Mentiras electorales
Una mentira mil veces repetida es creíble, según el nazi Goebbels (ministro de Propaganda de Hitler durante doce años), pero también es el postulado del candidato del PAN, según se desprende de sus acometidas discursivas, con spots y sin ellos.
Dentro de las muchas mentiras del candidato panista destacan dos: que el presidente de Venezuela apoya a López Obrador y que los segundos pisos capitalinos fueron financiados con deuda pública.
No existe el menor elemento de conexión entre Hugo Chávez y Andrés Manuel ni conocemos actividades políticas internas de las llamadas células bolivarianas a favor del PRD. Las autorizaciones de deuda han sido principalmente para comprar trenes del Metro y realizar mantenimiento mayor, las cuales fueron votadas a favor por la bancada panista en el Congreso.
La mentira viene de una necesidad concreta. En la lucha política nadie miente por simple mitomanía. Las mentiras de Felipe Calderón surgen de la necesidad de desprestigiar al puntero de las encuestas, López Obrador, como si tal desprestigio funcionara para ese segmento mayoritario del que nos hablan las encuestas.
El IFE --observador de las campañas electorales-- no aplica la ley contra los spots que llenan de insultos y difamaciones al candidato perredista, lo cual convierte la norma en letra muerta y permite la mentira como forma del quehacer político.
Mas la reiteración de la práctica mendaz puede también crear una coraza que proteja a la víctima de la mentira, ya que si ésta se repite sin la menor comprobación y sin combinarse siquiera con exhortos y propuestas propias, dejará la campaña de Calderón dentro de la ciénega de la acción contraria: los nazis, en cambio, mentían y convocaban al mismo tiempo.
Lo más trascendente, sin embargo, es que el método de la mentira es antidemocrático. La libertad de sufragio, la soberanía popular y los derechos políticos no pueden fincarse en actitudes mendaces, en debates llenos de mentiras, en falsificaciones de la realidad, en difamaciones. Quien así actúa, es decir, Felipe Calderón, atenta contra las libertades democráticas y se pone en el nivel de quienes, en el pasado, desde el poder, mentían al inventar, frente a cada lucha popular, una conspiración subversiva. Mutatis mutandis, lo que hacen el PAN y su candidato recuerda la práctica nazi en la vieja Alemania: repetir mil veces una mentira.
Dentro de las muchas mentiras del candidato panista destacan dos: que el presidente de Venezuela apoya a López Obrador y que los segundos pisos capitalinos fueron financiados con deuda pública.
No existe el menor elemento de conexión entre Hugo Chávez y Andrés Manuel ni conocemos actividades políticas internas de las llamadas células bolivarianas a favor del PRD. Las autorizaciones de deuda han sido principalmente para comprar trenes del Metro y realizar mantenimiento mayor, las cuales fueron votadas a favor por la bancada panista en el Congreso.
La mentira viene de una necesidad concreta. En la lucha política nadie miente por simple mitomanía. Las mentiras de Felipe Calderón surgen de la necesidad de desprestigiar al puntero de las encuestas, López Obrador, como si tal desprestigio funcionara para ese segmento mayoritario del que nos hablan las encuestas.
El IFE --observador de las campañas electorales-- no aplica la ley contra los spots que llenan de insultos y difamaciones al candidato perredista, lo cual convierte la norma en letra muerta y permite la mentira como forma del quehacer político.
Mas la reiteración de la práctica mendaz puede también crear una coraza que proteja a la víctima de la mentira, ya que si ésta se repite sin la menor comprobación y sin combinarse siquiera con exhortos y propuestas propias, dejará la campaña de Calderón dentro de la ciénega de la acción contraria: los nazis, en cambio, mentían y convocaban al mismo tiempo.
Lo más trascendente, sin embargo, es que el método de la mentira es antidemocrático. La libertad de sufragio, la soberanía popular y los derechos políticos no pueden fincarse en actitudes mendaces, en debates llenos de mentiras, en falsificaciones de la realidad, en difamaciones. Quien así actúa, es decir, Felipe Calderón, atenta contra las libertades democráticas y se pone en el nivel de quienes, en el pasado, desde el poder, mentían al inventar, frente a cada lucha popular, una conspiración subversiva. Mutatis mutandis, lo que hacen el PAN y su candidato recuerda la práctica nazi en la vieja Alemania: repetir mil veces una mentira.