El engaño del Partido Verde
No debería sorprender a nadie que el presidente del llamado Partido Verde Ecologista de México pregunte a un interlocutor suyo ¿y cuánto nos va a tocar a nosotros?, en referencia a unas supuestas gestiones para obtener permisos municipales. Lo que sorprende es que hayan pasado tantos años sin que se hubiera dejado bien en claro que ese partido no es un partido y que sus dueños no son ecologistas.
Una parte del electorado fue engañado durante todos esos años sin que los partidos políticos hicieran algo eficaz para poner al descubierto la verdadera naturaleza del grupo que ha administrado la franquicia electoral bajo el nombre de Verde Ecologista. Ni siquiera el movimiento de los medioambientalistas pudo dejar las cosas en claro a pesar de que la familia González tomó su causa como parapeto político y medio de engaño de la opinión pública.
En tanto que la suplantación del ecologismo fue lograda en el terreno político, los partidos buscaron, en una medida o en otra, acercamientos electorales con los llamados verdes, aun cuando tales partidos siempre han sabido que se trata de impostores. El simple hecho de contar con simpatías electorales, es decir, un porcentaje, mete a cualquier grupo a las negociaciones políticas y preelectorales así se trate de una familia, lo cual sólo pone al descubierto la existencia de un sistema de partidos muy endeble y de unos políticos del todo pragmáticos.
Los partidos verdes de Europa fueron producto de movimientos de masas que, en determinado momento, decidieron convertirse en formaciones políticas para la lucha por elevar su fuerza a elemento del poder del Estado. Tales movimientos convertidos en partido han jugado un papel relevante en los debates y en la conformación de gobiernos, en la medida en que representan a una parte importante de la sociedad. En México, los impostores no representan más que sus propios intereses y, aún así, hay gente que les ha creído. Esto también pone de manifiesto la naturaleza manipulable de partes del electorado mexicano.
El llamado Partido Verde de la familia González también logró presentarse como un partido de jóvenes y no pocos le creyeron. Esto pone de relieve la pobreza de los partidos en cuanto a la organización política de la juventud. La simple propaganda del carácter juvenil de ese grupo y la presencia en éste de algunos jóvenes que jamás participaron en movimientos estudiantiles, habiendo sido estudiantes, fue suficiente para que miles de electores creyeran las mentiras, a pesar de que se trata de jóvenes de familias más o menos ricas.
La manera tan sencilla como el senador González pregunta ¿y cuánto nos va a tocar a nosotros? denota una manera de ser, una forma de abordar la gestión política, un método natural de concluir un diálogo sobre un asunto público, pues su interlocutor no le había ofrecido todavía dinero. Existe, por tanto, una falta de honradez, aunque no se hubiera consumado un delito, de parte de un servidor público que se encuentra obligado a ser honrado, según disponen las leyes.
Ahora bien, quien actúe o sea omiso en perjuicio de los intereses públicos debe ser sujeto de juicio político si, al mismo tiempo, se es senador de la República, según reza la Constitución. La falta de honradez constituye un perjuicio al desempeño de una función pública.
Todos los partidos han dado, de una u otra manera, legitimación al llamado Verde Ecologista, pero sólo dos de ellos han realizado sendas alianzas electorales nacionales: el PAN y el PRI. El primero logró el apoyo de los impostores en el año 2000 a quienes les regaló cinco senadurías; el segundo se presentó en una alianza parcial, pero nacional en la práctica, para sumar votos a favor del propósito de lograr una mayoría absoluta en la Cámara de Diputados. El rompimiento con el PAN se debió a que Fox se negó a llevar a González padre al gabinete; el rompimiento con el segundo debería darse como consecuencia del escándalo: aquí veremos al PRI sometido a una sencilla prueba.
Las pretensiones de los disidentes del llamado Verde no serán alcanzadas: se mantendrá el dominio de la familia González porque la franquicia electoral es de su propiedad. Pero se habrá producido una lección para todos: electores, políticos, partidos, ecologistas e, incluso, partidos verdes de otros países que alguna vez –incautos-- tuvieron relación con la familia de marras.
Una parte del electorado fue engañado durante todos esos años sin que los partidos políticos hicieran algo eficaz para poner al descubierto la verdadera naturaleza del grupo que ha administrado la franquicia electoral bajo el nombre de Verde Ecologista. Ni siquiera el movimiento de los medioambientalistas pudo dejar las cosas en claro a pesar de que la familia González tomó su causa como parapeto político y medio de engaño de la opinión pública.
En tanto que la suplantación del ecologismo fue lograda en el terreno político, los partidos buscaron, en una medida o en otra, acercamientos electorales con los llamados verdes, aun cuando tales partidos siempre han sabido que se trata de impostores. El simple hecho de contar con simpatías electorales, es decir, un porcentaje, mete a cualquier grupo a las negociaciones políticas y preelectorales así se trate de una familia, lo cual sólo pone al descubierto la existencia de un sistema de partidos muy endeble y de unos políticos del todo pragmáticos.
Los partidos verdes de Europa fueron producto de movimientos de masas que, en determinado momento, decidieron convertirse en formaciones políticas para la lucha por elevar su fuerza a elemento del poder del Estado. Tales movimientos convertidos en partido han jugado un papel relevante en los debates y en la conformación de gobiernos, en la medida en que representan a una parte importante de la sociedad. En México, los impostores no representan más que sus propios intereses y, aún así, hay gente que les ha creído. Esto también pone de manifiesto la naturaleza manipulable de partes del electorado mexicano.
El llamado Partido Verde de la familia González también logró presentarse como un partido de jóvenes y no pocos le creyeron. Esto pone de relieve la pobreza de los partidos en cuanto a la organización política de la juventud. La simple propaganda del carácter juvenil de ese grupo y la presencia en éste de algunos jóvenes que jamás participaron en movimientos estudiantiles, habiendo sido estudiantes, fue suficiente para que miles de electores creyeran las mentiras, a pesar de que se trata de jóvenes de familias más o menos ricas.
La manera tan sencilla como el senador González pregunta ¿y cuánto nos va a tocar a nosotros? denota una manera de ser, una forma de abordar la gestión política, un método natural de concluir un diálogo sobre un asunto público, pues su interlocutor no le había ofrecido todavía dinero. Existe, por tanto, una falta de honradez, aunque no se hubiera consumado un delito, de parte de un servidor público que se encuentra obligado a ser honrado, según disponen las leyes.
Ahora bien, quien actúe o sea omiso en perjuicio de los intereses públicos debe ser sujeto de juicio político si, al mismo tiempo, se es senador de la República, según reza la Constitución. La falta de honradez constituye un perjuicio al desempeño de una función pública.
Todos los partidos han dado, de una u otra manera, legitimación al llamado Verde Ecologista, pero sólo dos de ellos han realizado sendas alianzas electorales nacionales: el PAN y el PRI. El primero logró el apoyo de los impostores en el año 2000 a quienes les regaló cinco senadurías; el segundo se presentó en una alianza parcial, pero nacional en la práctica, para sumar votos a favor del propósito de lograr una mayoría absoluta en la Cámara de Diputados. El rompimiento con el PAN se debió a que Fox se negó a llevar a González padre al gabinete; el rompimiento con el segundo debería darse como consecuencia del escándalo: aquí veremos al PRI sometido a una sencilla prueba.
Las pretensiones de los disidentes del llamado Verde no serán alcanzadas: se mantendrá el dominio de la familia González porque la franquicia electoral es de su propiedad. Pero se habrá producido una lección para todos: electores, políticos, partidos, ecologistas e, incluso, partidos verdes de otros países que alguna vez –incautos-- tuvieron relación con la familia de marras.