Irak: imposible victoria
El presidente de Estados Unidos tiene un serio problema debido a la guerra en Irak. El problema no es con su Congreso, ni siquiera con su pueblo, sino con la realidad. ¿A qué fue Bush a Irak? Él dice que a combatir a los enemigos de Estados Unidos, palabras fuertes ante un auditorio que se siente perseguido por extranjeros, especialmente musulmanes.
Pero no. El gobierno despótico de Hussein no era un riesgo para Estados Unidos, sino sólo para algunos de sus vecinos. En Irak no operaba Al Qaeda, pues en ese país, bajo Hussein, no volaba una mosca sin permiso del dictador. Ahora, sin embargo, bajo la ocupación militar de Estados Unidos y Gran Bretaña –omito a los demás gobiernos comparsas--, el grupo terrorista que derribó las torres gemelas de Nueva York opera en Irak como en su casa y se ha expandido hacia otros países árabes sin contar España, el cual también lo fue alguna vez.
El saldo de la invasión de Irak es espeluznante. Fuera de la caída de Hussein –nadie pudo protestar--, la situación no podría ser peor. Dicen que doscientos mil irakíes han muerto; más de un millón –o dos o tres-- ha emigrado; chiítas y sunitas están metidos en una guerra estúpida; estallan bombas todos los días y nadie quiere, en Irak, la ocupación militar más que el gobierno títere de Nuri al-Maliki quien no puede decir otra cosa. La cuarta parte del parlamento irakí, la gente del líder chiita Moqtada al-Sadr, se ha desprendido del gobierno debido a que no hay fecha fijada para el retiro de las tropas invasoras.
Estados Unidos no necesitaba el petróleo de Irak ni tampoco alguna otra cosa. El presidente de Estados Unidos mandó sus tropas a ese país árabe para hacer lo que su padre no hizo: ir más allá de la frontera de Kuwait, reconquistado por EU en la Guerra del Golfo. Este singular personaje de nuestros días tuvo el apoyo de los legisladores demócratas cuando inventó que el dictador de Irak tenía armas de destrucción masiva que amenazaban a su país –agredido el once de septiembre por otros que no eran los de Hussein—, por lo que el déspota debía ser derrocado mediante el uso de las armas de “nuestros muchachos” y, posteriormente, llevado a la horca.
Pues bien, los “muchachos” de Bush no saben ni contra quien están combatiendo, mientras que la mayoría de los estadunidenses –orgullosos de sus “muchachos”—ya no le cree nada a su propio presidente. La guerra de Irak es contra Irak, muévase quien se mueva, pero no es contra unos supuestos enemigos de Estados Unidos. Entonces, los demócratas, quienes dieron su voto para financiar la guerra, quieren seguir haciéndolo siempre que el clarín toque retirada antes de que asuma el nuevo presidente de su país. Pero Bush ya los acusó de actuar a favor de los enemigos de ese gran país.
Los demócratas—cómplices del absurdo—ya no creen en los absurdos de Bush, pero tienen que apoyar a “nuestros muchachos” –léase: el poder militar de Estados Unidos—y en tanto eso ocurre –yo opino--- van a ceder ante el chantaje de Bush y, por tanto, se van a convertir, otra vez, en cómplices de una locura.
La cuestión tiene dos vertientes: EU no tiene la capacidad económica suficiente para mantener su poderío militar como único elemento determinante en el mundo; además, la ocupación de Irak carece de objetivos racionales desde el punto de vista del sistema, es decir, no hay botín posible y, por tanto, no puede ser presentada como una nueva cruzada ni tampoco como parte de la lucha esencial contra el comunismo. Si no hay botín y no hay objetivo estratégico, no hay guerra que se justifique. Por esto, se trata de una locura inercial, la cual no puede ser sostenida más que para defender el prestigio de Estados Unidos en el mundo entero.
Pero ha sucedido que ese prestigio no se ha acreditado y que Estados Unidos ha quedado en ridículo, mas no como potencia derrotada –lo cual no sería nuevo--, sino como potencia que se deja llevar por la locura de su propio presidente, el cual es un idólatra de la violencia pero no un estratega mundial y ni siquiera un estadista, como los que ha tenido ese país a lo largo de su historia.
La Casa Blanca ha dicho que el presidente Bush está “horrorizado” con la matanza de estudiantes en Virginia, mas cualquiera lo está también por las matanzas diarias en Irak, en las que, además, a veces caen jóvenes estadunidenses.
Estados Unidos no alcanzó la victoria en Cuba y fue derrotado totalmente en Viet Nam. El récord no era malo si consideramos la larga lista de conflictos bélicos en los que EU se ha visto involucrado y los dos millones de kilómetros cuadrados arrebatados a México mediante la guerra. Hoy, ese país se encuentra hundido en un conflicto absurdo, sin objetivos y sin salida: no puede conquistar la victoria y no puede tampoco alcanzar la derrota. Los congresistas demócratas quieren un plazo; Bush se los niega. Al final, habrá dinero para la guerra sin plazo alguno, con la simple promesa de Bush de alcanzar una inalcanzable victoria tan luego como sea posible. Pero, ¿para quién sería la imposible victoria?
Pero no. El gobierno despótico de Hussein no era un riesgo para Estados Unidos, sino sólo para algunos de sus vecinos. En Irak no operaba Al Qaeda, pues en ese país, bajo Hussein, no volaba una mosca sin permiso del dictador. Ahora, sin embargo, bajo la ocupación militar de Estados Unidos y Gran Bretaña –omito a los demás gobiernos comparsas--, el grupo terrorista que derribó las torres gemelas de Nueva York opera en Irak como en su casa y se ha expandido hacia otros países árabes sin contar España, el cual también lo fue alguna vez.
El saldo de la invasión de Irak es espeluznante. Fuera de la caída de Hussein –nadie pudo protestar--, la situación no podría ser peor. Dicen que doscientos mil irakíes han muerto; más de un millón –o dos o tres-- ha emigrado; chiítas y sunitas están metidos en una guerra estúpida; estallan bombas todos los días y nadie quiere, en Irak, la ocupación militar más que el gobierno títere de Nuri al-Maliki quien no puede decir otra cosa. La cuarta parte del parlamento irakí, la gente del líder chiita Moqtada al-Sadr, se ha desprendido del gobierno debido a que no hay fecha fijada para el retiro de las tropas invasoras.
Estados Unidos no necesitaba el petróleo de Irak ni tampoco alguna otra cosa. El presidente de Estados Unidos mandó sus tropas a ese país árabe para hacer lo que su padre no hizo: ir más allá de la frontera de Kuwait, reconquistado por EU en la Guerra del Golfo. Este singular personaje de nuestros días tuvo el apoyo de los legisladores demócratas cuando inventó que el dictador de Irak tenía armas de destrucción masiva que amenazaban a su país –agredido el once de septiembre por otros que no eran los de Hussein—, por lo que el déspota debía ser derrocado mediante el uso de las armas de “nuestros muchachos” y, posteriormente, llevado a la horca.
Pues bien, los “muchachos” de Bush no saben ni contra quien están combatiendo, mientras que la mayoría de los estadunidenses –orgullosos de sus “muchachos”—ya no le cree nada a su propio presidente. La guerra de Irak es contra Irak, muévase quien se mueva, pero no es contra unos supuestos enemigos de Estados Unidos. Entonces, los demócratas, quienes dieron su voto para financiar la guerra, quieren seguir haciéndolo siempre que el clarín toque retirada antes de que asuma el nuevo presidente de su país. Pero Bush ya los acusó de actuar a favor de los enemigos de ese gran país.
Los demócratas—cómplices del absurdo—ya no creen en los absurdos de Bush, pero tienen que apoyar a “nuestros muchachos” –léase: el poder militar de Estados Unidos—y en tanto eso ocurre –yo opino--- van a ceder ante el chantaje de Bush y, por tanto, se van a convertir, otra vez, en cómplices de una locura.
La cuestión tiene dos vertientes: EU no tiene la capacidad económica suficiente para mantener su poderío militar como único elemento determinante en el mundo; además, la ocupación de Irak carece de objetivos racionales desde el punto de vista del sistema, es decir, no hay botín posible y, por tanto, no puede ser presentada como una nueva cruzada ni tampoco como parte de la lucha esencial contra el comunismo. Si no hay botín y no hay objetivo estratégico, no hay guerra que se justifique. Por esto, se trata de una locura inercial, la cual no puede ser sostenida más que para defender el prestigio de Estados Unidos en el mundo entero.
Pero ha sucedido que ese prestigio no se ha acreditado y que Estados Unidos ha quedado en ridículo, mas no como potencia derrotada –lo cual no sería nuevo--, sino como potencia que se deja llevar por la locura de su propio presidente, el cual es un idólatra de la violencia pero no un estratega mundial y ni siquiera un estadista, como los que ha tenido ese país a lo largo de su historia.
La Casa Blanca ha dicho que el presidente Bush está “horrorizado” con la matanza de estudiantes en Virginia, mas cualquiera lo está también por las matanzas diarias en Irak, en las que, además, a veces caen jóvenes estadunidenses.
Estados Unidos no alcanzó la victoria en Cuba y fue derrotado totalmente en Viet Nam. El récord no era malo si consideramos la larga lista de conflictos bélicos en los que EU se ha visto involucrado y los dos millones de kilómetros cuadrados arrebatados a México mediante la guerra. Hoy, ese país se encuentra hundido en un conflicto absurdo, sin objetivos y sin salida: no puede conquistar la victoria y no puede tampoco alcanzar la derrota. Los congresistas demócratas quieren un plazo; Bush se los niega. Al final, habrá dinero para la guerra sin plazo alguno, con la simple promesa de Bush de alcanzar una inalcanzable victoria tan luego como sea posible. Pero, ¿para quién sería la imposible victoria?