¿Cual reforma para el PRD?
Nadie discute si el Partido de la Revolución Democrática debe o no reformarse. El problema versa sobre cuál reforma. Desde antes del videoescándalo, el PRD se preparaba para su tercera reforma en el lapso de 15 años. La necesidad de la reforma se desprende de que las cosas no marchan bien o, en el bueno de los casos, de que pueden marchar mejor. El próximo viernes, el PRD abrirá su Congreso y deberá tomar decisiones trascendentales.
El escándalo reciente muestra que en el PRD no existe la necesaria vigilancia política y de que, en tal situación, el dinero político y el tráfico de influencias pueden meterse en el partido, como ya se ha visto. Se requiere, por tanto, una estructura de dirección política que no propicie las embestidas externas y prevenga la corrupción. La sistema que el PRD escogió para llevar a cabo las competencias que de manera natural se producen en el seno de cualquier partido fue libre, abierto y desordenado. Esto es lo que se debe arreglar con urgencia.
Se plantea ahora que las precandidaturas a cargos de elección popular y las candidaturas a puestos de dirección estén sometidas a reglas, entre ellas, la de que ningún aspirante pueda comprar spots en radio y televisión. Habría que extender esta prohibición a los anuncios espectaculares y a los plásticos colgados de los postes. Asimismo, la vigilancia debe ser muy rigurosa, de tal manera que se impida efectivamente la práctica de los regalos y las dádivas que ya están prohibidas pero que se llevan a cabo. Lo que se necesita es que los aspirantes no requieran mucho dinero para lograr ser postulados o elegidos.
Otro de los grandes problemas del PRD es el de la integración de los órganos de dirección. La representación proporcional es un método democrático que sólo existe en este partido, pero lo avanzado se convierte en un método perjudicial cuando las planillas se convierten en una forma de reparto de puestos burocráticos. Si debe prevalecer esta manera de no excluir, debe también admitirse que la proporcionalidad no debe estar presente en los cargos remunerados, es decir, en la administración política. No es lo mismo ser un dirigente de partido sin fuerza administrativa que sólo hace valer sus ideas y propuestas que convertirse en un operador político para organizar un grupo a partir del puesto que ocupa.
Todos los partidos democráticos del mundo cuentan con un comité de dirección y con un organismo de administración política subordinado a aquél. El PRD tienen un comité ejecutivo nacional que asume las dos funciones. La democracia siempre ha buscado domeñar a la burocracia política para evitar que desde la administración se tomen las decisiones sobre el rumbo de las cosas. Si el PRD quiere cambiar tendrá que asumir la experiencia de su propia vulnerabilidad para impedir que se le meta otra vez el sistema de tráfico de influencias, el cual tiende por la naturaleza del sistema social a copar los espacios de la política.
No debería nadie caer en la actitud de hacer como si nada hubiera ocurrido. Lo que ha pasado en el Partido de la Revolución Democrática es un hecho muy grave que no se minimiza en absoluto por el hecho de que otros partidos han recibido dinero de procedencia ilícita; no debe aceptarse a nadie que diga que la corrupción evidenciada es poca en comparación con otros hechos. El PRD no puede medirse así con los demás pues debe ser un partido limpio en la conducta de sus dirigentes.
Construir un código de ética implica también contar con normas que se apliquen de manera cotidiana y es aquí donde el PRD ha fallado. El Estatuto cuenta con preceptos tendientes a impedir la corrupción en sus diversas formas pero no hay manera de realizar la vigilancia política efectiva. Por ello, es necesario que se acabe con la tolerancia a título de que no conviene exhibirse. No, que el videoescándalo sirva para cambiar las relaciones entre los dirigentes perredistas y evitar que éstos puedan tomar decisiones individuales al margen de los principios éticos y políticos del partido.
No hay que esperar con el pretexto de que es preciso pensar bien las posibles reformas. Hay que actuar rápido y, después, hacer balances para corregir lo que deba enmendarse. Que en el Congreso del PRD no cunda el conservadurismo. Ojalá.
El escándalo reciente muestra que en el PRD no existe la necesaria vigilancia política y de que, en tal situación, el dinero político y el tráfico de influencias pueden meterse en el partido, como ya se ha visto. Se requiere, por tanto, una estructura de dirección política que no propicie las embestidas externas y prevenga la corrupción. La sistema que el PRD escogió para llevar a cabo las competencias que de manera natural se producen en el seno de cualquier partido fue libre, abierto y desordenado. Esto es lo que se debe arreglar con urgencia.
Se plantea ahora que las precandidaturas a cargos de elección popular y las candidaturas a puestos de dirección estén sometidas a reglas, entre ellas, la de que ningún aspirante pueda comprar spots en radio y televisión. Habría que extender esta prohibición a los anuncios espectaculares y a los plásticos colgados de los postes. Asimismo, la vigilancia debe ser muy rigurosa, de tal manera que se impida efectivamente la práctica de los regalos y las dádivas que ya están prohibidas pero que se llevan a cabo. Lo que se necesita es que los aspirantes no requieran mucho dinero para lograr ser postulados o elegidos.
Otro de los grandes problemas del PRD es el de la integración de los órganos de dirección. La representación proporcional es un método democrático que sólo existe en este partido, pero lo avanzado se convierte en un método perjudicial cuando las planillas se convierten en una forma de reparto de puestos burocráticos. Si debe prevalecer esta manera de no excluir, debe también admitirse que la proporcionalidad no debe estar presente en los cargos remunerados, es decir, en la administración política. No es lo mismo ser un dirigente de partido sin fuerza administrativa que sólo hace valer sus ideas y propuestas que convertirse en un operador político para organizar un grupo a partir del puesto que ocupa.
Todos los partidos democráticos del mundo cuentan con un comité de dirección y con un organismo de administración política subordinado a aquél. El PRD tienen un comité ejecutivo nacional que asume las dos funciones. La democracia siempre ha buscado domeñar a la burocracia política para evitar que desde la administración se tomen las decisiones sobre el rumbo de las cosas. Si el PRD quiere cambiar tendrá que asumir la experiencia de su propia vulnerabilidad para impedir que se le meta otra vez el sistema de tráfico de influencias, el cual tiende por la naturaleza del sistema social a copar los espacios de la política.
No debería nadie caer en la actitud de hacer como si nada hubiera ocurrido. Lo que ha pasado en el Partido de la Revolución Democrática es un hecho muy grave que no se minimiza en absoluto por el hecho de que otros partidos han recibido dinero de procedencia ilícita; no debe aceptarse a nadie que diga que la corrupción evidenciada es poca en comparación con otros hechos. El PRD no puede medirse así con los demás pues debe ser un partido limpio en la conducta de sus dirigentes.
Construir un código de ética implica también contar con normas que se apliquen de manera cotidiana y es aquí donde el PRD ha fallado. El Estatuto cuenta con preceptos tendientes a impedir la corrupción en sus diversas formas pero no hay manera de realizar la vigilancia política efectiva. Por ello, es necesario que se acabe con la tolerancia a título de que no conviene exhibirse. No, que el videoescándalo sirva para cambiar las relaciones entre los dirigentes perredistas y evitar que éstos puedan tomar decisiones individuales al margen de los principios éticos y políticos del partido.
No hay que esperar con el pretexto de que es preciso pensar bien las posibles reformas. Hay que actuar rápido y, después, hacer balances para corregir lo que deba enmendarse. Que en el Congreso del PRD no cunda el conservadurismo. Ojalá.