viernes, mayo 26, 2006

El “cuñado incómodo”

En un spot, Felipe Calderón dice que nos llevará “al futuro para que vivamos mejor”. Pero, como sabemos, nadie nos llevará al futuro sino el simple paso del tiempo. Así también, la inevitabilidad del futuro no asegura que entonces “vivamos mejor”.
Sin embargo, Calderón no aclara algo del presente. En lugar de preocuparse porque su cuñado no pagó impuestos el año pasado, después de haber tenido ingresos declarados por cerca de 700 millones –él había dicho que 900--, procede a defender al hermano de su esposa, de la misma manera que Vicente Fox ha defendido a los hijos de Martha Sahagún.
El síndrome de la defensa de los parientes parece ser una enfermedad en el panismo corriente. El “cuñado incómodo” --como le llamó López Obrador— resultó ser un empresario muy exitoso que no vende ladrillos sino conocimiento, es decir, aplicaciones de software, por lo que, para tener gastos por la misma cantidad que sus ingresos, él y sus compañeros de negocio tendrían que ganar millones de manera individual, pero no, tampoco, pues el tal cuñado gana 20 mil pesos al mes, según declara. ¿Dónde quedó la bolita o, mejor dicho, el ingreso gravable de ese enjambre empresarial? Según Calderón, en ninguna parte, ya que todo es una mentira.
La “amenaza para México” –AMLO, en el dicho de Calderón—se convirtió en una amenaza para la familia política del candidato del PAN y eso sí que calienta. Pero no, no tendría por que ser de esa manera si no hubiera algún grado de complicidad del propio Calderón, quien pudo haberse limitado a negar el tráfico de influencias insinuado por AMLO y dejar que su cuñado explique su situación fiscal. Mas no sólo Calderón afirma que el hermano de su esposa sí paga sus impuestos –cosa que no podrá comprobar, ya que es imposible negar el cero--, sino que todos los voceros oficiales del PAN se han descompuesto con una imposible defensa de la persona del “cuñado incómodo”.
De inmediato, y para confirmar algo de lo dicho sobre el asunto, Pemex y la CFE se apresuraron a enviar sendos escuetísimos comunicados de prensa afirmando que, cuando Calderón era secretario de Energía, no firmaron contrato alguno con el cuñadazo, pero éste –el señor Zavala—afirmó lo contrario en una entrevista de televisión.
Total, Calderón ya enredó a todo el PAN en sus asuntos familiares y pecuniarios, mientras el PAN se enredó –de cuerpo entero-- en una negativa total y furibunda.
Ya es hora de que este país empiece a cambiar. ¿No?

viernes, mayo 19, 2006

Miedo al “populismo”

Los seguidores del riquismo –Fobaproa es el trofeo—se han mostrado indignados ante la propuesta “populista”, dicen, de López Obrador para promover el incremento de los ingresos reales de la mayoría. Afirman, gritan, que Andrés Manuel llevará a un déficit inmanejable y suicida.
Veamos lo que tenemos hoy: el gobierno federal tiene un déficit estimado en Ley de Ingresos de 200 mil millones de pesos, el cual es cubierto con el superávit de los organismos descentralizados –Pemex, CFE e ¡IMSS!--, por lo cual el Congreso (PRI y PAN) autorizó la ordeña a la parte productiva del Estado con el fin de cubrir los gastos de operación –sueldos excluidos-- del gobierno, los cuales se han venido incrementando cada año: en el 2000 representaban el 4.5 por ciento del PIB y, ahora, son el 5.7 –eran de 226 mil millones y hoy son de 424 mil--, sin que los panistas hayan protestado.
La propuesta de López Obrador es un plan parcial e inicial que tiende a mejorar el desastroso patrón de distribución del ingreso nacional, el cual se ha convertido en un obstáculo estructural del crecimiento de la economía. Los neoliberales calderonistas y madracistas jamás reconocerán que el pésimo reparto del ingreso impide el progreso y sólo beneficia a una minoría rapaz. No pueden reconocerlo porque están educados en perjuicios ideológicos, son riquistas auténticos, pues consideran que para alcanzar el progreso debe concentrarse el ingreso y, después, algún día, proceder, por vías “naturales” –mercado dixit—a su mejor distribución.
Si las ideas de Calderón y de Madrazo –las cuales son las mismas que las de López Portillo, De la Madrid, Salinas, Zedillo y Fox—hubieran predominado en Europa, ese continente no hubiera acabado con la pobreza.
Lo que Andrés Manuel nos está diciendo es que el Estado social es la vía disponible para combatir la brutal desigualdad en nuestra sociedad y un medio para alcanzar altas tasas de crecimiento.
Si las cosas siguen como hasta ahora, si el Estado se mantiene replegado en materia de ingreso popular, el rezago de México llegará a tal punto que el mercado interno se estrechará aún más y la capacidad de exportación se atrofiará.
El Estado social es una respuesta para hoy, pues no disponemos de otra herramienta para enfrentar el estancamiento. Si, por el contrario, triunfa el conocido riquismo neoliberal, México seguirá rezagado, envuelto en la bandera de los prejuicios ideológicos de los neoliberales destructores de economías enteras: recuérdese México 1995 y Argentina 2002.

viernes, mayo 12, 2006

¡Presos políticos, libertad!

El sexenio de Fox quiere cerrar con presos políticos, como en 1964. La administración de Peña Nieto quiere abrir –como en los años sesentas—con presos políticos.
La prisión política es instrumento del despotismo. La vivimos durante la mayor parte de los regímenes priistas. En otros países, la represión contra manifestantes suele desembocar en una sanción administrativa que se paga con arresto de unos días o multa. En México, como antes, se convierte en un delito por el que se debe ir a prisión durante años.
La conversión de protestas lícitas o ilícitas en delitos, es decir, la descarga del Código Penal contra disidentes, abre la puerta al uso del método de la prisión política. Pero, en México, estábamos ya en el camino de eliminar ese sistema. Las regresiones son comunes en la historia política de todos los países, pero ¿por qué en este momento?
Una parte de la propaganda sucia que está de moda por parte del PAN y el PRI busca meter duda, pero también meter miedo. La propaganda de mentiras contra AMLO va de la mano con la propaganda del miedo contra cualquier hecho no previsto.
Los incidentes de Texcoco-Atenco han sido aprovechados para mostrar violencia inexplicable, amenaza al estado de “paz social”. La respuesta que han apoyado Calderón y Madrazo –al igual que Fox—es la represión y la prisión política como instrumento del orden, es decir, como único medio para detener el desorden inmanente de la democracia que recién se había declarado inaugurada. En lugar de seguir por el camino de la sustitución de la represión por la política, ahora se postula la prisión política como método de gobierno ante el proclamado fracaso de la democracia.
El desorden de Atenco es, como la supuesta propensión violenta de AMLO, una carta para restituir los viejos métodos represivos. El juez de los atenquenses no encontró en la mayoría delitos graves, pero a casi todos los sometió a un proceso penal y se cuidó de dar más fuerte a los líderes, quienes no tendrán derecho a la libertad caucional debido a que son dirigentes: forma típica de administrar la prisión política. Ese juez es de consigna como lo eran los de la época de Díaz Ordaz.
¿Recuerdan aquello de presos políticos, libertad? Ya está de regreso.

viernes, mayo 05, 2006

Levantiscos

De genio turbulento quiere decir eso de levantisco. Tales son los del grupo de San Salvador Atenco, según lo han demostrado en múltiples acciones. Lanzarse contra de ellos es algo serio que no puede quedar en manos de nuestros poloicías, ineptos sin duda, cuya función principal, en contra de lo que ellos piensan de sí mismos, es evitar la violencia.
La violencia en San Salvador Atenco fue producto de la ineptitud de los jefes policíacos y de los políticos que les mandan. El motivo es irrelevante y la causa es de fondo. Impedir la competencia desleal contra los mercaderes establecidos de Texcoco no era sencillo pero, al fin, posible. Pero lanzarse contra los levantiscos de Atenco, siempre solícitos en aquello de la solidaridad, era algo mucho más complicado, lo cual, por tanto, debió haberse llevado a cabo a través de métodos políticos y, a falta de colaboración de la parte solidaria, con la fuerza disuasiva suficiente para lograr el repliegue sin víctimas.
Pero no, la autoridad, por lo visto, no entiende qué pasa en el país que gobierna. Se puede culpar a los levantiscos de resistir a la fuerza pública, pero ¿quién culpará a la autoridad por ser tan torpe? Los levantiscos no lo son por decisión alocada, como algunos comentaristas suponen sólo por ignorancia o flojera en eso de pensar, sino porque la vida los ha llevado por ese camino. La situación en Atenco no consiste en que los levantiscos sean violentos y los policías hayan resultado ser unos imbéciles, sino que los primeros se encuentran en estado de rebelión civil y los segundos acatan órdenes de personas ignorantes y, por añadidura, ineptos.
Si la autoridad quiere abrir un camino bloqueado, lo primero que debe hacer es analizar el por qué se ha bloqueado y quiénes la están bloqueando. Lo segundo es localizar, rápidamente, la causa cercana del fenómeno y tratar de superarla. Lo tercero es esperar los resultados de la acción política y lo cuarto es, si todas las acciones emprendidas han fracasado, realizar una acción de fuerza sin víctimas, buscando sólo la dispersión de los bloqueadores de la carretera. Después, tendrán que venir los ires y venires de negociaciones y resoluciones de inevitable ejecución.
Mas el fenómeno de fondo no se resolverá en los términos del conflicto concreto, sino con un cambio de fondo en el país, a pesar de quienes dicen –con Fox—que todo están tan bien que “más vale paso que dure que trote que canse” y, luego, afirman, como esquizofrénicos, que hay que meterle la espuela al caballo. Bueno, pues, metámosla, pero mejor sería cambiar también de caballo.