Discutir sobre el aborto
El debate sobre el aborto debería centrarse en la realidad. Hay que decirlo: en México no está penado el aborto. No sólo porque nadie persigue los abortos ilícitos sino porque es imposible hacerlo. El Código Penal Federal y los de la mayoría de las entidades federativas permiten el aborto –en cualquier momento de la gestación—si se considera que la vida de la mujer está en peligro y eso siempre puede decirse –y se dice-- de cualquier aborto voluntario.
Pero este permiso para abortar tiene sus problemas. Como el médico tiene que mentir en relación a la causa del aborto, entonces cobra más. Aquí empiezan los problemas de la realidad: mujeres que no tienen dinero para pagar un aborto bien realizado, recuren a cualquier persona para llevarlo a cabo con consecuencias funestas. Tenemos adolescentes y madres de familia que se ven afectadas en su salud o mueren debido a que el aborto en México está pensado para quienes tienen dinero, pero no para las mujeres pobres.
Dos preguntas: ¿por qué quienes se oponen a los cambios en la legislación en materia de aborto no nos explican sus motivos para no cuestionar lo que hoy permiten los códigos penales? ¿Por qué están a favor de que cualquier mujer pueda abortar en un hospital si tiene dinero para pagar y no se preocupan por quienes no pueden pagar y sufren las consecuencias?
No podemos seguir bajo esa hipocresía. El PAN declara que está a favor de la vida, pero también está de acuerdo con que se realicen abortos pagados, en cualquier momento de la gestación, siempre que los hospitales públicos no puedan realizarlos a personas de escasos recursos antes de las doce semanas del embarazo.
Desde 1931 tenemos normas para realizar abortos en hospitales y clínicas privadas, siempre que un médico y acaso dos, firmen un papel que diga que la mujer se encontraba en peligro de morir. Nadie ha protestado por esta norma que permite toda clase de abortos más allá de las doce semanas de gestación. El Vaticano, el Episcopado y las iglesias evangélicas nunca han pedido que se deroguen las normas vigentes en esta materia. Ahora, cuando se busca que el mismo derecho a abortar lo tengan las mujeres pobres, la protesta se anticipa con el argumento de que abortar es asesinar. Cuando alguien de dinero aborta, entonces nadie dice que asesinó, sino que la ley se cumplió. Basta.
La discusión no es de carácter religioso ni tiene nada que ver la hipócrita dizque defensa de la vida, sino que es de carácter social: tenemos leyes para los pudientes pero que afectan gravemente a los pobres. Este es el debate y así deberíamos darlo, con sinceridad y valentía.
Pero este permiso para abortar tiene sus problemas. Como el médico tiene que mentir en relación a la causa del aborto, entonces cobra más. Aquí empiezan los problemas de la realidad: mujeres que no tienen dinero para pagar un aborto bien realizado, recuren a cualquier persona para llevarlo a cabo con consecuencias funestas. Tenemos adolescentes y madres de familia que se ven afectadas en su salud o mueren debido a que el aborto en México está pensado para quienes tienen dinero, pero no para las mujeres pobres.
Dos preguntas: ¿por qué quienes se oponen a los cambios en la legislación en materia de aborto no nos explican sus motivos para no cuestionar lo que hoy permiten los códigos penales? ¿Por qué están a favor de que cualquier mujer pueda abortar en un hospital si tiene dinero para pagar y no se preocupan por quienes no pueden pagar y sufren las consecuencias?
No podemos seguir bajo esa hipocresía. El PAN declara que está a favor de la vida, pero también está de acuerdo con que se realicen abortos pagados, en cualquier momento de la gestación, siempre que los hospitales públicos no puedan realizarlos a personas de escasos recursos antes de las doce semanas del embarazo.
Desde 1931 tenemos normas para realizar abortos en hospitales y clínicas privadas, siempre que un médico y acaso dos, firmen un papel que diga que la mujer se encontraba en peligro de morir. Nadie ha protestado por esta norma que permite toda clase de abortos más allá de las doce semanas de gestación. El Vaticano, el Episcopado y las iglesias evangélicas nunca han pedido que se deroguen las normas vigentes en esta materia. Ahora, cuando se busca que el mismo derecho a abortar lo tengan las mujeres pobres, la protesta se anticipa con el argumento de que abortar es asesinar. Cuando alguien de dinero aborta, entonces nadie dice que asesinó, sino que la ley se cumplió. Basta.
La discusión no es de carácter religioso ni tiene nada que ver la hipócrita dizque defensa de la vida, sino que es de carácter social: tenemos leyes para los pudientes pero que afectan gravemente a los pobres. Este es el debate y así deberíamos darlo, con sinceridad y valentía.