viernes, septiembre 30, 2005

Dos de octubre, ¿se olvida?

El Poder Judicial de la Federación tiene en sus manos el asunto de la matanza del dos de octubre y de toda la represión gubernamental de 1968, como también tuvo en sus manos la otra matanza, la del 10 de junio de 1971. Sin embargo, es ese poder del Estado quien se niega a la verdad y busca el olvido.
Las represiones del viejo régimen siguen estando entre nosotros y su esclarecimiento con miras a la aplicación de la justicia tiene mucho que ver con la transición de México a la democracia. No se puede borrar el pasado, pues tal pretensión no es más que una manera de renunciar al Estado de derecho, el cual es parte fundamental de la democracia política. Cada día que transcurre es un día más de impunidad.
No se debe decir ya que es el Ministerio Público quien está haciendo imposible la aplicación de la justicia. Esta institución ha hecho su trabajo, el cual se puede criticar o no, pero las consignaciones han sido presentadas ante los jueces. El Poder Judicial se niega a abrir los procesos penales y, con tal conducta, ofrende al derecho, tanto al considerar que el genocidio prescribe como al sostener que genocidio nunca ha habido en este país. Nadie más en el mundo sostiene que los crímenes contra la humanidad son prescriptibles como tampoco nadie más puede suponer que deben ser asesinados todos los integrantes de un grupo para hablar de genocidio.
La matanza del dos de octubre de 1968 fue una acción de Estado: todas las fuerzas gubernamentales entraron en acción al mismo tiempo. Es falso que el Ejército haya sido provocado o agredido. Los efectivos militares y los policíacos llegaron a cometer una agresión contra los estudiantes: así actuaron. Después, el Ministerio Público acusó a los dirigentes estudiantiles del homicidio de dos soldados del Ejército pero no presentó acusación alguna contra los probables responsables de todos los demás asesinatos, los cuales no están en actas: desde el punto de vista judicial, en Tlatelolco sólo hubo dos personas fallecidas, pero los jueces siguen sin querer saber nada de las muchas víctimas.
Los poderes públicos se confabularon para acusar a estudiantes por la matanza pero ésta no existe en actas. Así de contradictorio es este asunto. Sin embargo, el Poder Judicial de la Federación no responde, pues quiere la confesión de los gobernantes y jefes asesinos, la cual no se va a presentar nunca.
Esta es una vergüenza nacional. México es uno de los pocos países que no ha ajustado cuentas con el pasado de represión y genocidio. La lucha contra la impunidad ha dado frutos en Sudamérica y otras regiones, pero nuestro país –sus autoridades judiciales-- se niega a dar el menor paso.El Poder Judicial mexicano tuvo responsabilidad en la represión pues sentenció a varios dirigentes estudiantiles a 16 años de prisión sin que ellos hubieran cometido delito alguno, con el propósito de encubrir la responsabilidad del gobierno y dejar impune la matanza. Ahora, no puede ese mismo poder judicial hablar de prescripciones o de falta de elementos cuando es del conocimiento general que el gobierno alteró todo, mintió desvergonzadamente y mandó a la cárcel a personas sin culpa con el respaldo sin reservas de los encargados de impartir la justicia. Los jueces apoyaron al gobierno de entonces y lo siguen apoyando, pero lo peor de todo es que los de ahora sostienen la corrupción de los jueces de entonces y se niegan a admitir la responsabilidad institucional de la judicatura.

viernes, septiembre 23, 2005

Vicios del presidencialismo

Entre los vicios del presidencialismo mexicano se encuentra el método de reformar la Constitución y las leyes después de que el Poder Ejecutivo las ha violado. Así, Miguel de la Madrid mandó cambiar la ley sobre el organismo encargado de los materiales radioactivos después de que ya había disuelto al mismo. Existen muchos otros ejemplos al respecto.
Ahora, bajo el gobierno del cambio, el que se ufana de haber roto con el viejo presidencialismo absolutista, tenemos el mismo problema, el mismo vicio. No obstante que el partido del Presidente de la República no cuenta con la mayoría en el Congreso, el Ejecutivo supone que los legisladores harán las reformas necesarias para legalizar sus actos ilegales.
Antes, Vicente Fox pasó por alto la Constitución cuando autorizó a Petróleos Mexicanos la creación de los llamados contratos de servicios múltiples que permiten a particulares participar en la explotación del gas natural en la Cuenca de Burgos. La Cámara de Diputados votó en contra de una solicitud para presentar una controversia constitucional en contra de dichos contratos debido a que el entonces presidente del PRI, Roberto Madrazo y algunos gobernadores priistas están de acuerdo con tal violación a la Carta Magna. Ahora, el Poder Ejecutivo ha enviado una iniciativa de reforma a los artículos 27 y 28 de la Constitución para otorgar concesiones en materia de exploración y explotación de gas natural, las cuales han sido ya efectuadas por decisión presidencial y con el apoyo de una gran parte del PRI.
Los argumentos principales son que México es deficitario en gas natural y que el Estado carece de recursos fiscales para emprender la exploración, perforación y explotación de nuevos pozos. El primer alegato es cierto pero el responsable del rezago mexicano en la materia es el gobierno y nadie más. El segundo planteamiento es falso en tanto que cualquier trasnacional petrolera tendría que recurrir a los mercados financieros internacionales para conseguir el dinero, con el contrato firmado en la mano. El Estado mexicano tampoco tiene efectivo para hacer las inversiones necesarias pero puede ir al mismo lugar que las trasnacionales y conseguir dinero con el mismo costo financiero.
El asunto de fondo es el paradigma de que la energía debe ser propiedad de capitalistas privados, especialmente extranjeros que –se supone—son más “eficientes”, tal como lo ha demostrado la compañía Enron, entre otras.
En retraso mexicano en materia de energía y energéticos se debe a la aplicación de los dogmas neoliberales de los sucesivos gobiernos mexicanos. Pemex, mientras tanto, entrega todos sus fondos a la Secretaría de Hacienda para financiar el gasto corriente del gobierno federal. En otras palabras, el país se está comiendo su petróleo en lugar de convertirlo en un instrumento del desarrollo económico. La solución no se encuentra en otorgar concesiones para la producción de gas natural –después se dirá que también para extraer crudo--, sino en hacer las inversiones necesarias y proteger así la cuenta corriente del país.
El viejo presidencialismo está presente: así como Zedillo violó la Constitución en materia de energía eléctrica y, después, presentó una iniciativa para privatizar esa industria, el actual presidente otorga concesiones bajo el nombre de contratos de servicios múltiples y, después, pide al Congreso apoyar una reforma con el propósito de legalizar el desacierto y la violación.Los vicios del presidencialismo están presentes, pero la realidad política ya cambió. Es difícil que en el Congreso tenga buena acogida la reforma propuesta por Vicente Fox; ésa, que huele a gas.

viernes, septiembre 16, 2005

Ya perdió Santiago Creel

El reciente resultado de la elección interna del Partido Acción Nacional nos hace vislumbrar que Santiago Creel ya perdió. Esa parte del país donde Felipe Calderón alcanzó una mayoría relativa es suficiente para ser considerada como una muestra representativa de lo que constituye el universo total de los votantes panistas.
La cuestión estriba en si Calderón alcanzará la mayoría absoluta en las dos regiones del país restantes o si se mantendrá en esa mayoría relativa que es insuficiente para declararlo candidato de Acción Nacional. También se puede plantear la pregunta de otra manera: ¿Santiago Creel se mantendrá como contendiente en una segunda vuelta a sabiendas de que no ganará la postulación?
Lo que se sabe ya con toda seguridad es que en Santiago Creel reunió dos características: por una parte, ha sido el precandidato del presidente de la República, Vicente Fox Quezada; por la otra, es el contendiente que más dinero ha gastado, aún por encima de los anteprecandidatos priistas. Fox no ocultó nunca su predilección por Creel, al grado que cuando se presentó a votar en León dijo que le hicieran caso a su propia hermana, una de las promotoras de Creel en Guanajuato. El ex secretario de Gobernación, por su lado, consiguió favores y una cantidad de dinero como no se había visto antes en cualquier precandidatura fuera del oficialismo de antes.
Lo más interesante es que, después de su derrota en estados tan importantes como México y Guanajuato, Santiago Creel arreció su campaña en los medios electrónicos. Habría que hacer notar que los votantes panistas serán algunos cientos de miles, pero la precampaña de Santiago Creel va dirigida a todos los mexicanos inscritos en el padrón electoral del IFE.
Al parecer, los votantes panistas que decidieron concurrir al proceso interno en los estados donde se llevó a cabo la elección del pasado domingo no desean a un corifeo de Vicente Fox como abanderado en la próxima elección de presidente de la República. A tal grado el mensaje es tan preciso que el mismo Creel intentó, ya derrotado, deslindarse de la política de Vicente Fox en dos aspectos: seguridad pública y empleo.
Otro elemento que podría tomarse en cuenta en el resultado parcial de los comicios internos de Acción Nacional es el vínculo de Santiago Creel, favorito en las encuestas previas, con su partido, al que ingresó hace poco tiempo. En realidad Creel siempre fue un panista sin credencial pero nunca ha hecho vida interna en el PAN, sino que más bien se acercó a ese partido como una especie de aliado distinguido y consentido, pues procedía de la lucha por la efectividad del sufragio sin militancia política definida. En cambio, Felipe Calderón es un panista de nacimiento y ha tenido casi todos los cargos de dirección, entre ellos el de presidente nacional.Parece que el Partido Acción Nacional no quiere morir dando a otros la estafeta. Ya ha tenido ese partido suficiente con un panista de medio pelo, un neopanista de extracción empresarial pero mediocre, a quien colocó en la Presidencia de la República. Otra historia de extravió de rumbo no parece ser lo más recomendable para un partido que se ha distinguido en México por ser una opción durante sesenta años. Los partidos requieren ser auténticos en sus decisiones, congruentes con sus principios y su trayectoria, cosa que debería ser natural.

viernes, septiembre 09, 2005

Y el crecimiento, ¿cuándo?

La estabilidad financiera suele asociarse al estancamiento cuando se analiza desde el dogmatismo neoliberal. Como consecuencia de este mandato, sufren los pueblos pobres. Este es el drama de México.
El proyecto de política económica y del ingreso-gasto para 2006, presentados por el presidente Vicente Fox al Congreso, adolece de ese dogmatismo, el cual es defendido por el gobierno como si se tratara de un acto patriótico. Un presupuesto recesivo, un balance público con sobrante, un recorte a educación media-superior y superior y a inversión en infraestructura, es parte de la expresión cuantitativa de la falacia neoliberal.
¿Para qué sirve ingresar más que lo que se gasta? La respuesta consiste en la supuesta necesidad de hacer un “guardadito” por si acaso. Dice el presidente Fox que las familias saben que no se debe gastar más que su propio ingreso. Pero las familias de ingresos medios siempre tienen deudas, como lo demuestra el hecho de que sigue creciendo el crédito al consumo: adelantar compras no es una necedad sino un sistema familiar cuando se tiene crédito. Los países no crecen sin anticipar inversiones por cuenta de su propio crédito. El defecto consiste en contraer deudas para el pago de sueldos o para financiar fuga de capitales, como se hizo mucho tiempo en México, pero la inversión productiva requiere de los empréstitos como un complemento de los recursos devengados.
Ningún empresario exitoso puede prescindir del crédito. ¿Por qué sí debe hacerlo un país? Porque el señor Fox lo dice, siguiendo quién sabe qué instrucciones de sí se sabe qué institución que aconseja mal a los países pobres pero no se atreve a dar instrucciones a los ricos que saben adelantar sus inversiones para promover el crecimiento de sus economías.
Mas no se trata de un endeudamiento sin límites, como lo hizo México durante algunos periodos o como lo ha hecho el gobierno de Estados Unidos a la menor provocación. No, se trata de impulsar inversiones productivas concretas capaces de generar recursos para el pago de las deudas contraídas.
El gobierno de México no está promoviendo el crecimiento. El presidente cree que su papel es mantener las cosas como están, bajo el argumento de que es preciso tener una inflación del tres por ciento anual y un tipo de cambio con superpeso, el cual, por lo demás, encarece las mercancías mexicanas en el mercado internacional.
La lucha contra la inflación ha cambiado de ejes desde que México se convirtió en una economía abierta. Ahora, el factor de riesgo más alto es mantener un peso sobrevaluado, pero el presidente de la República niega este peligro.
Se dice que las reservas internacionales del Banco de México deben llegar hasta el equivalente a la deuda pública externa. Esta es una tesis absurda. La deuda interna es tan deuda como la externa, pues en un sistema de libertad cambiaria absoluta los acreedores mexicanos pueden convertir sus pesos en dólares en cualquier momento y lanzarlos al exterior. Así que de nada sirve igualar las reservas a la deuda externa, menos aún cuando una parte creciente de los compradores de bonos gubernamentales son precisamente extranjeros que aprovechan en su favor los diferenciales de tasas de interés.
El Estado debe retomar su papel en el fomento del crecimiento económico sobre bases razonables, es decir, mediante el impulso de la inversión pública y el acceso al crédito por parte de las empresas productivas del país.
La Federación se come casi toda la renta petrolera como la tabla de salvación para financiar su gasto corriente mientras la recaudación del impuesto sobre la renta decae, según la Secretaría de Hacienda, lo cual es contradictorio con el cálculo de que la producción de este año crecerá un mediocre tres por ciento o un poquito más.
La manera de conducir la política económica no ha cambiado. Por consiguiente, tampoco ha cambiado la situación de virtual estancamiento. Y, el crecimiento, ¿para cuándo?

viernes, septiembre 02, 2005

El informe presidencial

A pesar de todo, de la situación política del país, de la alternancia del año dos mil y de todos los pesares, el informe presidencial sigue creando expectativas en los medios de comunicación. Pero, ahora, no se trata de la espera de grandes anuncios, sino de aguardar que haya escándalos en el salón de sesiones de San Lázaro a la hora en que el Presidente de la República se encuentre leyendo su discurso.
Sigue, por tanto, en el olvido que los informes de los presidentes se crearon como un medio de control del Congreso sobre el Poder Ejecutivo, así en la federación como en las entidades de la República. La presentación de un informe sobre el estado que guarda la administración pública es una obligación del gobierno. El presidente acude al Congreso cuando éste inicia sus sesiones ordinarias y para que los legisladores evalúen el desempeño gubernamental. Los secretarios de Estado también envían al Congreso un informe de sus respectivos ramos con el mismo propósito, aunque al parecer nadie se entera de lo que dicen y ni siquiera se sabe que los presentan. Ahora, es más, el mismo informe presidencial es desconocido por la opinión pública pues, con el pretexto de que es muy largo y tiene muchos anexos, el titular del Poder Ejecutivo sólo da lectura a un denominado mensaje que no es más que un discurso como otro cualquiera.
La idea de dejar atrás el viejo sistema de partido-Estado, de presidencialismo despótico, era construir un nuevo régimen político. Pero sucede que el principal encargado de encabezar esta construcción no pudo y no quiso: dejó todo para después.
Vicente Fox no emprendió cambios ni el estilo, pues hace berrinches cada vez que el Congreso le lleva la contraria o que los legisladores critican a miembros de su familia presuntamente involucrados en actividades ilícitas. El estilo personal de gobernar ha salido a relucir una vez más.
No hay manera de cambiar las cosas si no se cambia a las personas y a los partidos que mantienen lo viejo y lo que no funciona. Esto se sabe desde hace mucho tiempo: es la experiencia histórica. Cuando Fox llegó a la Presidencia de la República hubo una gran esperanza de que México fuera hacia un nuevo régimen político. Las pocas reformas, como la transparencia gubernamental, no alcanzaron a configurar un cambio como el que se había prometido.La crítica molesta tanto al señor Fox que a algunos les da miedo y, a otros, risa. No puede un jefe de gobierno vivir en corajes, de espalda a la lucha política abierta, a la crítica, a la réplica, a la contrarréplica. Vicente Fox nunca ha negociado en persona, por ejemplo, el presupuesto federal que en todo el mundo es tarea del jefe de gobierno. Alguien así provoca reacciones impredecibles en sus adversarios políticos. Por eso es que los medios de comunicación se dieron a la tarea de averiguar cómo iba a estar el primero de septiembre. Tal vez también por eso el mismo Vicente Fox me hizo la misma pregunta, a la que le respondí con la verdad: “no lo sé”. ¿Cómo conocer lo que se alberga en la mente de más de 600 legisladores que son pares entre sí y muchos de los cuales no acatan órdenes? Así está la República, mientras nadie sabe ya qué cosa es eso del informe presidencial.