Españolismo y terrorrismo
El leve debate entre Calderón y Espino, sobre si el gobierno español de Zapatero ha actuado bien o mal en el grave problema del terrorismo, deja ver apenas las divergencias que hubo entre el Partido Popular y el Partido Socialista sobre las posibilidades –ya extinguidas—de un acuerdo con ETA para poner fin a la violencia terrorista y atender de alguna manera el problema histórico del derecho de autodeterminación del pueblo vasco.
Calderón ha respaldado a Zapatero, como éste lo hizo con él en el asunto de la legitimidad del resultado de la reciente elección presidencial en México. El mexicano tuvo que llevarle la contraria a sus socios del PP y a sus compañeros del PAN para obtener un buen saldo con el gobierno español.
La decisión de abrir un cauce de diálogo con ETA, después del anuncio del cese de los actos de terrorismo, fue correcta. El boicot contra tal iniciativa, operada desde el interior de la misma ETA, con el atentado en Barajas, no debería verse sino como un episodio de un problema demasiado complejo. No es sencillo dialogar con terroristas pero muchos gobiernos lo han hecho. Ahora mismo, así lo anuncia el presidente de Afganistán, impuesto y sostenido por Estados Unidos.
El españolismo (presente en los principales partidos españoles) no está dispuesto a admitir lo que Gran Bretaña aceptó en Irlanda del Norte y ni siquiera reconoce a Batasuna como partido legítimo dentro de la sociedad vasca. España nunca admitió de buen grado que sus dominios se le separaran. El pueblo de Euskadi debería tener derecho a decidir por sí mismo, como todos los pueblos del mundo. El terrorismo es una expresión canallesca de la aspiración a ese derecho, pero lo que está en el fondo no es la violencia sino el derecho.
La derecha española no admite la mínima vía para conversar con los violentos, pero el españolismo va mucho más allá: no admite el tema del derecho de autodecisión nacional del pueblo vasco. Y, ahora, ni siquiera admite que Ibarretxe pueda conversar con Otegi, pues cada día se quiere criminalizar más la actividad política de las organizaciones vascas. El terrorismo se alza con una victoria cuando el gobierno de Zapatero se arrepiente de haber intentado ciertos y lejanos contactos con los etarras y profundiza la persecución de los vascos que reivindican el derecho de Euzkadi a la autodeterminación.
Los terroristas que no quieren el menor diálogo ya se han impuesto y han acorralado a Zapatero, pues lo conducen a realizar gestos grotescos que lo único que provocan es llevar al terreno político institucional un acto de terrorismo. Eso mismo quiere el PP: callejón sin salida; guerra a muerte contra los independentistas vascos. Así nunca se ha arreglado ningún problema.
Calderón ha respaldado a Zapatero, como éste lo hizo con él en el asunto de la legitimidad del resultado de la reciente elección presidencial en México. El mexicano tuvo que llevarle la contraria a sus socios del PP y a sus compañeros del PAN para obtener un buen saldo con el gobierno español.
La decisión de abrir un cauce de diálogo con ETA, después del anuncio del cese de los actos de terrorismo, fue correcta. El boicot contra tal iniciativa, operada desde el interior de la misma ETA, con el atentado en Barajas, no debería verse sino como un episodio de un problema demasiado complejo. No es sencillo dialogar con terroristas pero muchos gobiernos lo han hecho. Ahora mismo, así lo anuncia el presidente de Afganistán, impuesto y sostenido por Estados Unidos.
El españolismo (presente en los principales partidos españoles) no está dispuesto a admitir lo que Gran Bretaña aceptó en Irlanda del Norte y ni siquiera reconoce a Batasuna como partido legítimo dentro de la sociedad vasca. España nunca admitió de buen grado que sus dominios se le separaran. El pueblo de Euskadi debería tener derecho a decidir por sí mismo, como todos los pueblos del mundo. El terrorismo es una expresión canallesca de la aspiración a ese derecho, pero lo que está en el fondo no es la violencia sino el derecho.
La derecha española no admite la mínima vía para conversar con los violentos, pero el españolismo va mucho más allá: no admite el tema del derecho de autodecisión nacional del pueblo vasco. Y, ahora, ni siquiera admite que Ibarretxe pueda conversar con Otegi, pues cada día se quiere criminalizar más la actividad política de las organizaciones vascas. El terrorismo se alza con una victoria cuando el gobierno de Zapatero se arrepiente de haber intentado ciertos y lejanos contactos con los etarras y profundiza la persecución de los vascos que reivindican el derecho de Euzkadi a la autodeterminación.
Los terroristas que no quieren el menor diálogo ya se han impuesto y han acorralado a Zapatero, pues lo conducen a realizar gestos grotescos que lo único que provocan es llevar al terreno político institucional un acto de terrorismo. Eso mismo quiere el PP: callejón sin salida; guerra a muerte contra los independentistas vascos. Así nunca se ha arreglado ningún problema.