La lógica de la rebelión
El rebelde se alza contra el Estado, ya sea que los órganos de éste sean de facto o de jure. El rebelde, por tanto, no puede entrar en las reglas ya que, en sí misma, la rebelión es un acto que las leyes penales manda perseguir.
El Ejército Zapatista de Liberación Nacional se encuentra en estado de rebelión y, en tanto mantenga esta calidad, tendrá una actitud de rechazo a las fuerzas políticas que de alguna manera forman parte del Estado. La crítica lanzada por Marcos, en su carácter de dirigente del EZLN, contra las tres principales fuerzas políticas del país es algo propio de la situación en la que éste se encuentra. Desde este punto de vista, no tendrían por qué ser presentados dichos ataques como cosas insólitas o peculiares.
El contenido del ataque de Marcos contra el Partido de la Revolución Democrática y Andrés Manuel López Obrador tiene singularidad en tanto que nunca antes había tenido el contenido que adoptó en el reciente manifiesto del líder rebelde. La tesis central es que el PRD y el jefe de gobierno capitalino son el espejo de Carlos Salinas. Esto querría decir que son el reflejo, o sea, lo mismo pero sobre una superficie plana. La tesis es un error de apreciación. El neoliberalismo –llamado liberalismo social—no es el planteamiento programático ni la práctica de gobierno del PRD en ninguna parte del país. Marcos se va por las cosas menos trascendentes para eludir el debate de lo más importante. Abrir el campo a la dictadura del mercado como falso igualador social es el planteamiento neoliberal. El PRD, en cambio, busca el Estado democrático y social, es decir, la conversión del Estado en un instrumento para alcanzar los derechos sociales y las libertades democráticas. Son dos tesis contrapuestas y, también, dos prácticas confrontadas.
Marcos señala algunos hechos a los cuales les otorga una relevancia inmensa en tanto crítico sistemático. Pero el sistema de la crítica no puede convertir algunos hechos en esencia de los fenómenos, pues, al hacerlo, se aplica un método erróneo. Aunque se sea rebelde, el método de análisis no puede ser tan malo.
En el atropello de las palabras existe una motivación política que se llama deslinde. Mas se trata de un deslinde total, de un repudio absoluto al PRD y a López Obrador, como si el propósito fuera –quizá lo es—encerrar al movimiento rebelde en un castillo de la pureza. Este es otro error en el análisis y en la práctica. El rebelde puede presentarse como el honesto –el único—y suele serlo, pero nunca como el puro, pues esta credencial corresponde sólo al ámbito de lo monacal y la rebeldía no guarda similitud alguna con la clausura.
La crítica del PRD es algo de lo más común en los medios de comunicación y en el seno de este mismo partido, lo cual no es novedoso ni escandaloso. Pero cuando los rebeldes fustigan sin atenuantes al único partido –de los tres principales—que siempre ha tratado de dar un lugar a los rebeldes y ha reconocido con todas sus letras el estado de rebeldía en que se encuentra el EZLN, entonces tenemos un rebelde en pretensión de pureza lo cual demerita la causa que se proclama. No es creíble la tabla rasa que hace Marcos de los tres partidos, pues con tal postulado no puede explicarse el nivel de confrontación política que ha vivido el país en tantos años.
La pureza contiene el subjetivismo, pues el análisis de la realidad se realiza a partir de la apreciación de uno mismo, pero ni cuando se es rebelde es válido explicar lo real a partir del ser que piensa. El cálculo político suele ser mal consejero cuando tal cálculo se realiza sin el menor método riguroso de análisis. Al parecer, a Marcos le importa muy poco la existencia de un partido que tenderá siempre a defender al EZLN en cualquier situación adversa a éste, lo cual denota una actitud excluyente e intolerante. No tendría Marcos que negarse a entrar a la crítica del PRD, la cual hacemos muchos otros, pero no se trata ahora de la crítica sino de la total descalificación implicada en igualar al criticado con el peor adversario de éste.
El rebelde debería ser el menos aventurero en materia política, pues el estado de rebeldía es lo más serio que puede haber. El aventurerismo debe ser dejado a los grillos y politiqueros que bastante abundan en nuestro sufrido país, los cuales no tienen que dar cuentas a nadie. Las tablas rasas no serán nunca un método de análisis que pueda dar pautas a la acción de rebeldes y no rebeldes. Pero, si se piensa que de algo puede servir la tal tabla para efectos de la causa de la rebelión, pues que se siga haciendo, al fin que los hechos, como siempre, tomarán la escena por encima de las palabras.
El Ejército Zapatista de Liberación Nacional se encuentra en estado de rebelión y, en tanto mantenga esta calidad, tendrá una actitud de rechazo a las fuerzas políticas que de alguna manera forman parte del Estado. La crítica lanzada por Marcos, en su carácter de dirigente del EZLN, contra las tres principales fuerzas políticas del país es algo propio de la situación en la que éste se encuentra. Desde este punto de vista, no tendrían por qué ser presentados dichos ataques como cosas insólitas o peculiares.
El contenido del ataque de Marcos contra el Partido de la Revolución Democrática y Andrés Manuel López Obrador tiene singularidad en tanto que nunca antes había tenido el contenido que adoptó en el reciente manifiesto del líder rebelde. La tesis central es que el PRD y el jefe de gobierno capitalino son el espejo de Carlos Salinas. Esto querría decir que son el reflejo, o sea, lo mismo pero sobre una superficie plana. La tesis es un error de apreciación. El neoliberalismo –llamado liberalismo social—no es el planteamiento programático ni la práctica de gobierno del PRD en ninguna parte del país. Marcos se va por las cosas menos trascendentes para eludir el debate de lo más importante. Abrir el campo a la dictadura del mercado como falso igualador social es el planteamiento neoliberal. El PRD, en cambio, busca el Estado democrático y social, es decir, la conversión del Estado en un instrumento para alcanzar los derechos sociales y las libertades democráticas. Son dos tesis contrapuestas y, también, dos prácticas confrontadas.
Marcos señala algunos hechos a los cuales les otorga una relevancia inmensa en tanto crítico sistemático. Pero el sistema de la crítica no puede convertir algunos hechos en esencia de los fenómenos, pues, al hacerlo, se aplica un método erróneo. Aunque se sea rebelde, el método de análisis no puede ser tan malo.
En el atropello de las palabras existe una motivación política que se llama deslinde. Mas se trata de un deslinde total, de un repudio absoluto al PRD y a López Obrador, como si el propósito fuera –quizá lo es—encerrar al movimiento rebelde en un castillo de la pureza. Este es otro error en el análisis y en la práctica. El rebelde puede presentarse como el honesto –el único—y suele serlo, pero nunca como el puro, pues esta credencial corresponde sólo al ámbito de lo monacal y la rebeldía no guarda similitud alguna con la clausura.
La crítica del PRD es algo de lo más común en los medios de comunicación y en el seno de este mismo partido, lo cual no es novedoso ni escandaloso. Pero cuando los rebeldes fustigan sin atenuantes al único partido –de los tres principales—que siempre ha tratado de dar un lugar a los rebeldes y ha reconocido con todas sus letras el estado de rebeldía en que se encuentra el EZLN, entonces tenemos un rebelde en pretensión de pureza lo cual demerita la causa que se proclama. No es creíble la tabla rasa que hace Marcos de los tres partidos, pues con tal postulado no puede explicarse el nivel de confrontación política que ha vivido el país en tantos años.
La pureza contiene el subjetivismo, pues el análisis de la realidad se realiza a partir de la apreciación de uno mismo, pero ni cuando se es rebelde es válido explicar lo real a partir del ser que piensa. El cálculo político suele ser mal consejero cuando tal cálculo se realiza sin el menor método riguroso de análisis. Al parecer, a Marcos le importa muy poco la existencia de un partido que tenderá siempre a defender al EZLN en cualquier situación adversa a éste, lo cual denota una actitud excluyente e intolerante. No tendría Marcos que negarse a entrar a la crítica del PRD, la cual hacemos muchos otros, pero no se trata ahora de la crítica sino de la total descalificación implicada en igualar al criticado con el peor adversario de éste.
El rebelde debería ser el menos aventurero en materia política, pues el estado de rebeldía es lo más serio que puede haber. El aventurerismo debe ser dejado a los grillos y politiqueros que bastante abundan en nuestro sufrido país, los cuales no tienen que dar cuentas a nadie. Las tablas rasas no serán nunca un método de análisis que pueda dar pautas a la acción de rebeldes y no rebeldes. Pero, si se piensa que de algo puede servir la tal tabla para efectos de la causa de la rebelión, pues que se siga haciendo, al fin que los hechos, como siempre, tomarán la escena por encima de las palabras.