miércoles, enero 30, 2008

El viejo Pemex y el nuevo negocio

El gobierno de Felipe Calderón y su partido quieren dos cosas: refinerías privadas y explotación también privada en aguas profundas del Golfo de México. Dicen, sin embargo, que no venderán un solo tornillo de Pemex, pero no es éste el que les interesa, por el momento, sino los nuevos negocios petroleros.

En el PRI se estudia el planteamiento del PAN y, de seguro, si hay acuerdo entre los dos se tendrán que incluir temas colaterales, pues el viejo partido siempre negocia en paquetes confeccionados: nunca da sin recibir algo a cambio.

Durante muchos años, Pemex ha cubierto la mayor parte del déficit gubernamental. Su deuda es en realidad del gobierno. Es la industria petrolera más saqueada de la historia mundial, pero además es la más corrupta. Este es el saldo real.

La reforma de Pemex no le interesa al PAN y tampoco al PRI. Lo que les preocupa es cómo obtener el crudo que se encuentra en el Golfo de México para garantizar una plataforma de producción que sostenga los altos costos de operación del gobierno federal y de los gobiernos de los Estados. Sin embargo, la falta de dinero disponible para invertir de inmediato lleva al planteamiento de compartir las súper ganancias probables de los yacimientos de aguas profundas con dos o tres compañías extranjeras, con el pretexto de que los técnicos de Pemex no saben cómo hacer esa clase de pozos.

En cuanto a la refinación, lo que se busca es reproducir dentro del país el esquema de Deer Park, Texas, donde Shell se asoció con Pemex, seguro proveedor de crudo maya.

En esto consiste el plan privatizador de corto plazo, pero si se empieza con uno o dos aspectos, pronto se seguirá con todo, pues el gobierno no planea disminuir el saqueo de Pemex. Lo que México tiene no es un problema “energético” sino de finanzas públicas con dos nudos: la insuficiencia de ingresos y un desordenado y oneroso gasto operativo gubernamental. Se encuentra también en la lista, naturalmente, la corrupción en Pemex.

Pero si llegaran la British Petroleum y Petrobras a las aguas profundas, México no podría imponerles el mismo régimen fiscal al que está sometido Pemex. Lo mismo podría decirse de la refinación a cargo de nacionales o trasnacionales. Así, con el inicio de la privatización de la industria petrolera, tendríamos dos sistemas fiscales sobre la misma actividad, ya que los inversionistas no vendrían por amor al arte sino a conseguir la misma tasa de utilidad que obtienen en cualquier otro país.

Mas si no se modifica la Constitución no se podrían admitir inversiones privadas en la industria petrolera, no obstante lo cual el PAN plantea que con cambios en la ley sería suficiente, aunque, claro, la Carta Magna va a seguir sirviendo para lo de casi siempre.

El peor negocio del momento es compartir las súper ganancias en la industria más gananciosa del mundo que, por ahora, es la petrolera. ¡Pemex tiene 72 mil millones de dólares de utilidad bruta anual! El precio del hidrocarburo es artificial y, al mismo tiempo, un lastre para la economía mundial en su conjunto. Las ganancias no deberían usarse en sueldos de burócratas bien pagados sino en infraestructura productiva que es lo más escaso en México. La renta petrolera se ha dilapidado y, ahora, Felipe Calderón quiere compartirla con unas compañías trasnacionales que, de por sí, están estrangulando al mundo con tasas de retorno de sus inversiones que alcanzan hasta el 20 por ciento anual.

Ni las monarquías árabes (mucho menos las repúblicas) se encuentran en la tesitura de entregar sus riquezas naturales a las compañías extranjeras. ¿Aramco, Nioc, Petronas, Sonatrach, Gazprom, Pdvsa van a entregar yacimientos a los extranjeros? Éstas, junto con Pemex, son las nuevas siete hermanas grandes productoras de crudo y otros hidrocarburos. ¡Qué pequeñez de políticos mexicanos! ¡O qué voracidad corrupta! ¿Las dos cosas?

El viejo Pemex y el nuevo negocio

El gobierno de Felipe Calderón y su partido quieren dos cosas: refinerías privadas y explotación también privada en aguas profundas del Golfo de México. Dicen, sin embargo, que no venderán un solo tornillo de Pemex, pero no es éste el que les interesa, por el momento, sino los nuevos negocios petroleros.

En el PRI se estudia el planteamiento del PAN y, de seguro, si hay acuerdo entre los dos se tendrán que incluir temas colaterales, pues el viejo partido siempre negocia en paquetes confeccionados: nunca da sin recibir algo a cambio.

Durante muchos años, Pemex ha cubierto la mayor parte del déficit gubernamental. Su deuda es en realidad del gobierno. Es la industria petrolera más saqueada de la historia mundial, pero además es la más corrupta. Este es el saldo real.

La reforma de Pemex no le interesa al PAN y tampoco al PRI. Lo que les preocupa es cómo obtener el crudo que se encuentra en el Golfo de México para garantizar una plataforma de producción que sostenga los altos costos de operación del gobierno federal y de los gobiernos de los Estados. Sin embargo, la falta de dinero disponible para invertir de inmediato lleva al planteamiento de compartir las súper ganancias probables de los yacimientos de aguas profundas con dos o tres compañías extranjeras, con el pretexto de que los técnicos de Pemex no saben cómo hacer esa clase de pozos.

En cuanto a la refinación, lo que se busca es reproducir dentro del país el esquema de Deer Park, Texas, donde Shell se asoció con Pemex, seguro proveedor de crudo maya.

En esto consiste el plan privatizador de corto plazo, pero si se empieza con uno o dos aspectos, pronto se seguirá con todo, pues el gobierno no planea disminuir el saqueo de Pemex. Lo que México tiene no es un problema “energético” sino de finanzas públicas con dos nudos: la insuficiencia de ingresos y un desordenado y oneroso gasto operativo gubernamental. Se encuentra también en la lista, naturalmente, la corrupción en Pemex.

Pero si llegaran la British Petroleum y Petrobras a las aguas profundas, México no podría imponerles el mismo régimen fiscal al que está sometido Pemex. Lo mismo podría decirse de la refinación a cargo de nacionales o trasnacionales. Así, con el inicio de la privatización de la industria petrolera, tendríamos dos sistemas fiscales sobre la misma actividad, ya que los inversionistas no vendrían por amor al arte sino a conseguir la misma tasa de utilidad que obtienen en cualquier otro país.

Mas si no se modifica la Constitución no se podrían admitir inversiones privadas en la industria petrolera, no obstante lo cual el PAN plantea que con cambios en la ley sería suficiente, aunque, claro, la Carta Magna va a seguir sirviendo para lo de casi siempre.

El peor negocio del momento es compartir las súper ganancias en la industria más gananciosa del mundo que, por ahora, es la petrolera. ¡Pemex tiene 72 mil millones de dólares de utilidad bruta anual! El precio del hidrocarburo es artificial y, al mismo tiempo, un lastre para la economía mundial en su conjunto. Las ganancias no deberían usarse en sueldos de burócratas bien pagados sino en infraestructura productiva que es lo más escaso en México. La renta petrolera se ha dilapidado y, ahora, Felipe Calderón quiere compartirla con unas compañías trasnacionales que, de por sí, están estrangulando al mundo con tasas de retorno de sus inversiones que alcanzan hasta el 20 por ciento anual.

Ni las monarquías árabes (mucho menos las repúblicas) se encuentran en la tesitura de entregar sus riquezas naturales a las compañías extranjeras. ¿Aramco, Nioc, Petronas, Sonatrach, Gazprom, Pdvsa van a entregar yacimientos a los extranjeros? Éstas, junto con Pemex, son las nuevas siete hermanas grandes productoras de crudo y otros hidrocarburos. ¡Qué pequeñez de políticos mexicanos! ¡O qué voracidad corrupta! ¿Las dos cosas?

miércoles, enero 23, 2008

Súper peso y recesión

Si la balanza comercial llegó en 2007 a un déficit de 11 mil millones de dólares --más de 80 por ciento superior al del año anterior--, a pesar de que el petróleo crudo se cotizó casi en 80 dólares por barril en promedio anual, es que el tipo de cambio está mal. Este concepto no es admitido por el Banco de México ni por el gobierno federal quienes protegen los intereses de los grandes importadores. Pero la realidad es necia.

Si en los últimos años la inflación medida en México ha sido mayor que la de Estados Unidos –excepto 2007--, eso quiere decir que el ritmo devaluatorio mexicano –regido, se dice, por el mercado—está mal. O sea, que el mercado de divisas responde a parámetros no consistentes con los precios relativos entre México y su principal mercado externo que es Estados Unidos. En palabras más sencillas, los precios en México han subido más que en Estados Unidos, excepto en el último año, pero ya existía un rezago, insuperable sin un ajuste de la paridad.

Un peso fuerte, que oscila entre 10.80 y 11.10 pesos por dólar no es lo recomendable para un país como México. Lo mejor, siempre, es ajustar el tipo de cambio según los diferenciales de inflación con los mercados más frecuentes y próximos, de tal manera que las exportaciones mexicanas no se revalúen y las importaciones no se abaraten. Lo que está ocurriendo en este momento es que las compras de mexicanos en el exterior son subsidiadas por la economía nacional, mientras el superávit comercial con Estados Unidos se sostiene sólo en el petróleo que se vende casi todo a ese país.

Pero la débil economía mexicana no está para subsidiar nada; más bien, debería ser un poco subsidiada por nuestros “queridos socios” del norte quienes nos reclaman la “exportación” de personas. El peso mexicano debería tener una relación cambiaria con el dólar que le permitiera a la economía de México una mejor posición en el mercado estadunidense, tal como lo hacen otros países donde las autoridades son inteligentes. Pero los intereses de los grandes importadores –los monopolios de una economía altamente monopolizada—presionan al Banco de México y al gobierno miedoso y conservador de Felipe Calderón para que las cosas no cambien. Piensan algunos que un tipo de cambio realista provocaría una gran inflación interna: olvidan que la economía mexicana es lo bastante abierta para que esto no ocurra por una devaluación conveniente y controlada.

Sudan calenturas del pasado. Viene a su memoria la masiva fuga de divisas de 1994 –el error de diciembre que en realidad fue el de todo ese año—, pero entonces el tipo de cambio había sido sostenido artificialmente por el gobierno de Salinas debido a la proximidad de las elecciones generales. Se les olvida lo principal: recuerdan la pulmonía pero ignoran la bacteria que la causó. Cuando una moneda está sobrevaluada es natural que los poseedores del dinero desconfíen de la misma. Así también, cuando las bolsas caen debido a fuertes ventas de acciones, el dinero se va al efectivo y de ahí a los bonos de renta fija que resultan más seguros. Mas los más seguros de los seguros, aunque la tasa baje para contener la recesión, son los bonos estadunidenses, pero no los mexicanos cuya rentabilidad es mayor.

La crisis que se aproxima será atribuida a la recesión –aún no declarada, por cierto—en Estados Unidos, pero las verdaderas causas serán la baja productividad y la poca competitividad de la economía nacional. Es decir, en buena parte, el súper peso mexicano que ya no aguanta más pero ahí sigue.

jueves, enero 17, 2008

Arenga de Calderón

Dice Felipe Calderón que él está preparado para lo peor, que su especialidad es navegar contra la corriente y que está un poquito emocionado. Vaya. Pero no estaba hablando de él sino de la economía mexicana.

En la conferencia del grupo español Santander, en Acapulco, al que asistió Caderón como para agradecer a la banca extranjera el favor de estar entre nosotros, dijo también que tenemos un gran navío de gran calado. Pero la economía mexicana no es siquiera un yate sino más bien un precario barquito de pesca rivereña. El mercado interno ha crecido con una lentitud tan señalada que sólo muestra que el campo de las inversiones no crece lo suficiente ni siquiera con la frontera abierta hacia el norte. Si en el presente año la economía mexicana crece 2.5 por ciento, habría que agradecérselo a la buena fortuna.

El plan del gobierno es no hacer nada nuevo para impulsar la economía, sino mantener las cosas como están y esperar que no se declare la recesión en Estados Unidos. La idea de abrir la inversión extranjera en petróleo no sólo es un pésimo plan de negocios sino que tampoco podría ser una respuesta para salvar la inminente disminución del ritmo de crecimiento de la economía.

Un país cuyo crecimiento depende tanto del comportamiento del mercado de Estados Unidos no puede tener política económica propia, a menos de que cambie la dirección estratégica e impulse el mercado interno. Pero esto es justamente lo que no se quiere hacer porque se calcula que una modificación del esquema de distribución del ingreso alejaría la inversión extranjera y crearía un boquete en la cuenta de capital.

La confianza de la que habla el grupo Santander consiste en la buena bienvenida que se le ha dado al capital extranjero que domina la banca, pero no hay que olvidar que los bancos comprados ya existían, que no han venido de fuera a crear nada nuevo sino a beneficiarse de políticas de agio permitidas por el gobierno mexicano. Mas esto no hace de la economía ningún navío de gran calado.

La arenga de Calderón no refleja el estado real del país sino que se trata de un discurso para dar el mensaje falso de que México está “preparado para lo peor”, pero ni siquiera lo está para lo mejor y ha dejado pasar años buenos sin despegar como economía productiva y mejorar las remuneraciones de los trabajadores.

No hay salida frente a un buen entorno económico como tampoco lo hay para uno malo. Entonces, si la ortodoxia sigue como programa de rumbo –tal como lo pide el banco español—– no se producirá el crecimiento económico que México podría alcanzar.

jueves, enero 10, 2008

Los Salinas y la partida secreta

Hace unas semanas, el Tribunal Penal Federal de Suiza rechazó una apelación presentada por Paulina Castañón, esposa de Raúl Salinas de Gortari. El propósito del recurso judicial era que se le entregaran a Castañón 130.79 millones de dólares que se encuentran depositados y congelados en una institución bancaria de aquel país.

El Tribunal suizo tomó en cuenta que en México existe un proceso penal abierto en contra de Raúl Salinas en el que se le acusa a éste de haberse apropiado de mucho dinero procedente de la partida secreta que administró Carlos Salinas de Gortari siendo éste el titular del Poder Ejecutivo.

En México, el proceso contra Raúl Salinas lleva varios años y la defensa considera que la partida secreta es tan secreta que no requiere justificación como manda la Constitución para todo gasto público. La naturaleza de la partida secreta está en debate en un proceso penal, de tal suerte que en el territorio judicial se va a decidir si la tal asignación es o no de la propiedad privada del presidente en turno.

En los seis años del poder de Carlos Salinas, la partida secreta ascendió a 845 millones 670 mil 645 dólares, al cambio promedio de cada año. De esta cantidad, Raúl Salinas pudo haber depositado en Suiza 105 millones de dólares. No se sabe el destino de los restantes 740 millones 706 mil 645 dólares, pero su justificación tampoco se encuentra referenciada en las cuentas públicas de los años del sexenio. El manejo de la partida secreta se hizo bajo el criterio de que ésta no debía ser justificada, es decir, que correspondía a gastos del titular del Ejecutivo sin aplicación del precepto constitucional que indica que todo gasto debe justificarse y, de no ser así, “se determinarán las responsabilidades de acuerdo con la Ley”.

Pero existe otro problema. Las partidas secretas del Presupuesto de Egresos de la Federación deben ser empleadas por “los secretarios del despacho correspondiente por acuerdo escrito del Presiente de la República”, según el artículo 74 de la Constitución. Sin embargo, desde la reaparición formal de las partidas secretas en el año de 1982, el titular del Ejecutivo realizó directamente todas las erogaciones. En violación del texto constitucional, la partida secreta fue asignada a la Presidencia de la República y nunca a una secretaría de Estado.

Raúl Salinas recibió dinero de la partida secreta y se lo llevó a Suiza. El llamado hermano incómodo no es un empresario sino que fue por muchos años un servidor público sin fortuna declarada. El Tribunal Penal Federal suizo está a la espera de que el Poder Judicial mexicano resuelva sobre esa cantidad de dinero que, evidentemente, pertenece a México y provino de las contribuciones. Sin embargo, hay jueces que parecen estar de acuerdo con la idea de que la partida secreta es un recurso privado. No sabemos tampoco si Raúl Salinas está ofreciendo dinero a cambio de una sentencia absolutoria. Tampoco nos explicamos por qué está sujeto a proceso sólo quien recibió el dinero pero no quien se lo dio, es decir, Carlos Salinas.

¿Cuánto dinero se embolsó Carlos Salinas desde la partida secreta y a través de qué prestanombres, hermanos o no de este personaje? No lo sabemos. Lo que conocemos es la existencia de esos 105 millones de dólares de Raúl Salinas, los cuales ascienden ya a casi 140. Están en Suiza. El Poder Judicial de México puede rescatar y repatriar esa cantidad, pues las autoridades suizas se encuentran a la espera de la sentencia judicial contra Raúl Salinas y, por tanto, de una definición sobre la propiedad legítima del dinero.

Qué pena da observar que en Suiza el dinero mal habido es asegurado mientras en México no ocurre tal cosa y los ladrones siguen tan campantes gastando los recursos provenientes de los contribuyentes.

jueves, enero 03, 2008

Año nuevo:estancamiento de la economía

En 2008, la economía mexicana va a padecer la misma enfermedad de hace muchos años: el estancamiento. No se trata, como afirman los panegiristas del régimen panista, que el PIB esté creciendo más que la población, por lo cual, dicen, la economía no se encuentra en cero. No, se trata de que el pequeño crecimiento económico por encima del demográfico es un estancamiento desde todos los demás puntos de vista: el país no está progresando, crece menos que cualquier otro semejante.

México se encuentra dentro de una infernal pinza que lo tiene aprisionado: por un lado, el bajo ingreso de la inmensa mayoría de la población trabajadora; por el otro, el trabajo cada más precario y escaso. Parece que la pinza es inevitable desde la perspectiva de una economía relativamente estable que brinda tasas de utilidad muy altas a los sectores monopolistas. El polo de modernidad es pujante pero a costa del otro, el del atraso y la falta de competitividad.

El aumento de la capacidad productiva del trabajo social de un país no debe reducirse a un sector privilegiado, verdadera burbuja de modernidad. México no puede progresar sólo con el impulso de esa pequeña parte de la economía que crece. Tampoco debería hacer depender gran parte de los ingresos públicos del demencial incremento en el precio del petróleo.

El patrón de distribución del ingreso es un factor estructural del estancamiento, por lo que no se limita a ser un asunto de falta de justicia distributiva. El gobierno, por su parte, se ha hecho cada vez más ausente en los esfuerzos para desplegar el gasto productivo y se contenta con mantener cifras altas en la inversión extranjera. Ésta, a su vez, tiene un alto componente de espejismo económico, pues una gran parte no redunda en el incremento de la producción y la productividad sino que se transforma en compras de empresas ya existentes –los bancos y las tiendas, por ejemplo--, mientras los vendedores no emprenden nuevas inversiones domésticas. La salida de regalías y otros pagos seguirán siendo, como es natural, cada vez mayores.

Si el mercado interno crece con lentitud y las exportaciones siguen sometidas al comportamiento de la economía estadunidense, es comprensible que las fluctuaciones tiendan a limitar el crecimiento. Una tasa de inflación mayor que la de Estados Unidos en una economía tan abierta como la mexicana sólo indica la existencia de poderes monopólicos efectivos y un crecimiento por debajo de sus capacidades reales.

Al mismo tiempo, la política cambiaria opera en contra de la competitividad y sólo se sostiene por el temor de una escalada de precios de origen financiero, con lo cual el país subsidia las importaciones y todos los gastos de los mexicanos en el exterior. Al final, el tipo de cambio actual no podrá sostenerse y nadie sabe hoy qué podría pasar con la simple espera de un movimiento financiero espontáneo.

Mientras tanto, la pinza que aprisiona la economía de México se mantiene tan fuerte como antes pero el gobierno aplica la política más conservadora posible encarando la extendida pobreza con el restringido gasto público, es decir, aspirinas para una pulmonía.

Las derechas mexicanas no tienen capacidad para cambiar la política económica y social, o sea, para encabezar un esfuerzo nacional a favor del desarrollo con un nuevo patrón de distribución del ingreso y un nuevo papel del sector público. Su conservadurismo es estrictamente social: sirve para proteger intereses de una minoría sin más mérito que la conservación de los privilegios de ésta. Feliz año nuevo suena como una ironía.