jueves, enero 03, 2008

Año nuevo:estancamiento de la economía

En 2008, la economía mexicana va a padecer la misma enfermedad de hace muchos años: el estancamiento. No se trata, como afirman los panegiristas del régimen panista, que el PIB esté creciendo más que la población, por lo cual, dicen, la economía no se encuentra en cero. No, se trata de que el pequeño crecimiento económico por encima del demográfico es un estancamiento desde todos los demás puntos de vista: el país no está progresando, crece menos que cualquier otro semejante.

México se encuentra dentro de una infernal pinza que lo tiene aprisionado: por un lado, el bajo ingreso de la inmensa mayoría de la población trabajadora; por el otro, el trabajo cada más precario y escaso. Parece que la pinza es inevitable desde la perspectiva de una economía relativamente estable que brinda tasas de utilidad muy altas a los sectores monopolistas. El polo de modernidad es pujante pero a costa del otro, el del atraso y la falta de competitividad.

El aumento de la capacidad productiva del trabajo social de un país no debe reducirse a un sector privilegiado, verdadera burbuja de modernidad. México no puede progresar sólo con el impulso de esa pequeña parte de la economía que crece. Tampoco debería hacer depender gran parte de los ingresos públicos del demencial incremento en el precio del petróleo.

El patrón de distribución del ingreso es un factor estructural del estancamiento, por lo que no se limita a ser un asunto de falta de justicia distributiva. El gobierno, por su parte, se ha hecho cada vez más ausente en los esfuerzos para desplegar el gasto productivo y se contenta con mantener cifras altas en la inversión extranjera. Ésta, a su vez, tiene un alto componente de espejismo económico, pues una gran parte no redunda en el incremento de la producción y la productividad sino que se transforma en compras de empresas ya existentes –los bancos y las tiendas, por ejemplo--, mientras los vendedores no emprenden nuevas inversiones domésticas. La salida de regalías y otros pagos seguirán siendo, como es natural, cada vez mayores.

Si el mercado interno crece con lentitud y las exportaciones siguen sometidas al comportamiento de la economía estadunidense, es comprensible que las fluctuaciones tiendan a limitar el crecimiento. Una tasa de inflación mayor que la de Estados Unidos en una economía tan abierta como la mexicana sólo indica la existencia de poderes monopólicos efectivos y un crecimiento por debajo de sus capacidades reales.

Al mismo tiempo, la política cambiaria opera en contra de la competitividad y sólo se sostiene por el temor de una escalada de precios de origen financiero, con lo cual el país subsidia las importaciones y todos los gastos de los mexicanos en el exterior. Al final, el tipo de cambio actual no podrá sostenerse y nadie sabe hoy qué podría pasar con la simple espera de un movimiento financiero espontáneo.

Mientras tanto, la pinza que aprisiona la economía de México se mantiene tan fuerte como antes pero el gobierno aplica la política más conservadora posible encarando la extendida pobreza con el restringido gasto público, es decir, aspirinas para una pulmonía.

Las derechas mexicanas no tienen capacidad para cambiar la política económica y social, o sea, para encabezar un esfuerzo nacional a favor del desarrollo con un nuevo patrón de distribución del ingreso y un nuevo papel del sector público. Su conservadurismo es estrictamente social: sirve para proteger intereses de una minoría sin más mérito que la conservación de los privilegios de ésta. Feliz año nuevo suena como una ironía.