Salida política y jurídica
La propuesta de recuento de los votos del dos de julio es la única salida política, con plena base de carácter jurídico, que se ha hecho hasta ahora. Tenemos un cómputo demasiado cerrado y una percepción colectiva de que hubo malos conteos de votos. Frente a esto se requiere el recuento como salida del conflicto. Si alguien tiene otra propuesta, que la diga.
Pero no. Felipe Calderón sigue haciendo discursos priistas, es decir, vacíos, sobre la legalidad. El panista no habla del problema político del país, sino dice que las instituciones no deben someterse a “caprichos”: eso lo dijo siempre el PRI para evadir la cuestión política.
La lucha por el poder no es asunto de caprichos ni de puntadas, sino un proceso de lucha ideológica y política muy complejo, en el que intervienen los representantes de las clases sociales y de los grupos que se desprenden de éstas. Es una lucha de intereses que no puede trivializarse como lo intentan Calderón y seguidores.
El PAN ha balbuceado una posible salida que consistiría en un acuerdo entre los dos principales candidatos. Pero un pacto tendría que incluir el recuento de los votos y a eso no quiere ir Calderón. Por tanto, no puede haber acuerdo. Todo lo demás sería para otro momento y situación, pero, ahora, sólo podría haber un acuerdo que fuera suficiente en el plano político y jurídico.
Acuerdos en lo oscurito, al viejo estilo mexicano, no pueden darse por más que quieran los líderes panistas, acostumbrados por el PRI y el excelso ejercicio de su propia doble moral a las concertacesiones y demás linduras de la vieja política mexicana.
Si algún político, académico, comentarista, escritor –incluyendo director de periódico, naturalmente—tiene una propuesta de salida jurídica y política del conflicto mexicano de nuestros días, pues que la presente. Pero no puede ofrecerse la rendición, la postración, la claudicación o cosa que se le parezca. A quienes no quieren que haya recuento les caracteriza, al menos hasta ahora, la ausencia de análisis de la situación, lo cual les lleva a decir un no y basta. En tanto no intentan pensar sobre una verdadera salida, los enemigos del recuento sólo piden la sumisión del PRD y su candidato. Así no puede haber salida a conflicto alguno.
Pero no. Felipe Calderón sigue haciendo discursos priistas, es decir, vacíos, sobre la legalidad. El panista no habla del problema político del país, sino dice que las instituciones no deben someterse a “caprichos”: eso lo dijo siempre el PRI para evadir la cuestión política.
La lucha por el poder no es asunto de caprichos ni de puntadas, sino un proceso de lucha ideológica y política muy complejo, en el que intervienen los representantes de las clases sociales y de los grupos que se desprenden de éstas. Es una lucha de intereses que no puede trivializarse como lo intentan Calderón y seguidores.
El PAN ha balbuceado una posible salida que consistiría en un acuerdo entre los dos principales candidatos. Pero un pacto tendría que incluir el recuento de los votos y a eso no quiere ir Calderón. Por tanto, no puede haber acuerdo. Todo lo demás sería para otro momento y situación, pero, ahora, sólo podría haber un acuerdo que fuera suficiente en el plano político y jurídico.
Acuerdos en lo oscurito, al viejo estilo mexicano, no pueden darse por más que quieran los líderes panistas, acostumbrados por el PRI y el excelso ejercicio de su propia doble moral a las concertacesiones y demás linduras de la vieja política mexicana.
Si algún político, académico, comentarista, escritor –incluyendo director de periódico, naturalmente—tiene una propuesta de salida jurídica y política del conflicto mexicano de nuestros días, pues que la presente. Pero no puede ofrecerse la rendición, la postración, la claudicación o cosa que se le parezca. A quienes no quieren que haya recuento les caracteriza, al menos hasta ahora, la ausencia de análisis de la situación, lo cual les lleva a decir un no y basta. En tanto no intentan pensar sobre una verdadera salida, los enemigos del recuento sólo piden la sumisión del PRD y su candidato. Así no puede haber salida a conflicto alguno.