sábado, octubre 28, 2006

La Revolución ya se había ido

Como todas, la Revolución Mexicana se fue tan luego como dejó el país de tener el impulso que la provocó. Eso ocurrió desde los años cincuenta. Sólo quedó, por tanto, la ideología, durante mucho tiempo, la cual fue hecha trizas cuando los gobiernos priistas realizaron las contrarreformas sociales. Desde entonces, la celebración del 20 de noviembre se redujo al desfile deportivo en algunas ciudades del país.

Ahora, Vicente Fox ha mandado decir que el tal desfile hace mucho que debió cancelarse, como antes ocurrió con la revolución y con la llamada ideología de la misma. En este aspecto tiene razón el titular de la Presidencia agonizante, pero sus intensiones no son sólo las de acabar con un desfile sin importancia.

Como no puede olvidar la fecha histórica, Fox rendirá homenaje a Madero en el monumento de éste, el cual quedó dentro de los terrenos de Los Pinos cuando a otro presidente se le ocurrió proteger la residencia oficial con una enorme barda. Pero Madero fue el iniciador de una lucha política contra lo que ahora consideramos una dictadura, aunque no es el héroe más notable de lo que conocemos como Revolución Mexicana. Sin embargo, Madero se levantó en armas, combatió personalmente y, así, llegó a ser Presidente de México. Cuando se conmemora la Revolución los discursos nunca mencionan su carácter armado, ilegal y subversivo. Menos ahora.

Bueno, el señor Fox no quiere desfile y mucho menos revolución. No quiere nada que no tenga: la continuidad de su partido en la Presidencia. Lo demás le tiene sin cuidado. Al fin, Fox es el único presidente que llegó al Congreso, entregó su informe y se tuvo que ir por la misma puerta.
Pero, al recordar a Madero y su levantamiento armado, Fox tendría que admitir que las luchas populares de México siempre se dieron en contra de la misma tendencia política que él representa ahora. En la muy larga lucha por la democracia, los mexicanos se han enfrentado muchas veces, en ocasiones con las armas, y no siempre fue posible alcanzar avances reales. Hoy, sin desfile y sin fiesta “revolucionaria”, la verdad es que el país vive un retroceso y las cuentas que podrían ofrecerse a Madero son francamente deficitarias.

Pablo Gómez

sábado, octubre 21, 2006

Que la fuerza no te acompañe

Oaxaca es un estado lleno de miseria y sin industria. Ha sido relegado del desarrollo industrial por los gobiernos que se han sucedido en el país y en la entidad. Los industriales no tienen el menor interés en Oaxaca, de tal suerte que ahí se vive como en otra época: de una agricultura pobre, de un comercio precario y del turismo cuyas mayores ganancias no se quedan en Oaxaca.

En esa región de México hay un movimiento popular que nos llama a gritos la atención, pero que muchos no quieren escuchar. Los maestros oaxaqueños iniciaron el movimiento con la demanda de ganar lo mismo que en los estados industriales. La respuesta fue la de siempre: no es posible, no hay dinero, etcétera. Los profesores son en todo el país el estrato inferior de la intelectualidad y sus salarios son muy bajos; en el sur son aún más bajos.

Ahora ya no son sólo los maestros sino otras organizaciones sociales las que exigen que el gobernador sea sustituido por cualquier otro que busque la forma de lograr que Oaxaca salga del atraso y la pobreza en la que se encuentra.

Este es el contenido del movimiento popular oaxaqueño, que tiene –se dice y se grita—secuestrada la capital del Estado y que impide el funcionamiento normal de los hoteles de la ciudad, de los mismos que no retienen en Oaxaca sus ganancias sino que se las llevan a la capital del país o a otros lugares.

Oaxaca es también un lugar de discriminación racial y no sólo social. Es uno de los países de mayor densidad indígena en dónde la política es regida por los mestizos que carecen de compromiso con los indios. La atomización de la administración municipal es producto del derecho de las comunidades a tener sus propias autoridades pero, al mismo tiempo, es un instrumento de predominio político de quienes no pertenecen a comunidad indígena alguna. Como no se ha querido otorgar el derecho de crear regiones autónomas indígenas, la debilidad política de las comunidades no podría ser mayor.
El movimiento popular de Oaxaca es el rostro de la pobreza y el grito de los pobres, de los oprimidos. ¿La solución es enviar tropas a reprimir? Es ésta una pregunta del todo pertinente.
Pablo Gómez

viernes, octubre 13, 2006

Baratijas

A juzgar por la propuesta de Calderón, enviada con pompas de jabón a los partidos, el líder panista no trae más que baratijas en su costal de presunto santaclós.
Decir que hay que luchar contra la pobreza y el desempleo, así como contra la inseguridad pública, no es algo que requiera un esfuerzo intelectual. Lo que no hay en ese pedazo de papel de Calderón es alguna propuesta concreta para llevar a cabo la superación de males tan viejos. Para no empezar, Calderón carece de propuesta para promover la inversión productiva, la del Estado y la privada. Tampoco existe un planteamiento para elevar los bajísimos salarios. Hay, en cambio, una propuesta para que la policía preventiva y la otra, antes llamada judicial, se unifiquen bajo un mismo mando, como si el jefe policíaco –el que fuera—pudiera llegar a tener mejores agentes sólo porque a éstos los mandara la misma persona.
Luego, Calderón habla de bajar el impuesto sobre la renta, pero con un gravamen parejo, de tal manera que los muy ricos van a pagar menos. Con un impuesto flat, es decir, llano, muchos tendrían que pagar más y pocos pagarían menos. Esta reforma nunca va a ser aprobada.
En materia política, Calderón propone que haya menos legisladores, pero el panista no explica que la su reducción llevaría a que unos parlamentarios representaran muchos menos votos que otros, es decir, a que se redujera la proporcionalidad y, con ello, algunos partidos --puede ser uno solo—pudieran tener una fuerza política artificial, es decir, que no proviniera de las urnas sino de las reglas. Ya hoy existe sobre representación, pero con la propuesta panista sería mayor.
Al decir Calderón que Pemex y la CFE no serán privatizadas, vuelve con el cuento de la inversión privada en energía, es decir, con la engañifa de que no debe haber privatización de lo que hay pero sí de los nuevos desarrollos, lo cual nos hace ver que el panista sí quiere privatizar. Es muy fácil para cualquiera, con un contrato en la mano, conseguir dinero y construir una planta de electricidad –como ya se lleva a cabo en forma ilegal—o perforar pozos para extraer gas –como lo hacen los extranjeros en la Cuenca de Burgos--, y así ganar mucho dinero, mismo que podría servir para las inversiones públicas en México. Es decir, se trata de más de lo mismo que hemos tenido hasta ahora.
Las baratijas de Calderón no valen ni lo que el papel en el que están escritas.