Protesta contra Calderón y Campa
En nombre del inexistente Sindicato Mexicano de Contribuyentes presento formal protesta en contra de los ciudadanos Felipe Calderón y Roberto Campa, candidatos a presidente de la República de los partidos Acción Nacional y Nueva Alianza, respectivamente. Motiva esta airada protesta las sendas propuestas que ambos han presentado sobre cómo castigar más a los contribuyentes bajos y medios.
El señor Calderón propone una tasa única a partir de un ingreso de cuatro salarios mínimos. Dicha tasa –dijo—sería de 24 por ciento sobre todo el ingreso, sin deducciones. Una situación así traería como consecuencia un aumento para la gran mayoría de los contribuyentes del impuesto sobre la renta, quienes tienen ahora tasas más bajas que el 24 por ciento propuesto, y aún si fuera del 20 sin deducción alguna. Al mismo tiempo, la propuesta del señor Calderón llevaría a una disminución de los impuestos pagados por los grandes contribuyentes, los cuales son la minoría en el país.
Dice la Carta Magna que es obligación de todos los mexicanos “contribuir para los gastos públicos, así de la Federación, como del Distrito Federal o del Estado y Municipio en que residan, de la manera proporcional y equitativa que dispongan las leyes”. Una tasa única a partir de cuatro salarios mínimos no sería proporcional y equitativa, pues lo mismo daría una persona con cien mil pesos de ingreso anual que otra con cien millones.
El impuesto flat del 19 por ciento está vigente en Rusia y opera en un país cuyo Estado carece de vergüenza y es esencialmente corrupto, pero a México, que ha sido esto último, nomás que le resta perder la vergüenza, lo cual sería lamentable.
Como el sindicato que yo represento es absolutamente inexistente y los sufridos contribuyentes, en su mayoría, carecen de instrumentos de defensa, el señor Calderón se aprovecha de tal circunstancia y lanza una ofensiva –hasta ahora sólo propositiva—para obtener el aplauso de los grandes contribuyentes que dejarían de aportar a los gastos públicos una suma considerable, a costa del aumento del impuesto a la mayoría.
Si la propuesta de Calderón fuera la de aumentar la progresividad en las tasas del impuesto a la renta, la protesta estaría a cargo de las organizaciones empresariales del país, los banqueros y todos aquellos que tienen altos ingresos pero, como los potenciales afectados por sus brillantes ideas carecen de organismos de defensa, nadie había protestado hasta hoy. Ante esta situación tan lamentable, hace falta contradecir al candidato panista aún en nombre de lo que no existe, en la inteligencia de que los contribuyentes que serían víctimas de su despropósito sí existen y son muchos.
En cuanto al señor Campa, habría que decir que la idea de imponer contribuciones a la compra de alimentos básicos, transporte público, libros, etcétera, ha sido rechazada por considerase que mientras el pueblo mexicano esté tan pobre y sea tan baja la capacidad recaudatoria del Estado, ese impuesto quedaría en manos de los comerciantes en pequeño aunque lo vayan a pagar los compradores de alimentos, por lo que los ingresos del fisco no aumentarían gran cosa. Además, la gente pobre de este país destina a la compra de alimentos hasta el 80 por ciento de su ingreso mientras que los ricos sólo utilizan el cinco. El impuesto, con todas sus desviaciones, se pagaría por quienes menos tienen, los cuales son más de la mitad de la población.
Por lo anteriormente expuesto y fundado, señores candidatos, el Sindicato Mexicano de Contribuyentes (inexistente) les exige que dejen de amenazar a la mayoría de los sufridos mexicanos y que se pongan a pensar en otras cosas o, sencillamente, a pensar.
El señor Calderón propone una tasa única a partir de un ingreso de cuatro salarios mínimos. Dicha tasa –dijo—sería de 24 por ciento sobre todo el ingreso, sin deducciones. Una situación así traería como consecuencia un aumento para la gran mayoría de los contribuyentes del impuesto sobre la renta, quienes tienen ahora tasas más bajas que el 24 por ciento propuesto, y aún si fuera del 20 sin deducción alguna. Al mismo tiempo, la propuesta del señor Calderón llevaría a una disminución de los impuestos pagados por los grandes contribuyentes, los cuales son la minoría en el país.
Dice la Carta Magna que es obligación de todos los mexicanos “contribuir para los gastos públicos, así de la Federación, como del Distrito Federal o del Estado y Municipio en que residan, de la manera proporcional y equitativa que dispongan las leyes”. Una tasa única a partir de cuatro salarios mínimos no sería proporcional y equitativa, pues lo mismo daría una persona con cien mil pesos de ingreso anual que otra con cien millones.
El impuesto flat del 19 por ciento está vigente en Rusia y opera en un país cuyo Estado carece de vergüenza y es esencialmente corrupto, pero a México, que ha sido esto último, nomás que le resta perder la vergüenza, lo cual sería lamentable.
Como el sindicato que yo represento es absolutamente inexistente y los sufridos contribuyentes, en su mayoría, carecen de instrumentos de defensa, el señor Calderón se aprovecha de tal circunstancia y lanza una ofensiva –hasta ahora sólo propositiva—para obtener el aplauso de los grandes contribuyentes que dejarían de aportar a los gastos públicos una suma considerable, a costa del aumento del impuesto a la mayoría.
Si la propuesta de Calderón fuera la de aumentar la progresividad en las tasas del impuesto a la renta, la protesta estaría a cargo de las organizaciones empresariales del país, los banqueros y todos aquellos que tienen altos ingresos pero, como los potenciales afectados por sus brillantes ideas carecen de organismos de defensa, nadie había protestado hasta hoy. Ante esta situación tan lamentable, hace falta contradecir al candidato panista aún en nombre de lo que no existe, en la inteligencia de que los contribuyentes que serían víctimas de su despropósito sí existen y son muchos.
En cuanto al señor Campa, habría que decir que la idea de imponer contribuciones a la compra de alimentos básicos, transporte público, libros, etcétera, ha sido rechazada por considerase que mientras el pueblo mexicano esté tan pobre y sea tan baja la capacidad recaudatoria del Estado, ese impuesto quedaría en manos de los comerciantes en pequeño aunque lo vayan a pagar los compradores de alimentos, por lo que los ingresos del fisco no aumentarían gran cosa. Además, la gente pobre de este país destina a la compra de alimentos hasta el 80 por ciento de su ingreso mientras que los ricos sólo utilizan el cinco. El impuesto, con todas sus desviaciones, se pagaría por quienes menos tienen, los cuales son más de la mitad de la población.
Por lo anteriormente expuesto y fundado, señores candidatos, el Sindicato Mexicano de Contribuyentes (inexistente) les exige que dejen de amenazar a la mayoría de los sufridos mexicanos y que se pongan a pensar en otras cosas o, sencillamente, a pensar.