Frontera segura
Son dos las condiciones puestas por el gobierno de Estados Unidos para llegar con México a un acuerdo migratorio: frontera segura y creación masiva de empleos que reduzca la emigración. La cuestión consiste en definir qué se entiende por “frontera segura” y qué habría que hacer para lograrla.
El gobierno de Estados Unidos pretende que las autoridades mexicanas hagan lo que él mismo no podría hacer bajo ninguna circunstancia como no fuera bajo estado de guerra, es decir, controlar la salida de personas de su territorio y, aún más, tender un cerco antes de la frontera para evitar que muchos se acerquen a ella.
La Constitución mexicana permite el libre tránsito de personas en el territorio nacional y la libre salida de las mismas. La Casa Blanca sabe de sobra que el gobierno de México no puede establecer restricciones a quienes deseen abandonar el territorio nacional ni tampoco puede impedir el tránsito de individuos hacia las fronteras del país. No obstante, el presidente Bush pretende imponer un nuevo régimen jurídico en esta materia pero en el territorio de México. Por su parte, el gobierno de Vicente Fox, quien ya había admitido cierto tipo de restricciones al acceso de migrantes hacia la frontera en las zonas áridas, ha tenido que alzar los hombros y declararse incapaz de llevar a cabo lo que sería una militarización de algunas regiones fronterizas.
El argumento principal usado por el gobierno estadunidense consiste en la seguridad nacional aunque también está presente la preocupación por el aumento de trabajadores migrantes que se lanzan hacia el territorio de Estados Unidos en busca de empleo. Es evidente que un país con muchos miles de kilómetros de fronteras internacionales y de litorales, al cual llegan millones de personas cada año procedentes de todas partes del mundo, tiene de por sí problemas de seguridad, pero éstos no se resolverán con poner al gobierno mexicano de guardia migratorio como tampoco ha tenido ningún resultado levantar un muro fronterizo en algunos lugares.
La seguridad nacional de Estados Unidos es un problema tan complejo como el de su política exterior, pero en forma alguna se ve vulnerada por la afluencia de migrantes mexicanos. Quienes lanzaron los aviones contra las Torres Gemelas y el Pentágono ingresaron a Estados Unidos de manera regular con visas en la mano y fueron entrenados en escuelas estadunidenses. La clave del ingreso de los terroristas fue su capacidad económica, de la cual carecen los trabajadores migrantes. Los pasos sin visa en la frontera mexicana se realizan casi sin equipaje y mucho menos con explosivos, los cuales, por lo demás, son más fáciles de adquirir en el mercado negro de Estados Unidos.
El argumento estadunidense se cae de plano cuando se considera que la expedición de visas laborales a trabajadores mexicanos crearía una relación migratoria más regular, menos accidentada, mejor observada por las autoridades de ambos países. Mas estamos hablando de visas permanentes que permitan al migrante entrar y salir del territorio de Estados Unidos durante un lapso considerablemente largo, pues el bracerismo es algo del pasado e irrepetible.
Es imposible detener legalmente la afluencia de trabajadores migrantes mexicanos hacia Estados Unidos. Este es el precio de la vecindad y de la tremenda desigualdad que existe entre ambos países, así como de la estructura social estadunidense que requiere fuerza de trabajo de menor preparación relativa para hacerse cargo de muchos empleos disponibles.
La frontera entre ambos países contiene una presión brutal que no será resuelta con medidas policíacas o militares sino con un arreglo basado en el entendimiento del problema. Son pocos los desempleados entre los trabajadores emigrados mientras que de dos millones que cruzan al año regresan más de un millón y medio. Y he aquí el problema: el asentamiento de mexicanos en aquel país, lo cual quiere ser detenido drásticamente. Pero no, no se podrá mientras el empleo en México no crezca lo suficiente y sea mejor remunerado, de lo cual no se preocupa tanto el gobierno de Estados Unidos ni, por lo visto, el de México.
La frontera segura es la de los pasos regulares, es decir, una frontera abierta es más segura que una parcialmente cerrada. El terrorismo podría llegar a Estados Unidos por cualquier parte y no sólo por su frontera sur pero éste no podrá ser combatido convenientemente si Washington mantiene su política exterior de policía mundial.
El gobierno de Estados Unidos pretende que las autoridades mexicanas hagan lo que él mismo no podría hacer bajo ninguna circunstancia como no fuera bajo estado de guerra, es decir, controlar la salida de personas de su territorio y, aún más, tender un cerco antes de la frontera para evitar que muchos se acerquen a ella.
La Constitución mexicana permite el libre tránsito de personas en el territorio nacional y la libre salida de las mismas. La Casa Blanca sabe de sobra que el gobierno de México no puede establecer restricciones a quienes deseen abandonar el territorio nacional ni tampoco puede impedir el tránsito de individuos hacia las fronteras del país. No obstante, el presidente Bush pretende imponer un nuevo régimen jurídico en esta materia pero en el territorio de México. Por su parte, el gobierno de Vicente Fox, quien ya había admitido cierto tipo de restricciones al acceso de migrantes hacia la frontera en las zonas áridas, ha tenido que alzar los hombros y declararse incapaz de llevar a cabo lo que sería una militarización de algunas regiones fronterizas.
El argumento principal usado por el gobierno estadunidense consiste en la seguridad nacional aunque también está presente la preocupación por el aumento de trabajadores migrantes que se lanzan hacia el territorio de Estados Unidos en busca de empleo. Es evidente que un país con muchos miles de kilómetros de fronteras internacionales y de litorales, al cual llegan millones de personas cada año procedentes de todas partes del mundo, tiene de por sí problemas de seguridad, pero éstos no se resolverán con poner al gobierno mexicano de guardia migratorio como tampoco ha tenido ningún resultado levantar un muro fronterizo en algunos lugares.
La seguridad nacional de Estados Unidos es un problema tan complejo como el de su política exterior, pero en forma alguna se ve vulnerada por la afluencia de migrantes mexicanos. Quienes lanzaron los aviones contra las Torres Gemelas y el Pentágono ingresaron a Estados Unidos de manera regular con visas en la mano y fueron entrenados en escuelas estadunidenses. La clave del ingreso de los terroristas fue su capacidad económica, de la cual carecen los trabajadores migrantes. Los pasos sin visa en la frontera mexicana se realizan casi sin equipaje y mucho menos con explosivos, los cuales, por lo demás, son más fáciles de adquirir en el mercado negro de Estados Unidos.
El argumento estadunidense se cae de plano cuando se considera que la expedición de visas laborales a trabajadores mexicanos crearía una relación migratoria más regular, menos accidentada, mejor observada por las autoridades de ambos países. Mas estamos hablando de visas permanentes que permitan al migrante entrar y salir del territorio de Estados Unidos durante un lapso considerablemente largo, pues el bracerismo es algo del pasado e irrepetible.
Es imposible detener legalmente la afluencia de trabajadores migrantes mexicanos hacia Estados Unidos. Este es el precio de la vecindad y de la tremenda desigualdad que existe entre ambos países, así como de la estructura social estadunidense que requiere fuerza de trabajo de menor preparación relativa para hacerse cargo de muchos empleos disponibles.
La frontera entre ambos países contiene una presión brutal que no será resuelta con medidas policíacas o militares sino con un arreglo basado en el entendimiento del problema. Son pocos los desempleados entre los trabajadores emigrados mientras que de dos millones que cruzan al año regresan más de un millón y medio. Y he aquí el problema: el asentamiento de mexicanos en aquel país, lo cual quiere ser detenido drásticamente. Pero no, no se podrá mientras el empleo en México no crezca lo suficiente y sea mejor remunerado, de lo cual no se preocupa tanto el gobierno de Estados Unidos ni, por lo visto, el de México.
La frontera segura es la de los pasos regulares, es decir, una frontera abierta es más segura que una parcialmente cerrada. El terrorismo podría llegar a Estados Unidos por cualquier parte y no sólo por su frontera sur pero éste no podrá ser combatido convenientemente si Washington mantiene su política exterior de policía mundial.