Salario estudiantil
Estudiar es un trabajo y, como tal, debe ser remunerado. Los sistemas de becas en nuestro país han sido hasta ahora escasos y estrechos. En el fondo, el Estado no ha querido reconocer el carácter laboral de la actividad estudiantil y presenta las becas como una especie de beneficencia oficial.
En la Ciudad de México se ha iniciado un programa de apoyos a los estudiantes de bachillerato con carácter universal, es decir, para todos, con excepción de quienes ya tienen otra beca, naturalmente. No se trata de un nuevo y pequeño sistema de becarios sino de algo que considera los emolumentos estudiantiles como un derecho social. Mas se trata sólo de un inicio.
Las becas para todos deben ser del equivalente a un salario mínimo y llevarse también a los estudiantes de educación superior. Además, el sistema debería establecerse en una ley, tal como se ha hecho con la pensión alimentaria a favor de todos los adultos mayores de la Ciudad de México.
Algunos van a señalar que estos apoyos a los estudiantes tienen un carácter electorero; otros dirán que es populismo (cualquier cosa que tal palabra signifique). Pero los críticos no estarán más que evidenciando una ideología reaccionaria que considera que la educación debe ser pagada por las familias y no por el Estado. El liberalismo que hace recaer en cada persona todo el costo de su educación no es más que reaccionario, es decir, quiere llevar las cosas a como eran en el siglo XVIII.
El Estado social debería ser un objetivo mexicano aún cuando este tren se nos pasó durante el siglo XX: he aquí uno de los puntos centrales de la confrontación política de los días que corren en México. Las derechas no quieren el Estado social; la mayoría de las izquierdas lo plantean como objetivo central de la lucha política.
La idea derechista de la igualdad de oportunidades --ahí está la escuela, úsala si puedes-- es la versión contraria del Estado social --la educación es un derecho exigible por todos--, y entre ambos planteamientos no existe en realidad reconciliación posible. Lo que tenemos hoy en el mundo son estados sociales en retroceso, aplastados por las derechas liberales, algunas moderadas, otras agresivas. Esta situación ha venido realzando la importancia de la política social, pero en el plano de un Estado con tal característica.
En México, donde ningún cambio radical se ha realizado en muchas décadas, la política social debe enderezarse hacia una transformación del carácter del Estado y no como paliativo de la pésima distribución del ingreso. El nuevo sistema de apoyos a los estudiantes en el Distrito Federal se inscribe en la lucha a favor del Estado social, aunque sólo sea por la reivindicación del derecho a la educación y el carácter universal de las becas: ley de los débiles o de los hasta ahora vencidos.
En la Ciudad de México se ha iniciado un programa de apoyos a los estudiantes de bachillerato con carácter universal, es decir, para todos, con excepción de quienes ya tienen otra beca, naturalmente. No se trata de un nuevo y pequeño sistema de becarios sino de algo que considera los emolumentos estudiantiles como un derecho social. Mas se trata sólo de un inicio.
Las becas para todos deben ser del equivalente a un salario mínimo y llevarse también a los estudiantes de educación superior. Además, el sistema debería establecerse en una ley, tal como se ha hecho con la pensión alimentaria a favor de todos los adultos mayores de la Ciudad de México.
Algunos van a señalar que estos apoyos a los estudiantes tienen un carácter electorero; otros dirán que es populismo (cualquier cosa que tal palabra signifique). Pero los críticos no estarán más que evidenciando una ideología reaccionaria que considera que la educación debe ser pagada por las familias y no por el Estado. El liberalismo que hace recaer en cada persona todo el costo de su educación no es más que reaccionario, es decir, quiere llevar las cosas a como eran en el siglo XVIII.
El Estado social debería ser un objetivo mexicano aún cuando este tren se nos pasó durante el siglo XX: he aquí uno de los puntos centrales de la confrontación política de los días que corren en México. Las derechas no quieren el Estado social; la mayoría de las izquierdas lo plantean como objetivo central de la lucha política.
La idea derechista de la igualdad de oportunidades --ahí está la escuela, úsala si puedes-- es la versión contraria del Estado social --la educación es un derecho exigible por todos--, y entre ambos planteamientos no existe en realidad reconciliación posible. Lo que tenemos hoy en el mundo son estados sociales en retroceso, aplastados por las derechas liberales, algunas moderadas, otras agresivas. Esta situación ha venido realzando la importancia de la política social, pero en el plano de un Estado con tal característica.
En México, donde ningún cambio radical se ha realizado en muchas décadas, la política social debe enderezarse hacia una transformación del carácter del Estado y no como paliativo de la pésima distribución del ingreso. El nuevo sistema de apoyos a los estudiantes en el Distrito Federal se inscribe en la lucha a favor del Estado social, aunque sólo sea por la reivindicación del derecho a la educación y el carácter universal de las becas: ley de los débiles o de los hasta ahora vencidos.

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