verdadero patriotismo. Hace 70 años, el pueblo de México realizó una gran acción de trascendencia mundial.

Hoy, defendamos el legado de nuestros antepasados, de las luchas de ayer que deben iluminar el camino de las generaciones vivas. Convirtamos el decreto histórico del presidente Cárdenas en la acción patriótica para defender lo que a la nación, irrenunciablemente, le corresponde.

Muchas gracias.

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miércoles, marzo 12, 2008

Mouriño está fuera

Mouriño mintió al firmar los contratos con Pemex. Bajo protesta de decir verdad declaró que no se encontraba bajo los impedimentos señalados por el artículo 50 , fracción II, de la Ley de Adquisiciones, es decir, ser un servidor público. Lo feo y, ahora, grave fue la mentira, el engaño, el disimulo de una persona que tenía un cargo oficial. Y lo peor fue que Pemex dio por buena la mentira de tal manera que se violó la mencionada ley de adquisiciones. Alguna influencia tendría Mouriño en Pemex para que tan flagrante violación fuera pasada por alto. Total: los contratos que firmó Mouriño eran nulos, pero nadie se dio cuenta… hasta ahora. Los pagos hechos por Pemex a la empresa de Mouriño deberían ser reembolsados a la paraestatal, pero ¡uf!

Mouriño quiere que la PGR atienda el caso porque sabe que no es un asunto penal. Así, presenta copia de los contratos al procurador, quien no tenía abierta una averiguación pero que ahora la puede resolver en un dos por tres y sin que nadie se lo pida. Esta es la increíble historia de alguien que se denuncia a sí mismo.

Mouriño se encara ante los medios pero, antes, había mentido cuando afirmó que él no había firmado nada. Ahora, niega todo, pero admite todo: ahí están los contratos. Al final, Mouriño reconoció que todo era verdad y entregó copia de los documentos pero sólo cuando los contratos firmados ya se encontraban dando vueltas en internet.

Mouriño dice que las acusaciones en su contra tienen propósitos políticos, lo cual es muy evidente, pero se equivoca al decir que la publicación de los contratos es un asunto, en sí mismo, político, ya que tal cosa equivaldría a decir que no hay tales. Lo firmado fue firmado; lo de hoy es una consecuencia. ¿Cuántos contratos de suyo nulos se firman en las sombras de Pemex? El escándalo mediático no se debe a la publicidad de los contratos sino al signante de los mismos.

Mouriño se encara con su propio partido, dentro del cual se discuten temas que van desde la inaceptable “perfidia” perredista hasta la vergüenza de tener líderes que violan la ley con la complacencia a posteriori de la dirección nacional del PAN. ¿Les encanta a los panistas que los servidores públicos firmen contratos con Pemex por encima de la ley?

Mouriño está siendo protegido por Calderón, quien de seguro ya sabía todo lo de los contratos y le pareció una buena conducta de un funcionario público legalmente inelegible para ser contratista de Pemex. El respaldo de Calderón convierte a éste en parte del asunto. Todo el gobierno y su partido están siendo arrastrados por un escándalo cuyo origen es la firma indebida de contratos con Pemex y cuya actualidad es la defensa del amigo y discípulo.

Mouriño niega que haya más contratos firmados por él como apoderado de una empresa contratista, pero no niega que haya más con esa misma empresa y otras en las cuales él aparezca como socio accionista, en igual violación del artículo 50.

Mouriño es hoy la divisa del gobierno de Calderón y lo seguirá siendo mientras permanezca en el cargo.

Mouriño está fuera.

miércoles, marzo 05, 2008

La metafísica de Abascal

Carlos Abascal nos da algo de qué hablar como casi ningún otro panista. En una conferencia impartida en Guadalajara, Abascal expuso que: “la familia no es una construcción cultural… el núcleo familiar es natural”. En su crítica a la Asamblea del DF, don Carlos se lanzó contra la interrupción legal del embarazo y las uniones entre homosexuales: “ética relativista, dijo, sin ninguna referencia a la ley natural, mucho menos a un orden sobrenatural”.

Abascal no podría demostrar que la familia ha existido desde el surgimiento de la humanidad pues tendría que rebatir toda la antropología. Don Carlos se mueve de regreso de la metafísica hacia la visión escolástica: pasa de la “ley natural” en materia social al determinismo de Dios sobre la historia. Mas, en su oportunismo filosófico, Abascal pretende usar la ciencia para demostrar la vigencia de “leyes sociales naturales”. Según la ciencia –afirma—“dos hombrecitos no pueden reproducirse para formar una familia”: “genitalidad en su nivel más animal posible”, dijo don Carlos, volviendo a la escolástica.

Con Abascal, la “ley natural” nos habla de la familia como forma básica de la sociedad aunque la humanidad se la pasó sin la familia durante la mayor parte de su existencia como tal. La filosofía que imparte Don Carlos no admite que la familia haya tenido un origen como tampoco que la monogamia haya sido sólo para la mujer, impuesta por el hombre como forma de identificar a sus herederos a partir del surgimiento de la apropiación privada del producto excedente. Así también, el amor sexual debe ser siempre entre un hombre y una mujer, aunque la homosexualidad sea tan vieja como la existencia misma de la humanidad, y mucho más.

La derecha, como la de Abascal, se refugia en la metafísica para no hablar tanto de determinismo divino. Don Carlos dice cosas simpáticas: “La familia no es, como se pretende hacernos creer, una construcción cultural o una forma de organización establecida por el Estado (nadie ha dicho esto último: PG); al contrario –sigue--, el núcleo familiar es natural, creador de la cultura y autor directo del Estado por conducto de la sociedad”. Si la familia tuvo que usar a la sociedad para crear al Estado, ¿de dónde salió y cómo era la sociedad? (Esto es como el misterio bíblico del origen de la señora Caín). Si el Estado es producto de la familia, ¿había una sociedad sin Estado cuando la familia creó a éste por conducto de algo que tampoco existía, es decir, la sociedad, pues la familia es reputada como el núcleo original y básico de la vida humana en sociedad? Lo único que queda claro en la filosofía de Abascal –aunque él no se haya dado cuenta-- es que el Estado no siempre ha existido, es decir, se acerca a Morgan y a Engels, y a otros muchos, por cierto. Para no meterse en líos, sería mejor que Abascal usara directamente la teología escolástica y proclamara que el embrión es una criatura de inspiración divina, aunque tal afirmación sería rebatida por San Agustín.

El “orden natural” no debe ser alterado por las leyes del Estado y en tal orden no tiene cabida el aborto ni las relaciones homosexuales. Este es el discurso político, pues la metafísica de Abascal no es ni siquiera elemental.