López Dóriga: el psicoanálisis del PRD
López Dóriga se lanza contra el PRD bajo la consigna panista de que ese partido tiene la misma política que el monstruo preferido del momento, Hugo Chávez. Dice: “En el fondo de este apoyo del PRD a Chávez en el cierre de un canal de televisión hay un deseo oculto de hacer lo mismo en México” (Milenio, 30 de mayo de 2007).
Después del psicoanálisis lopezdorigano, aplicado sin rubor a todo un partido político, lo único que queda en claro es el afán de ocultar lo inocultable: en México existe un duopolio de la televisión y el más fuerte componente sigue siendo Televisa, empresa en la que trabaja como empleado destacadísimo precisamente López Dóriga.
Lo que yo declaré a un diario capitalino es que el PRD no tiene una postura oficial frente a la no renovación de la concesión del canal venezolano, lo cual no fue publicado. Expresé también mi punto de vista de que si la libertad de expresión depende de tener una concesión de televisión, entonces casi toda la humanidad carece de tal libertad, pues sólo unos cuantos en el mundo tienen su propio canal; los demás, les miramos y les escuchamos. Digo ahora, además, que el asunto es de carácter político, es parte de una larga lucha que tiene lugar en aquel país, y no se puede considerar como una violación de derechos humanos, pues ser concesionario y enriquecerse con el disfrute de un bien público no está ni podrá estar jamás en la lista de derechos de los seres humanos.
Declaré también a aquel diario que el gobierno venezolano pudo haber cancelado legalmente la concesión luego del fracaso del golpe de Estado en 2002, lo que nos habla de un problema de sencilla correlación de fuerzas políticas, pues la ahora muy famosa Radio Caracas Televisión violó entonces la Constitución y las leyes de ese país sin que se le sancionara y sin que, por lo menos, fuera criticada por sus hermanas del continente, las cuales, por cierto, también apoyaron el frustrado golpe.
López Dóriga no gana gran cosa con decir que el PRD apoya a Chávez y que ese partido quiere quitar a Televisa sus muchas y valiosas concesiones. Esta es una tarea del PAN y es lo que piensa su propio patrón, el dueño, quien lo seguirá pensando, aunque sea enteramente falso. Lo que el PRD busca es acabar con el duopolio de la televisión mexicana, que se otorguen muchas nuevas concesiones de televisión, que se puedan abrir canales en condominio entre sociedades dedicadas a diversas expresiones periodísticas y artísticas. México es mucho más plural que dos empresas.
Pero hay algo más de fondo. Los concesionarios consideran que el espacio radio eléctrico que se les ha permitido usar es de su propiedad. Muchos otros mexicanos sostenemos –como lo señala la Constitución-- que se trata de un bien del dominio público que no puede prescribir ni se puede concesionar para siempre. Por ello mismo, el PRD ha propuesto que las concesiones no las otorgue el gobierno sino un organismo estatal independiente, bajo normas muy claras, y que las multas y revocaciones se ventilen en tribunales ordinarios.
Sería mejor que López Dóriga nos dijera, sin psicoanálisis, lo que opina de Televisa y de Azteca, del duopolio, del sistema electoral que permite la compra de spots muy caros con dineros que, a fin de cuentas, provienen de la nación. Que nos diga qué son y qué justifica los poderes fácticos. Este es un tema de la democracia que se debate en el mundo entero, menos en Televisa y Azteca, claro está.
Después del psicoanálisis lopezdorigano, aplicado sin rubor a todo un partido político, lo único que queda en claro es el afán de ocultar lo inocultable: en México existe un duopolio de la televisión y el más fuerte componente sigue siendo Televisa, empresa en la que trabaja como empleado destacadísimo precisamente López Dóriga.
Lo que yo declaré a un diario capitalino es que el PRD no tiene una postura oficial frente a la no renovación de la concesión del canal venezolano, lo cual no fue publicado. Expresé también mi punto de vista de que si la libertad de expresión depende de tener una concesión de televisión, entonces casi toda la humanidad carece de tal libertad, pues sólo unos cuantos en el mundo tienen su propio canal; los demás, les miramos y les escuchamos. Digo ahora, además, que el asunto es de carácter político, es parte de una larga lucha que tiene lugar en aquel país, y no se puede considerar como una violación de derechos humanos, pues ser concesionario y enriquecerse con el disfrute de un bien público no está ni podrá estar jamás en la lista de derechos de los seres humanos.
Declaré también a aquel diario que el gobierno venezolano pudo haber cancelado legalmente la concesión luego del fracaso del golpe de Estado en 2002, lo que nos habla de un problema de sencilla correlación de fuerzas políticas, pues la ahora muy famosa Radio Caracas Televisión violó entonces la Constitución y las leyes de ese país sin que se le sancionara y sin que, por lo menos, fuera criticada por sus hermanas del continente, las cuales, por cierto, también apoyaron el frustrado golpe.
López Dóriga no gana gran cosa con decir que el PRD apoya a Chávez y que ese partido quiere quitar a Televisa sus muchas y valiosas concesiones. Esta es una tarea del PAN y es lo que piensa su propio patrón, el dueño, quien lo seguirá pensando, aunque sea enteramente falso. Lo que el PRD busca es acabar con el duopolio de la televisión mexicana, que se otorguen muchas nuevas concesiones de televisión, que se puedan abrir canales en condominio entre sociedades dedicadas a diversas expresiones periodísticas y artísticas. México es mucho más plural que dos empresas.
Pero hay algo más de fondo. Los concesionarios consideran que el espacio radio eléctrico que se les ha permitido usar es de su propiedad. Muchos otros mexicanos sostenemos –como lo señala la Constitución-- que se trata de un bien del dominio público que no puede prescribir ni se puede concesionar para siempre. Por ello mismo, el PRD ha propuesto que las concesiones no las otorgue el gobierno sino un organismo estatal independiente, bajo normas muy claras, y que las multas y revocaciones se ventilen en tribunales ordinarios.
Sería mejor que López Dóriga nos dijera, sin psicoanálisis, lo que opina de Televisa y de Azteca, del duopolio, del sistema electoral que permite la compra de spots muy caros con dineros que, a fin de cuentas, provienen de la nación. Que nos diga qué son y qué justifica los poderes fácticos. Este es un tema de la democracia que se debate en el mundo entero, menos en Televisa y Azteca, claro está.