Estrategia para la democracia
La lucha por la legalidad democrática se ha puesto en la primera línea con motivo de la petición de desafuero del jefe de gobierno de la Ciudad de México. No existe hoy ningún otro asunto meramente político más importante, ni siquiera la llevada y traída reforma electoral cuyo posible desenlace se encuentra en la incertidumbre.
En una torcedura de las leyes, el gobierno ha emprendido una aventura política que daña el precario proceso de transición a la democracia en México. Cuando el Poder Ejecutivo utiliza las instituciones públicas para inhabilitar a quien este mismo considera como su principal opositor y, al mismo tiempo, es puntero en las muy anticipadas encuestas presidenciales que se han convertido en el azote de la clase política mexicana, todo proceso democratizador, aunque sea titubeante, es tornado en regresión antidemocrática.
La responsabilidad es del presidente Vicente Fox, quien se negó a nombrar un agente del Ministerio Público independiente para averiguar la denuncia contra él mismo en el escándalo abierto con motivo del sistema de financiamiento ilegal de su campaña a la Presidencia y tampoco lo hizo con motivo de la resolución judicial sobre las frustradas obras en el predio El Encino. En ambos casos, el titular del Poder Ejecutivo ha manipulado a la procuración de justicia, como antes se hacía, como siempre se combatió desde la oposición, incluida a veces la panista de la que proviene desde 1987 el actual Presidente.
El problema es grande para los demócratas que no han cedido ante el nuevo gobierno, es decir, para quienes son independientes o se encuentran en la oposición, pero en especial para el Partido de la Revolución Democrática.
La estrategia de hoy debe ser defender la legalidad democrática frente al uso faccioso de la justicia con propósitos agresivamente antidemocráticos. El PRD se visto titubeante y lento. Su posición de rechazo casi se ha limitado a hacer comunicados y declaraciones, incluida la suspensión del diálogo directo con Fox.
Aquí se ha cometido un error. La estrategia, necesariamente defensiva, no debe ser la virtual parálisis. Mucho menos cuando se trata de un partido de masas. La defensa consiste en agrupar fuerzas, protestar con energía, hacer participar a muchos en la protesta, dar cauce a la indignación popular, informar con amplitud a través de movilizaciones que se hacen oír mucho más que las declaraciones, pedir apoyo y convocar con plena convicción.
Vicente Fox debe saber que muchos rechazan su acometida antidemocrática tendiente a inhabilitar a un ciudadano para eliminarlo del camino y su actitud golpista de separar de su cargo --por nada-- a un gobernante democráticamente elegido por el pueblo. Las encuestas son tantas y tan frecuentes que no impresionan demasiado. Los millones de mexicanos que están inconformes e indignados con la manipulación antidemocrática del gobierno de Fox deben ser convocados: esta es una de las funciones principales de la dirección de un partido que tiene por qué luchar.
Vicente Fox debe encararse a cada paso con quienes quieren protestar por su ataque a las instituciones democráticas, al derecho de elegir y ser elegido. La suspensión de los diálogos directos no da claridad. Evadir hablar frente a la cara del adversario político nunca ha sido una buena estrategia política. Más aún, los demócratas tienen necesidad de criticar en su cara a los enemigos de la democracia, sean quienes sean. Es un error mantener sólo el diálogo público en el que el poder lleva la ventaja pues su voz retumba mucho más. Se requiere elevar el número de voces y encarar en lo personal al jefe de la ofensiva contra la libertad de sufragio.
La exigencia concreta para defender la legalidad democrática es el desistimiento penal, el cual sería la forma más rápida y adecuada para deshacer la embestida antidemocrática. Se trata, en consecuencia, de una demanda legítima, necesaria y constructiva para impedir que la precaria transición, ya de por sí detenida desde antes de la petición de desafuero, sea aplastada por una derecha que ha olvidado todo lo que antes dijo sobre este tema.
En una torcedura de las leyes, el gobierno ha emprendido una aventura política que daña el precario proceso de transición a la democracia en México. Cuando el Poder Ejecutivo utiliza las instituciones públicas para inhabilitar a quien este mismo considera como su principal opositor y, al mismo tiempo, es puntero en las muy anticipadas encuestas presidenciales que se han convertido en el azote de la clase política mexicana, todo proceso democratizador, aunque sea titubeante, es tornado en regresión antidemocrática.
La responsabilidad es del presidente Vicente Fox, quien se negó a nombrar un agente del Ministerio Público independiente para averiguar la denuncia contra él mismo en el escándalo abierto con motivo del sistema de financiamiento ilegal de su campaña a la Presidencia y tampoco lo hizo con motivo de la resolución judicial sobre las frustradas obras en el predio El Encino. En ambos casos, el titular del Poder Ejecutivo ha manipulado a la procuración de justicia, como antes se hacía, como siempre se combatió desde la oposición, incluida a veces la panista de la que proviene desde 1987 el actual Presidente.
El problema es grande para los demócratas que no han cedido ante el nuevo gobierno, es decir, para quienes son independientes o se encuentran en la oposición, pero en especial para el Partido de la Revolución Democrática.
La estrategia de hoy debe ser defender la legalidad democrática frente al uso faccioso de la justicia con propósitos agresivamente antidemocráticos. El PRD se visto titubeante y lento. Su posición de rechazo casi se ha limitado a hacer comunicados y declaraciones, incluida la suspensión del diálogo directo con Fox.
Aquí se ha cometido un error. La estrategia, necesariamente defensiva, no debe ser la virtual parálisis. Mucho menos cuando se trata de un partido de masas. La defensa consiste en agrupar fuerzas, protestar con energía, hacer participar a muchos en la protesta, dar cauce a la indignación popular, informar con amplitud a través de movilizaciones que se hacen oír mucho más que las declaraciones, pedir apoyo y convocar con plena convicción.
Vicente Fox debe saber que muchos rechazan su acometida antidemocrática tendiente a inhabilitar a un ciudadano para eliminarlo del camino y su actitud golpista de separar de su cargo --por nada-- a un gobernante democráticamente elegido por el pueblo. Las encuestas son tantas y tan frecuentes que no impresionan demasiado. Los millones de mexicanos que están inconformes e indignados con la manipulación antidemocrática del gobierno de Fox deben ser convocados: esta es una de las funciones principales de la dirección de un partido que tiene por qué luchar.
Vicente Fox debe encararse a cada paso con quienes quieren protestar por su ataque a las instituciones democráticas, al derecho de elegir y ser elegido. La suspensión de los diálogos directos no da claridad. Evadir hablar frente a la cara del adversario político nunca ha sido una buena estrategia política. Más aún, los demócratas tienen necesidad de criticar en su cara a los enemigos de la democracia, sean quienes sean. Es un error mantener sólo el diálogo público en el que el poder lleva la ventaja pues su voz retumba mucho más. Se requiere elevar el número de voces y encarar en lo personal al jefe de la ofensiva contra la libertad de sufragio.
La exigencia concreta para defender la legalidad democrática es el desistimiento penal, el cual sería la forma más rápida y adecuada para deshacer la embestida antidemocrática. Se trata, en consecuencia, de una demanda legítima, necesaria y constructiva para impedir que la precaria transición, ya de por sí detenida desde antes de la petición de desafuero, sea aplastada por una derecha que ha olvidado todo lo que antes dijo sobre este tema.