Impuesto empresarial y cómo cobrarlo
Las declaraciones de Agustín Carstens sobre el impuesto sobre la renta empresarial son reveladoras. No es que lo dicho sea algo nuevo, sino que se revela la posición política del gobierno frente al problema. Ahora resulta que las autoridades no pueden cobrar bien el impuesto y, por tanto, recurren a una contribución “flat” con la cual se aplica sin deducciones una tasa fija y mínima, por lo que los evasores ya no podrán evadir tanto.
La situación no podría ser más simpática: el Estado se resigna a que las empresas no le paguen lo debido e inventa un impuesto paralelo al de la renta para recuperarse un poco. Dice Carstens que se elude o evade al menos el 4 por ciento del PIB (cerca de 400 mil millones) y que el nuevo gravamen recuperaría 1.8, es decir, casi la mitad. El mensaje es: de lo que me robas me regresas la mitad y con eso me conformo; o peor: está bien que me robes, pues para eso hemos creado un sistema fiscal, pero ya te mandaste y te voy a fijar un tope. Peor discurso es difícil.
El gobierno nos está diciendo que no quiere o no puede hacer que se cumpla la legislación fiscal en materia de renta empresarial, pero va a combatir la elusión y la evasión con un nuevo impuesto, acreditable --claro está-- al de la renta, pero sin que el pago de este último pudiera llevar a disminuir la contribución de tasa única.
Hay otra manera de ver el asunto. El impuesto “flat” es un medio para eliminar la progresividad del impuesto sobre la renta y simplificar su administración. En realidad, el gobierno quiere el “flat” pero no se atreve a plantearlo como algo único puesto que, como éste no es progresivo, caería sobre el país una tormenta política. En cambio, con la mixtura de un “flat” de control, para combatir la evasión, manteniendo el impuesto sobre la renta, no se puede decir que se ha eliminado la progresividad impositiva, aunque en la práctica –para muchos—sí se acabaría, pues no pagarían en los hechos más que el “flat”, el cual es una tasa mínima sin devoluciones.
Hay una tercera forma de ver este problema: si no hay mayoría política para hacer pagar a cada quien lo que debiera de manera progresiva, la mezcla del “flat” y el viejo impuesto sobre la renta habrá de lograr que contribuyan muchos de los que ni siquiera pagan el equivalente a una tasa de 19 por ciento sobre el remanente entre ingresos y gastos. Mas el único móvil de quienes así pudieran analizar el asunto sería una buena respuesta a las preguntas de en qué se va a utilizar el nuevo ingreso fiscal y en cuánto se van a disminuir los egresos corrientes del gobierno federal. Esto llevaría el asunto al terreno del gasto. Si no hay acuerdo en este aspecto, no lo habrá en ningún otro.
En cuanto a incrementar el impuesto a las gasolinas, como dádiva de la Federación a las entidades federativas, hay que decir que es una insensatez, pues se trata de un aumento injusto y, además, directamente inflacionario. Cuando las gasolinas deberían bajar de precio, algunos las quieren encarecer. No.
La situación no podría ser más simpática: el Estado se resigna a que las empresas no le paguen lo debido e inventa un impuesto paralelo al de la renta para recuperarse un poco. Dice Carstens que se elude o evade al menos el 4 por ciento del PIB (cerca de 400 mil millones) y que el nuevo gravamen recuperaría 1.8, es decir, casi la mitad. El mensaje es: de lo que me robas me regresas la mitad y con eso me conformo; o peor: está bien que me robes, pues para eso hemos creado un sistema fiscal, pero ya te mandaste y te voy a fijar un tope. Peor discurso es difícil.
El gobierno nos está diciendo que no quiere o no puede hacer que se cumpla la legislación fiscal en materia de renta empresarial, pero va a combatir la elusión y la evasión con un nuevo impuesto, acreditable --claro está-- al de la renta, pero sin que el pago de este último pudiera llevar a disminuir la contribución de tasa única.
Hay otra manera de ver el asunto. El impuesto “flat” es un medio para eliminar la progresividad del impuesto sobre la renta y simplificar su administración. En realidad, el gobierno quiere el “flat” pero no se atreve a plantearlo como algo único puesto que, como éste no es progresivo, caería sobre el país una tormenta política. En cambio, con la mixtura de un “flat” de control, para combatir la evasión, manteniendo el impuesto sobre la renta, no se puede decir que se ha eliminado la progresividad impositiva, aunque en la práctica –para muchos—sí se acabaría, pues no pagarían en los hechos más que el “flat”, el cual es una tasa mínima sin devoluciones.
Hay una tercera forma de ver este problema: si no hay mayoría política para hacer pagar a cada quien lo que debiera de manera progresiva, la mezcla del “flat” y el viejo impuesto sobre la renta habrá de lograr que contribuyan muchos de los que ni siquiera pagan el equivalente a una tasa de 19 por ciento sobre el remanente entre ingresos y gastos. Mas el único móvil de quienes así pudieran analizar el asunto sería una buena respuesta a las preguntas de en qué se va a utilizar el nuevo ingreso fiscal y en cuánto se van a disminuir los egresos corrientes del gobierno federal. Esto llevaría el asunto al terreno del gasto. Si no hay acuerdo en este aspecto, no lo habrá en ningún otro.
En cuanto a incrementar el impuesto a las gasolinas, como dádiva de la Federación a las entidades federativas, hay que decir que es una insensatez, pues se trata de un aumento injusto y, además, directamente inflacionario. Cuando las gasolinas deberían bajar de precio, algunos las quieren encarecer. No.