"Prepotencia del poder"
El vocero oficial de Los Pinos se refiere al jefe de gobierno de la Ciudad de México y acuña la frase “prepotencia del poder” que, según él, ha sido despreciada por el pueblo de México en su larga lucha por la democracia. Lo que se quiere decir con algo así como el ejercicio de un poder mayor que el de otros y del que alardea o abusa el poder local, (tal cosa querría decir el disparate de la casa presidencial), o sea, el poder mayor del poder menor (entiéndase como se quiera), no es lo que se escribe sino, al parecer, otra cosa: acusar a “quien dice aspirar a conducir el destino de la nación” (Los Pinos dixit) de prepotente; con lo cual el vocero presidencial y su jefe, el presidente, externan postura pública (una vez más) sobre la actual competencia preelectoral por la presidencia de la República. Vemos de esta manera y en el texto oficial la verdadera motivación de la solicitud de desafuero con todas las maniobras y confabulaciones que ésta tiene detrás de sí.
El “prepotente” denunciado por el vocero presidencial es una persona a quien le quieren despojar sus derechos políticos desde el poder del Estado –los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, juntos--, mediante un plan bien arreglado, con el objeto de que no pueda ser postulado por su partido como candidato a presidente de la República. El alarde de poder mayor –la prepotencia—es adjudicado a la posible víctima de ese poder más grande, es decir, estamos viviendo un mundo alterado visto desde la residencia oficial del jefe del Estado y del gobierno.
Desde Los Pinos se hacen definiciones doctrinarias que provocan cierta hilaridad un tanto avergonzada, pero de vergüenza por el prójimo: “En la democracia la lucha se da en el nivel de la mesura inteligente...”. ¿Cuál será “el nivel de la mesura inteligente”? Habría que suponer que la democracia no admite desmesuras, es decir, ausencia de moderación y tampoco acciones que no puedan considerarse inteligentes. ¿Qué diría el vocero de Los Pinos, ante la mirada iracunda de su jefe, el presidente, si le recordara a éste aquella frase de “son marranadas” lanzada por el candidato Vicente Fox contra los magistrados electorales que rechazaron el logotipo electoral del PAN-PVEM que contenía la foto del entonces aspirante? Pero no sólo hablemos de aquel Fox candidato, sino de este Fox presidente de la República quien se refiere al Congreso como un lugar de “parlamentarismo irreflexivo”.
Pero el vocero presidencial miente al seguir los discursos de su jefe: “el Poder Judicial fundamentó –dice-- el desacató del jefe de Gobierno con respecto a sus resoluciones”. La redacción no tiene desperdicio de mala factura, pero lo que se quiere decir es que el Poder Judicial pidió el desafuero de López Obrador, que es justamente lo que no ocurrió y lo que algunos juristas han dicho que debió llevarse a cabo si acaso la Suprema Corte hubiera llegado a la conclusión de que hubo desacato y que el probable responsable era el jefe de gobierno. El juez de distrito –quien no es el Poder Judicial—pidió al Ministerio Público de la Federación que averiguara y resolviera sobre la inobservancia de una suspensión definitiva. La PGR hizo una averiguación, decidió que había delito y declaró que López Obrador podía ser el probable responsable. Pero esta decisión del procurador se tomó en Los Pinos, lo que es una trasgresión a la ley, pues el Ministerio Público cuenta con atribuciones constitucionales propias cuyo ejercicio no admite órdenes ni consejos del presidente de la República.
El vocero de Vicente Fox nos viene ahora con esta frase tan mal hecha como casi todas las otras de la declaración oficial del 21 de febrero: “El Poder Ejecutivo, con respeto absoluto a las atribuciones que otorga la ley a cada uno de los Poderes (sic) de la Unión, acatará siempre las decisiones que se tomen en su seno”. ¿En el seno de quién? Suponemos que se refiere a los poderes Legislativo y Judicial, pero no se dijo lo mismo cuando la Cámara de Diputados expidió el Presupuesto de Egresos de 2005 y el presidente de la República declaró que iba a impugnar la decisión tomada por los legisladores, lo que después se tradujo en la inaudita objeción de Fox a la capacidad de la Cámara para crear nuevos programas de gasto.
El intento de desafuero del jefe de gobierno de la Ciudad de México es, sencillamente, un acto político del señor Vicente Fox y otros miembros de su gobierno, con el apoyo del PAN, y el aplauso de no pocos políticos del PRI. Es la falta de “mesura” y la ausencia de “inteligencia” política que predominan en el Ejecutivo, a pesar de las definiciones doctrinarias tan malas como reiteradas por Fox.
El “prepotente” denunciado por el vocero presidencial es una persona a quien le quieren despojar sus derechos políticos desde el poder del Estado –los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, juntos--, mediante un plan bien arreglado, con el objeto de que no pueda ser postulado por su partido como candidato a presidente de la República. El alarde de poder mayor –la prepotencia—es adjudicado a la posible víctima de ese poder más grande, es decir, estamos viviendo un mundo alterado visto desde la residencia oficial del jefe del Estado y del gobierno.
Desde Los Pinos se hacen definiciones doctrinarias que provocan cierta hilaridad un tanto avergonzada, pero de vergüenza por el prójimo: “En la democracia la lucha se da en el nivel de la mesura inteligente...”. ¿Cuál será “el nivel de la mesura inteligente”? Habría que suponer que la democracia no admite desmesuras, es decir, ausencia de moderación y tampoco acciones que no puedan considerarse inteligentes. ¿Qué diría el vocero de Los Pinos, ante la mirada iracunda de su jefe, el presidente, si le recordara a éste aquella frase de “son marranadas” lanzada por el candidato Vicente Fox contra los magistrados electorales que rechazaron el logotipo electoral del PAN-PVEM que contenía la foto del entonces aspirante? Pero no sólo hablemos de aquel Fox candidato, sino de este Fox presidente de la República quien se refiere al Congreso como un lugar de “parlamentarismo irreflexivo”.
Pero el vocero presidencial miente al seguir los discursos de su jefe: “el Poder Judicial fundamentó –dice-- el desacató del jefe de Gobierno con respecto a sus resoluciones”. La redacción no tiene desperdicio de mala factura, pero lo que se quiere decir es que el Poder Judicial pidió el desafuero de López Obrador, que es justamente lo que no ocurrió y lo que algunos juristas han dicho que debió llevarse a cabo si acaso la Suprema Corte hubiera llegado a la conclusión de que hubo desacato y que el probable responsable era el jefe de gobierno. El juez de distrito –quien no es el Poder Judicial—pidió al Ministerio Público de la Federación que averiguara y resolviera sobre la inobservancia de una suspensión definitiva. La PGR hizo una averiguación, decidió que había delito y declaró que López Obrador podía ser el probable responsable. Pero esta decisión del procurador se tomó en Los Pinos, lo que es una trasgresión a la ley, pues el Ministerio Público cuenta con atribuciones constitucionales propias cuyo ejercicio no admite órdenes ni consejos del presidente de la República.
El vocero de Vicente Fox nos viene ahora con esta frase tan mal hecha como casi todas las otras de la declaración oficial del 21 de febrero: “El Poder Ejecutivo, con respeto absoluto a las atribuciones que otorga la ley a cada uno de los Poderes (sic) de la Unión, acatará siempre las decisiones que se tomen en su seno”. ¿En el seno de quién? Suponemos que se refiere a los poderes Legislativo y Judicial, pero no se dijo lo mismo cuando la Cámara de Diputados expidió el Presupuesto de Egresos de 2005 y el presidente de la República declaró que iba a impugnar la decisión tomada por los legisladores, lo que después se tradujo en la inaudita objeción de Fox a la capacidad de la Cámara para crear nuevos programas de gasto.
El intento de desafuero del jefe de gobierno de la Ciudad de México es, sencillamente, un acto político del señor Vicente Fox y otros miembros de su gobierno, con el apoyo del PAN, y el aplauso de no pocos políticos del PRI. Es la falta de “mesura” y la ausencia de “inteligencia” política que predominan en el Ejecutivo, a pesar de las definiciones doctrinarias tan malas como reiteradas por Fox.