Perverso juego con el presupuesto
Los errores en el Presupuesto de Egresos son frecuentes. Al cambiar una parte debe cambiarse otra y, a veces, muchas. Pero no son los errores el problema sino el juego perverso del Ejecutivo que tiende a repetirse año con año.
Ya es costumbre que el proyecto de gastos se presente con subestimaciones de ingresos, con erogaciones en ceros y con rebajas a programas muy importantes. Lo que se busca con esto es que la Cámara de Diputados aumente la estimación de ingresos y destine la diferencia a cubrir insuficiencias de la propuesta del Ejecutivo. Así, la mayor cantidad de ingresos incrementados por los legisladores se tiene que usar en programas como el llamado fortalecimiento de las entidades federativas, el cual llega en cero pero no puede cancelarse debido a que sus dotaciones ya están incorporadas en los gastos de todos los estados y el Distrito Federal.
Lo mismo ha ocurrido con las universidades públicas, a las cuales no se les debe disminuir los subsidios por parte de la Cámara, a menos que se busque una crisis mucho mayor de la enseñanza superior. Pero también es el gasto en cultura, en investigación, en el campo, en las comunicaciones, etcétera. De esta suerte, los diputados se las ven negras para tapar los grandes huecos que el Ejecutivo deja en su proyecto de manera premeditada y tramposa. Después, la culpa de todo la tiene el Poder Legislativo mientras el titular del Ejecutivo hace algún discurso atribuyéndose sin rubor la atención de cuestiones prioritarias que no estaban en su propio proyecto.
En esta ocasión, al menos se logró un programa nuevo: pensiones alimentarias a adultos mayores de localidades pequeñas. Es una cantidad relativamente pequeña para la dimensión del problema, pero ya es un inicio. Lo demás, ha sido el juego perverso del Ejecutivo.
Ha cambiado de manos la administración, pero a Calderón no se le vio ninguna iniciativa nueva y propia. Nada. Más de lo mismo pero sin hablar claro, sin presentar la situación con realismo, sin convocar al Congreso. Engaño, trampas: ¿puede esto ser una base democrática para realizar cambios en el país?
La nueva política de empleo no aparece por ninguna parte, a pesar de las promesas. Esto lleva a recordar la plataforma de aquel candidato estadunidense que ganó la elección en plena crisis económica mundial. Franklin D. Roosevelt, presidente entre 1933 y 1945, creó millones de empleos unas semanas después de tomar el cargo, mediante grandes programas de inversión pública, sin detenerse en miedos ni prejuicios. Pero aquel estadista tenía programa y a Calderón sólo se le oyen frases.
Los diputados han hecho una defensa frente a un proyecto conservador y recesivo, en forma de trabajosa respuesta a un juego perverso de Calderón, el cual no es más que copia exacta de lo antes hecho.
Ya es costumbre que el proyecto de gastos se presente con subestimaciones de ingresos, con erogaciones en ceros y con rebajas a programas muy importantes. Lo que se busca con esto es que la Cámara de Diputados aumente la estimación de ingresos y destine la diferencia a cubrir insuficiencias de la propuesta del Ejecutivo. Así, la mayor cantidad de ingresos incrementados por los legisladores se tiene que usar en programas como el llamado fortalecimiento de las entidades federativas, el cual llega en cero pero no puede cancelarse debido a que sus dotaciones ya están incorporadas en los gastos de todos los estados y el Distrito Federal.
Lo mismo ha ocurrido con las universidades públicas, a las cuales no se les debe disminuir los subsidios por parte de la Cámara, a menos que se busque una crisis mucho mayor de la enseñanza superior. Pero también es el gasto en cultura, en investigación, en el campo, en las comunicaciones, etcétera. De esta suerte, los diputados se las ven negras para tapar los grandes huecos que el Ejecutivo deja en su proyecto de manera premeditada y tramposa. Después, la culpa de todo la tiene el Poder Legislativo mientras el titular del Ejecutivo hace algún discurso atribuyéndose sin rubor la atención de cuestiones prioritarias que no estaban en su propio proyecto.
En esta ocasión, al menos se logró un programa nuevo: pensiones alimentarias a adultos mayores de localidades pequeñas. Es una cantidad relativamente pequeña para la dimensión del problema, pero ya es un inicio. Lo demás, ha sido el juego perverso del Ejecutivo.
Ha cambiado de manos la administración, pero a Calderón no se le vio ninguna iniciativa nueva y propia. Nada. Más de lo mismo pero sin hablar claro, sin presentar la situación con realismo, sin convocar al Congreso. Engaño, trampas: ¿puede esto ser una base democrática para realizar cambios en el país?
La nueva política de empleo no aparece por ninguna parte, a pesar de las promesas. Esto lleva a recordar la plataforma de aquel candidato estadunidense que ganó la elección en plena crisis económica mundial. Franklin D. Roosevelt, presidente entre 1933 y 1945, creó millones de empleos unas semanas después de tomar el cargo, mediante grandes programas de inversión pública, sin detenerse en miedos ni prejuicios. Pero aquel estadista tenía programa y a Calderón sólo se le oyen frases.
Los diputados han hecho una defensa frente a un proyecto conservador y recesivo, en forma de trabajosa respuesta a un juego perverso de Calderón, el cual no es más que copia exacta de lo antes hecho.