El IFE que se va
La propuesta de nombrar un nuevo Consejo General del IFE fue presentada desde el 9 de noviembre de 2006 en el Senado, dentro de una iniciativa mucho más amplia para resolver los problemas de la propaganda política en medios electrónicos, el financiamiento de los partidos, las precampañas y otros. Desde entonces, se llevan a cabo negociaciones entre todos los partidos.
Qué triste es mirar al actual consejero presidente del IFE tratar de acorralar al PAN con el argumento de que su propia salida del Instituto significaría avalar que hubo fraude. Ugalde le quiere dar un alfilerazo a los legisladores de Acción Nacional justamente donde se supone que más les duele. Pero, en realidad, el funcionario electoral lo único que busca es quedarse en el cargo.
Es evidente que el árbitro de las contiendas electorales al menos debe tener la aceptación de la mayoría de los partidos, en especial de los más importantes. Así fue diseñado el sistema electoral. Sin embargo, el actual Consejo General nunca contó con el aval del PRD y, pronto, tampoco con el del PRI. Es imposible mantener un árbitro que no dispone de la confianza de los contendientes, pues no estamos en el futbol, y aún en éste es definitivo el desempeño arbitral.
El órgano de dirección del IFE debe integrarse sin cuotas de partidos. El método del cuoteo dio un resultado medianamente aceptable cuando se le otorgó completa independencia al Instituto ya que todos los consejeros fueron aceptados por la totalidad de los partidos, pero en la segunda designación –la de los actuales consejeros—se produjo una imposición en la forma más descarada. Ni siquiera se presentó al pleno de la Cámara de Diputados la currícula de los nominados, la mayoría de los cuales casi nadie conocía. La designación se hizo a través de un decreto de paquete completo, sin la posibilidad de elegir uno por uno, con lo cual se violó la norma parlamentaria de elección de personas.
Es más, la Constitución dice que el procedimiento de elección de los consejeros debe hacerse de conformidad con una ley que expida el Congreso, la cual no existe hasta hoy. Sí, las cámaras han violado su propia legalidad al omitir la aprobación de normas en esta materia.
Cuando las cosas se hacen mal, más pronto que tarde arrojan resultados también malos. Así ha sido. Pero, en lugar de entender esto que es muy sencillo, los consejeros actuales defienden el puesto sin que les importe el país, las contiendas electorales, las disputas por el poder que son cada vez más fuertes.
No se trata de la remoción de los actuales consejeros sino de la caducidad del Consejo General del IFE por efecto de una reforma constitucional del Instituto. Si esto se logra, como es del todo aconsejable, se pondrían nuevas bases de la competencia electoral, pues se trata también de reformar muchos otros aspectos conforme a la experiencia del año 2006.
Qué triste es mirar al actual consejero presidente del IFE tratar de acorralar al PAN con el argumento de que su propia salida del Instituto significaría avalar que hubo fraude. Ugalde le quiere dar un alfilerazo a los legisladores de Acción Nacional justamente donde se supone que más les duele. Pero, en realidad, el funcionario electoral lo único que busca es quedarse en el cargo.
Es evidente que el árbitro de las contiendas electorales al menos debe tener la aceptación de la mayoría de los partidos, en especial de los más importantes. Así fue diseñado el sistema electoral. Sin embargo, el actual Consejo General nunca contó con el aval del PRD y, pronto, tampoco con el del PRI. Es imposible mantener un árbitro que no dispone de la confianza de los contendientes, pues no estamos en el futbol, y aún en éste es definitivo el desempeño arbitral.
El órgano de dirección del IFE debe integrarse sin cuotas de partidos. El método del cuoteo dio un resultado medianamente aceptable cuando se le otorgó completa independencia al Instituto ya que todos los consejeros fueron aceptados por la totalidad de los partidos, pero en la segunda designación –la de los actuales consejeros—se produjo una imposición en la forma más descarada. Ni siquiera se presentó al pleno de la Cámara de Diputados la currícula de los nominados, la mayoría de los cuales casi nadie conocía. La designación se hizo a través de un decreto de paquete completo, sin la posibilidad de elegir uno por uno, con lo cual se violó la norma parlamentaria de elección de personas.
Es más, la Constitución dice que el procedimiento de elección de los consejeros debe hacerse de conformidad con una ley que expida el Congreso, la cual no existe hasta hoy. Sí, las cámaras han violado su propia legalidad al omitir la aprobación de normas en esta materia.
Cuando las cosas se hacen mal, más pronto que tarde arrojan resultados también malos. Así ha sido. Pero, en lugar de entender esto que es muy sencillo, los consejeros actuales defienden el puesto sin que les importe el país, las contiendas electorales, las disputas por el poder que son cada vez más fuertes.
No se trata de la remoción de los actuales consejeros sino de la caducidad del Consejo General del IFE por efecto de una reforma constitucional del Instituto. Si esto se logra, como es del todo aconsejable, se pondrían nuevas bases de la competencia electoral, pues se trata también de reformar muchos otros aspectos conforme a la experiencia del año 2006.