viernes, julio 29, 2005

Miedo a la justicia

La resolución de una magistrada del Poder Judicial de la Federación en favor de Luis Echeverría y Mario Moya Palencia exhibe miedo a la justicia. Desde el principio de la acción enderezada a llevar ante los tribunales a los probables culpables de la matanza del diez de junio de 1971 se ha notado ese miedo, impronta del viejo régimen en el cual era imposible levantar un dedo en contra de los gobernantes sátrapas, donde los jueces, magistrados y ministros estaban al servicio del poder como algo natural, consustancial al estado de cosas.
La magistrada en cuestión sostiene que no pudo haber genocidio en la acción de los halcones. Pretende ignorar esta juzgadora que los halcones eran un grupo de asesinos organizados por el poder del Estado para matar opositores con el propósito de reprimir a la oposición independiente de entonces, para promover el miedo a ser disidente, a protestar. La magistrada soslaya que los estudiantes reivindicaban el derecho de manifestación –consagrado en la Constitución--, negado por el gobierno de la República. La juzgadora no quiere admitir que matar era el propósito de una acción de Estado, organizada por el presidente de la República y encubierta por los otros dos poderes de la Federación.
Un juicio contra Echeverría sería también, moralmente, un juicio contra el Poder Judicial de entonces. La Suprema Corte no realizó la investigación a que la Carta Magna le faculta cuando se ven afectadas y atacadas las garantías individuales. Los ministros de entonces callaron, ignoraron la Constitución de la República y se hicieron cómplices de la matanza del Jueves de Corpus. Pero, ¿por qué, ahora, el Poder Judicial de la Federación actúa de la misma forma? Es algo incontrovertible que la Corte puede, hoy, hacer lo que no hicieron los ministros de entonces, pero no se atreve, manifiesta de tal forma su miedo a la justicia.
El contenido principal de la resolución de la magistrada, quien piensa que no puede haber más genocidio que el holocausto contra el pueblo judío, es la impunidad. Es la misma tocada interpretada por la Suprema Corte cuando, por mayoría de su Sala Penal, decidió que el genocidio en México sí prescribe aunque casi todo el resto del mundo rechaza ese sinsentido jurídico y moral. La magistrada recibió el mensaje de esa mayoría de ministros de la Sala Penal que tuvieron miedo a la justicia, como sus antecesores, quienes callaron ante la gravísima violación de las garantías constitucionales que expresó la matanza del diez de junio.
Durante años, en la sombra, al margen de la ley y en su contra, los gobernantes organización a los halcones con el propósito de matar a sus opositores, con la evidente conciencia de que sus actos serían impunes. Pero la impunidad es lo contrario de la justicia y, por tanto, es el hecho más odioso que puede admitir un impartidor de justicia. Sin embargo, la magistrada, en su soledad, la cual es un afrenta a la historia y a la dignidad, dictó la sentencia ignominiosa de que los probables culpables de una acción dirigida al exterminio de la oposición al gobierno, que entonces eran los estudiantes, deben seguir en la impunidad, sin juicio alguno.
Cada día que ha pasado desde aquel Jueves de Corpus, sangriento y genocida, ha sido un día más de impunidad. Recordemos: el entonces presidente de la República ordenó una averiguación, aunque carecía de facultad constitucional para dar instrucciones al Ministerio Público, con el propósito –dijo-- de “esclarecer” los hechos, originalmente presentados como un “enfrentamiento entre estudiantes”. Pero no se produjo averiguación alguna. Todo fue una farsa. El entonces presidente de la República era el organizador del acto genocida y condujo las acciones políticas con el fin de arrojar todo al ancho mar de la impunidad criminal.
La magistrada –cuyo nombre no importa en absoluto—ha continuado con la misma tradición de impunidades del viejo régimen, moneda de cambio fundamental del funcionamiento del despotismo de entonces. Nada ha cambiado en esencia. Pero la lucha en contra de la impunidad continuará porque la historia no perdona, es también algo del presente.

viernes, julio 22, 2005

Una píldora en el camino

Las contradicciones en el gabinete del presidente Vicente Fox son frecuentes y, en ocasiones, se hacen más claras en la medida en que se pretende explicarlas. Ahora ha sido la píldora del día después o del día siguiente la que se han encontrado en el camino los secretarios de Salud y Gobernación.
Para el gobierno de Fox, la introducción de la tal píldora en el cuadro básico de medicamentos fue un paso demasiado difícil. Los especialistas tuvieron que dar muchas explicaciones para demostrar que no se trata de un abortivo sino de otra cosa, cualquiera que ésta sea. El tema del aborto con píldora, sin embargo, fue retomado por algunos obispos católicos y el secretario de Gobernación pide otro diálogo, aunque el gobierno del que forma parte ya había dejado el asunto concluido.
Lo que se destaca en las declaraciones del señor Carlos Abascal es su apego a las indicaciones eclesiales católicas sobre algunos temas, entre ellos el aborto. Si la iglesia romana se opone al uso de los anticonceptivos, es natural que también se oponga al uso de la píldora del día siguiente. Pero el Estado mexicano no es contrario a los métodos anticonceptivos en general, pues las consideraciones que se usan para combatir su uso son estrictamente religiosas y, dentro de las iglesias, existe un debate al respecto.
El Estado laico no puede asumir sin más las prohibiciones religiosas, pues se caracteriza justamente por establecer sus propias prohibiciones, sin que exista por encima del Estado mismo alguna otra autoridad. Este punto parece no entenderlo el secretario Abascal, quien rehusó decirle que no a los obispos que le consultaron sobre la inclusión de la píldora del día siguiente en el cuadro básico de medicamentos y se inventó una reapertura del diálogo sobre este punto, la cual, naturalmente, no podía ser admitida sin regateos por el secretario Julio Frenk.
Los dispositivos intrauterinos sí son microabortivos y el Estado no los ha prohibido, lo cual demuestra que el aborto de óvulos presuntamente fecundados no es una conducta indebida y mucho menos punible, de acuerdo con la ley. La píldora del día siguiente puede ser o no microabortiva pero el asunto es irrelevante, pues es necesaria desde el punto de vista de la salud reproductiva y, en especial, de la libertad de las personas.
Algunos políticos del PAN han dicho que su partido está a favor de la vida y, por tanto, debe debatirse el asunto de la píldora del día siguiente, lo que ha sido respaldado por el ex secretario de Gobernación, Santiago Creel. El PAN no puede discutir el tema de la tal píldora de la manera en que lo hace sin renunciar a ser un partido laico y, hasta donde se sabe, ese partido jamás se ha declarado católico. El gobierno del PAN –se supondría—debe asumir el concepto que a este respecto tiene su partido y admitir que el riesgo de que la píldora sea abortiva es suficiente para suprimirla del cuadro básico de medicamentos, lo que llevaría a ese mismo gobierno a dejar de ser laico y aquí sí la cosa se descompone porque el laicismo gubernamental es un mandato de la Constitución. Por esto, tal vez, el coordinador de políticas públicas, especialista en asuntos económicos, el señor Sojo, hubo de aclarar que la píldora se queda y ya.
De cualquier forma, una píldora en su camino demostró que el PAN está lejos de ser un partido laico y que los católicos de Los Pinos tienen un concepto sobre lo que es abortivo diferente al sostenido por algunos obispos muy duchos, por lo visto, en los temas de la fisiología y la genética.

viernes, julio 15, 2005

La comedia del PRI

El PRI ha cambiado mucho y sigue, sin embargo, siendo el mismo partido de siempre. No existe ningún líder máximo pues no hay en la Presidencia de la República un priista pero tampoco existe una dirigencia única. En los últimos doce meses, el PRI ha tenido a un fantasma en la secretaría general del partido, a una persona ausente pero que mantiene su cargo y las prerrogativas inherentes al mismo.
Los gobernadores hacen su mejor esfuerzo para ser los líderes máximos de sus respectivos estados pero aún así les madrugan de vez en cuando. Los precandidatos opositores a Madrazo son gobernadores o ex gobernadores más el líder de la bancada priista en Xicoténcatl pero no tienen la mayoría en el aparato de dirección del partido. El presidente del CEN, el señor Madrazo, tiene la sartén por el mango, como es natural, pero tampoco puede decirse que sea el líder del partido.
Los ires y venires de la política interna en el PRI arrojan una especie de comedia donde la comicidad es involuntaria. La risotada del público estalló una vez más cuando el presidente del partido fue presionado para que no abandonara su cargo después de muchos meses de una exigencia persistente de que lo hiciera por parte del llamado Tucom, que como su nombre completo lo indica (Todos unidos contra Madrazo) tenía como principal encargo tratar de lanzar a la calle al político tabasqueño y hacerle competir sin tener en sus manos el puesto y todo lo demás.
El motivo del ruego a Madrazo fue que la imaginaria secretaria general, la señora Gordillo, no está en disposición física de asumir el cargo de presidenta si el ex gobernador de Tabasco renuncia. Quien fuera despedida como coordinadora parlamentaria en San Lázaro, acusada de colaboracionismo con el presidente Vicente Fox, se convirtió en la figura que postergó la separación de Madrazo y, por consiguiente, la expedición de la convocatoria a la elección del candidato a presidente de la República. La diputada con licencia –ausente un año de su partido-- se hará cargo de la presidencia del PRI cuando ella pueda y quiera y, mientras tanto, todos tienen que esperarla. Aquí estalla la risotada popular.
A partir de este punto se presentan una serie de escenas cortas sobre el debate acerca de si la señora Gordillo será presidenta hasta después de las elecciones federales del 2006, excediendo el mandato de secretaria general y sustituta del presidente, o tendrá que haber un dirigente sustituto elegido por el Consejo del Partido. No hay acuerdo y nadie sabe qué va a pasar, lo cual le otorga cierto misterio a la comedia escenificada por la flor y nata del priismo nacional.
Pero en el cónclave priista donde se acordó que Madrazo no renunciara, todos los precandidatos y sus simpatizantes se tomaron de la mano como en la iglesia y cantaron algún himno a la unidad. Fin de un acto. Estamos a la espera del siguiente.
Conclusión provisional: el PRI tiene un problema de liderazgo debido a que carece de objeto. La lucha por el poder no es la causa de un partido entero sino de ciertos grupos pequeños que rodean a algún político convencional. Roberto Madrazo tiene el control del aparato y está seguro de que derrotará al precandidato del Tucom como derrotó a Beatriz Paredes y, antes, él fue derrotado por Labastida. Por lo pronto, la votación será a mayoría simple de los votos emitidos y no por distrito electoral como algunos del Tucom propusieron.
Mientras tanto, los precandidatos del Tucom se gastan millonadas en radio y televisión para tratar de ganar una encuesta entre ellos pero desperdician su dinero porque de cinco sólo quedará uno que tendrá que volver a gastas otra millonada para competir con el actual presidente del CEN priista. Esto quiere decir que los spots televisivos y radiofónicos van a seguir fuertes, aunque en ellos no se proponga nada, para que la ciudadanía se confunda más y más. Al final, sólo habrá uno, el que tenga más talega que sus contrincantes. Dinero=votos=poder=dinero incrementado: la nueva fórmula de la economía política.

viernes, julio 08, 2005

Transición sin rumbo

Una de las características de la política en México es que se vive una transición sin rumbo. Alcanzado el inicio de un cambio político, dejado atrás el viejo sistema de partido-Estado e iniciado un proceso de transición a otro régimen, el mayor problema es que nadie sabe a dónde se dirige el país.
El primer rasgo de la situación es que la impronta del viejo sistema es demasiado grande. Lo acabamos de ver en el Estado de México e, incluso, en Nayarit. Grandes recursos de procedencia pública se pusieron en movimiento para invadir los medios de comunicación y comprar votos. Esta fue la estrategia del poder durante años y lo sigue siendo.
Otra manifestación de la falta de rumbo político es la negativa del Congreso de la Unión a modificar la legislación electoral para regular las precampañas, garantizar y normar el acceso de los partidos a la radio y la televisión, fortalecer las facultades fiscalizadoras del IFE y puntualizar los tipos penales en esta materia. El PRI y el PAN se negaron a apoyar un proyecto formulado con su propia participación y sin dar explicaciones. No hay duda que no estaban preparados para emprender un cambio legislativo bajo la presión de sus propios precandidatos.
Los aspirantes en el PRI y en el PAN financian sus anteprecampañas con fondos de toda procedencia, sin el mínimo control público y de sus propios partidos. Ya vivimos una guerra publicitaria en radio y televisión, que son los más caros medios de dar a conocer planteamientos y convocatorias. Pero éstos no son más que juegos de palabras y auto ditirambos sin contenido programático. Se le ofrece al país un aspirante a presidente sin conocer su planteamiento de fondo sobre los problemas del país. No están los temas de la democracia, la economía, la crisis social, la inseguridad pública. ¿Es éste el nuevo sistema político que debe surgir de la transición?
Los políticos suelen ser miedosos en un contexto de conveniencias y futurismos. Mas este fenómeno no es consustancial a la lucha política en general, es decir, en todo momento y lugar, sino que se debe al temor de ser excluido por los jefes o a ser incomprendido por su propio partido, presa éste del pragmatismo más ruin. Esto es lo que ocurre hoy en el país y lo que también explica que el debate programático no adquiera la importancia que requiere el más superficial cambio democrático.
Mientras tanto, la transición sin rumbo se sigue expresando en la acción del gobierno y, en especial, en la actuación del Presidente de la República, quien carece de objetivos nacionales y se niega a conducir el diálogo político. Las finanzas públicas están en profunda crisis pero el gobierno no habla de otra cosa que del abortado proyecto de gravar con el IVA los alimentos y las medicinas. La reforma del Estado se ha suspendido por completo pero el Presidente de la República sólo gusta de hablar de sus reformas estructurales que no son más que la privatización de la industria eléctrica y el asunto del IVA, las cuales –dicen algunos—permitiría a la economía del país crecer a un promedio del siete por ciento anual, lo cual no es creído casi por nadie.
En el marco de este desastre de transición sin rumbo y con francos indicios de retroceso, la izquierda debe anteponer el debate programático y la discusión sobre el régimen político que es preciso construir. Alguien debe convocar al pueblo a acabar con la peor de las incertidumbres: la del futuro político del país.

viernes, julio 01, 2005

El Presidente en campaña

El presidente Vicente Fox anunció que intervendrá personalmente en la campaña electoral de su partido y no tardaron las voces que se le echaron encima. La tesis de los contrarios a la decisión presidencial consiste en que el jefe del Estado no debe tomar parte abiertamente en las contiendas electorales y que, por tanto, debe hacerlo por debajo del agua, sin que se vea mucho, como si en realidad el líder virtual de un partido político --el Presidente de la República-- no tuviera nada que ver con la lucha política del país.
Esta tesis viene del viejo régimen, cuando el inquilino de Los Pinos nombraba a los candidatos pero no se pronunciaba en público en favor de ninguno de ellos. En realidad, el Presidente dirigía la política pero no aparecía. Vicente Fox aclara que ese régimen ya se fue y que, por tal motivo, él se lanzará a defender a quien resulte elegido como candidato de su partido. Menos mal que no ha dicho que hará todo de su parte para que gane en el Partido Acción Nacional su propio precandidato, pues tal cosa no lo hubieran admitido los demás. En cambio, supone Vicente Fox que los candidatos opositores habrán de admitir que desde la Presidencia de la República sí se pueda promover al partido en el gobierno.
En realidad, eso de que el Presidente no pueda ni referirse a la contienda electoral proviene de una inmensa hipocrecía. Si el Jefe del Gobierno federal no tiene derecho alguno a utilizar recursos públicos en favor o en contra de algún candidato, tal situación no es obstáculo para que se pronuncie y aporte elementos de juicio a los electores sobre la competencia electoral. Por otro lado, a quienes resulten elegidos como candidatos de los demás partidos les convendrá que Vicente Fox apoye al candidato del Partido Acción Nacional, que haga campaña en favor de éste y entre en el debate electoral. De seguro que, como están las cosas en México, la intervención del Presidente beneficiaría a los candidatos rivales, pues podría decirse que existe una mayoría bastante grande que no quiere la reproducción del gobierno de Fox y que se le enchina el cuero nomás de pensar en seis años más de lo mismo.
Lo más probable es que la contienda que se avecina se entable, principalmente, entre el PRI y el PRD, pues el PAN ha perdido la capacidad para convocar a cambio alguno, para entusiasmar con alguna idea de inovación o progreso. Durante más de cuatro años y medio, tanto Vicente Fox como el partido de éste han anunciado más cosas que las efectivamente realizadas. La política social se quedó como estaba, es decir, en dos o tres programas llevados a cabo por el gobierno anterior, las inversiones públicas no fueron más lejos y las llamadas reformas estructurales, es decir, las privatizaciones, no pudieron ir más lejos. El fracaso de Vicente Fox y del PAN lo atestiguan los líderes empresariales quienes pensaron que, ahora sí, se aplicaría todo el programa patronal sin consesiones de ninguna especie.
En lo que toca a la cuestión de la democracia, el país se quedó exactamente en el mismo punto, de tal manera que la transición se interrumpió cuando el viejo régimen se vino abajo. Esta contradicción es uno de los signos que singularizan al PAN, pues se trata de un partido que llega al poder, después de 50 años de lucha, y se desdice que todo su programa democrático, es decir, demuestra su completa inconsecuencia con la democracia.
La actitud de Vicente Fox de culpar a otros de su falta de convocatoria y capacidad política, se tradujo en graves enfrentamientos con el Congreso. El actual Presidente jamás convocó a los portavoces de los grupos parlamentarios a discutir un sólo tema en concreto. Siempre que se entrevistó con algunos de ellos, todo quedó en palabras y palabras.
Por estos motivos, sería del todo conveniente que el presidente Vicente Fox se lanzara a apoyar todos los días al candidato del PAN y, si pudiera, también respaldar abiertamente al candidato del PRI, con quien de seguro tendrá muchas coincidencias de fondo, pues de tal manera ya estaría la izquierda con el campo libre para llegar a la Presidencia de la República.