viernes, enero 30, 2004

La oportunidad de la Convención de Querétaro

El cinco de febrero, aniversario de dos constituciones (1857 y 1917), en la ciudad de Querétaro, sede del último congreso constituyente, dará inicio una convención. Los poderes públicos y las fuerzas políticas del país se han dado cita para intentar llegar a un acuerdo sobre uno de los temas más controvertidos: la hacienda pública.
Los ingresos públicos federales sufrieron una merma de unos cinco puntos porcentuales del Producto Interno Bruto durante los años del neoliberalismo priista y no han podido recuperarse en los tres años del neoliberalismo panista. El Estado mexicano es ahora pobre y sigue siendo centralista en materia de ingresos y gastos.
El mecanismo redistributivo más importante del ingreso nacional está atrofiado: las crecientes necesidades de gasto social e inversión pública no se corresponden con la recaudación. El problema se ha agudizado debido a los enormes pasivos asumidos por el gobierno federal, tales como el costo de la privatización de las pensiones y el Fobaproa. Esta situación persiste cuando la economía nacional se encuentra estancada, lo que profundiza la inoperancia del Estado y complica los caminos hacia una solución integral y duradera.
La capacidad recaudatoria bajo las leyes actuales es notablemente débil. El gobierno federal observa la evasión y hace muy poco para remediarla. Los gobiernos municipales se muestran en su mayoría incapaces de cobrar el impuesto predial a sus electores. Las empresas concesionadas y públicas no pagan derechos a los ayuntamientos y gobiernos locales. Siguen existiendo privilegios fiscales para algunos grupos de altos ingresos. El crédito público es usado para cubrir gastos corrientes en una vorágine de cargas presupuestales.
Como una de las consecuencias de todo lo anterior, la renta petrolera se usa para cubrir las necesidades de gasto público corriente desaprovechando la oportunidad de convertir el crudo en inversión productiva: México se come su petróleo en lugar de usarlo como instrumento de su desarrollo.
El país cuenta con una educación de medio tiempo y con una matricula escasa en los niveles medios y superiores. Los servicios públicos de salud son cada día más pobres mientras la mitad de la población vive entre precarios centros médicos abiertos y la medicina privada. En materia de educación y salud, todo ha sido retroceso.
Por el otro lado, el gobierno federal es caro. La alta burocracia es costosa por ser parcialmente innecesaria. Los sueldos de los jefes son cincuenta veces más altos que los de sus empleados y el gobierno federal costea los automóviles, teléfonos, alimentos, bebidas y algunos otros gastos personales de la elite burocrática.
Las entidades federativas y los municipios son aún más pobres mientras su gasto suele ser igualmente dispendioso e ineficiente. Hay gobernadores que piden prestado a los bancos para cubrir nóminas.
El manejo del dinero público llega al extremo de emitir bonos gubernamentales para su adquisición por los bancos mientras las dependencias públicas tienen dinero depositado en la banca comercial, la cual usa aquél para adquirir los mismos bonos quedándose con el diferencial entre las tasas pasivas y las activas del dinero de los contribuyentes.
El gobierno de Vicente Fox sostiene dos puntos en materia de ingresos: gravar con el IVA alimentos y medicinas para desgravar el impuesto sobre la renta de las empresas y personas físicas de ingresos medio-altos y altos del país. No hay más.
El proyecto fiscal del gobierno busca crear incentivos a la inversión extranjera, tal como lo hace con sus otros proyectos: trasnacionalización de la industria eléctrica, desregulación laboral y apertura internacional a la explotación del gas. La política económica del gobierno sólo consiste en tratar de atraer capitales extranjeros para cubrir el déficit de la cuenta corriente, el cual aumenta en la medida en que salen del país regalías, intereses y otros muchos pagos que remuneran las inversiones foráneas. México vive el círculo vicioso de recibir capital y aumentar sus pagos bajo el perpetuo riesgo de crisis financiera. Se trata de la globalización regida por unas cuantas potencias económicas.
La Convención de Querétaro puede ser un simple jaloneo de la encogida cobija de los ingresos públicos o el acuerdo largamente anhelado de Fox con el PRI para clavar el IVA a los alimentos y repartir algunas migajas entre las entidades federativas. Pero también puede esta convención ser una oportunidad para precisar un proyecto de ingreso-gasto que promueva el crecimiento de la economía y la cobertura de la política social.
Puede también la reunión que se iniciará pronto en Querétaro ser las dos cosas: los acuerdos del gobierno con el PRI y el lanzamiento de un planteamiento alternativo de reforma de la hacienda pública que podría aplicarse pronto, cuando el gobierno de Fox se haya ido. O, para pensar siempre en lo mejor, puede ser el momento en que las cosas empiecen a cambiar en el país y se produzcan reformas de verdad.

viernes, enero 23, 2004

La perspectiva de México y los debates de ahora

En la segunda mitad del sexenio de la alternancia, la perspectiva del país se advierte mala. No se trata sólo de la falta de respuesta política al tiempo en que vivimos sino de lo más importante: la economía nacional.
El gobierno no se hace responsable de la situación económica. La idea oficial que predomina es que el mérito de la actual administración ha sido evitar un desastre, una catástrofe financiera o algo por estilo. Pero la industria mexicana sigue en recesión.
Hacia finales del presente año, el crecimiento de la economía de los Estados Unidos se va a hacer humo pues no se encuentra asentada en una verdadera expansión sino en elementos coyunturales, tales como las bajas tasas de interés que han aumentado la propensión al consumo y el abandono del ahorro. En la segunda mitad de 2004 empezará a disminuir el precio internacional del crudo. En síntesis, el valor de las exportaciones mexicanas tenderá a disminuir mientras que el mercado interno no habrá dado muestras de recuperación debido a varios factores, entre ellos la depresión salarial y la falta de generación de empleos.
Los cálculos sobre el incremento del Producto Interno Bruto para el año de 2004 no son más que eso. La economía nacional no alcanzará el tres por ciento anunciado y con mucha dificultad podrá llegar al dos por ciento, si acaso. Pero 2005 será peor. En el momento en que las exportaciones se hayan acomodado a la situación de Estados Unidos y en que se hayan perdido más empleos formales, el peligro de una recesión en toda forma se hará patente para todos.
Cuando esto ocurra, se estará preparando la elección de Presidente de la República. El clima político del país estará muy caliente y el gobierno del Presidente Fox tendrá menos respuestas –si esto es posible—que las que ahora ofrece. Lo más probable es que el PAN sufra las consecuencias del agravamiento de la situación económica. El PRI tratará de presentarse como el salvador y la restauración será ofrecida como la manera de superar el desastre. La otra alternancia, es decir sin el PRI, no podrá ser otra que el PRD, el cual tratará de promover el voto útil en el sentido de lograr un cambio de partido en el gobierno y, al mismo tiempo, impedir el intento restaurador, la vuelta a los años del priismo decadente. En esta situación, los nombres de los candidatos de los tres partidos van a jugar un papel importante, pero el esquema quedará ya bien conformado aun antes de las postulaciones.
El gran tema de 2006 será el de la economía, pero el método político que cada partido ofrezca ocupará un lugar relevante, ya que este aspecto de la vida del país alcanzará mayor importancia después de los fracasos del PAN y de Fox, los cuales no han logrado precisar un método para conducir los asuntos de la política.
No sería conveniente esperar a la agudización del estancamiento de la economía o a una recesión para diseñar un método exacto que ayude a sacar al país del hoyo en el que se encuentra y promover el crecimiento. Este es el momento de empezar a plantear el problema del método y de la nueva política económica, aunque algunos consideren que es más importante hablar sobre Marta Sahagún y otras frivolidades.
Si la perspectiva del país es oscura, lo primero que es necesario hacer es reconocerla y, al tiempo, preparar la salida. Mas no se trata sólo de la actividad de los partidos sino también de otros actores, entre ellos las organizaciones sociales y la intelectualidad. No vivimos un movimiento social en auge ni tampoco las cosas están muy claras en los discursos de los líderes empresariales, mientras nuestros intelectuales se muestran poco promotores de corrientes de opinión. Sin embargo, es necesario que los partidos sientan las presiones externas y entren a debates más vinculados con la realidad del país.
La perspectiva de México es mala pero eso no obliga a esperar pacientemente a que lo inevitable nos alcance.

viernes, enero 16, 2004

La candidata de Acción Nacional

No debería existir duda sobre la posibilidad de que una mujer fuera presidenta de México. La cuestión, por tanto, no consiste en discutir si debe ser mujer u hombre quien se encargue del Poder Ejecutivo. El debate verdadero es quién conviene más al país, al margen de su sexo.
Se quiere, sin embargo, ligar una candidatura familiar –la de Martha Sahagún—al postulado de que las mujeres pueden y deben ocupar los más altos cargos en el Estado. Pero enredar la aspirantura de la esposa del Presidente de la República con la causa de los derechos y oportunidades de las mujeres resulta algo grotesco. Sahagún ha hablado algunas veces del empoderamiento de las personas de sexo femenino como una forma de llevar a cabo la lucha a favor de la apertura efectiva de la participación de las mujeres, pero tal proceso debe verse como algo de carácter social y de ninguna forma como una bandera personal.
La plataforma de Sahagún tiene dos vertientes: la filantropía y el empoderamiento femenino. La primera no es función del Estado, pues la función pública no puede ser confundida con el altruismo, ya que aquélla se refiere a obligaciones por mandato político y al manejo de recursos que son de la propiedad de toda la sociedad. La segunda es una lucha de carácter general que se expresa en todas las actividades humanas y que en referencia a los asuntos públicos adopta formas específicas pero siempre con propósitos sociales.
En la historia reciente del país, dos mujeres han sido candidatas a presidentas pero no surgió jamás el argumento de que habría que votar por un hombre debido a una supuesta incapacidad de las mujeres. Sahagún, sin embargo, utiliza un argumento general, que es parte de una forma de analizar la sumisión de la que son víctimas las mujeres, para presentarse como la más viable candidata del Partido Acción Nacional.
Es cierto, sin embargo, que las encuestas otorgan a Sahagún una popularidad importante, aunque no tengamos del todo claro la calidad política de la aspirante. Este elemento de la situación –las encuestas tienden a crear situaciones políticas en el México actual—está operando pero siempre en conjunción con la bandera de que una mujer debe asumir la Presidencia de la República. Por ello, el Partido Acción Nacional se encuentra en una situación muy complicada. Si la precandidatura de Sahagún sigue creciendo, el PAN tendrá que asumir una posición como formación política histórica del país y enfrentar la pretensión de una línea sucesoria de carácter familiar, lo que no se ha visto en el país.
La posible candidatura panista de Martha Sahagún tendría más la característica de la continuidad de la actual Presidencia, notoriamente desgastada en el momento actual, que la del empoderamiento de las mujeres. Al final, el PAN tendría que decidir si mantiene su apoyo total a la gestión de Vicente Fox o se deslinda para lanzar una propuesta nueva. Esto último podría ser el camino preferido por muchos dirigentes de ese partido pero no podrían hacerlo sin resolver el problema de la nominación, la cual podría hacerse mediante el voto directo de los miembros del PAN con derecho de sufragio.
Por el momento, Acción Nacional tiene una candidata y el PAN tiene un problema difícil de resolver pues otros aspirantes son también integrantes del gabinete de Fox y no podrían tan fácilmente articular una propuesta de deslinde con la actual administración. Si todos los aspirantes internos del PAN fueran, al final, personas cercanas al Presidente de la República, Sahagún podría vencerlos con cierta facilidad, especialmente si aquellos fueran más de dos: el empoderamiento femenino podría jugar un papel a favor de la persona de Sahagún aunque no de las mujeres en general, aun a pesar de que en el PAN escasea la comprensión de este postulado.

viernes, enero 09, 2004

La respuesta de Acción Nacional

Cuando sonó el teléfono de la curul supe que llamaba Francisco Barrio, coordinador de la bancada de Acción Nacional, para responder a mi pregunta acerca del sentido del voto de su partido sobre la proposición presentada por el Verde pero patrocinada por el gobernador del Estado de México, Arturo Montiel, cuyo propósito era obligar a la Ciudad de México a firmar con la Federación un convenio para traspasar los servicios educativos pero con una deducción de unos cinco mil millones de pesos.
Barrio me comunicó que su partido no votaría en favor de la propuesta ya que el estudio jurídico indicaba que era enteramente ilegal, pues la Cámara de Diputados carece de facultades para obligar al gobierno federal a suscribir un convenio con una entidad federativa. Sin embargo, una gran parte del grupo panista votó por el si a pesar de las explicaciones.
Emilio Chuayfet me había llamado minutos antes para informarme que el PRI votaría en contra bajo el argumento de la ilegalidad, lo cual llevó al enojo y la maledicencia al boxeador que coordina el grupo del Partido Verde.
Al margen de la anécdota sobre los motivos del voto, panistas y priistas querían votar en favor de una acción tendiente a arrebatarle al Distrito Federal varios miles de millones de pesos. El contenido principal de tal querencia estriba en la lucha a la que se han visto orillados los otros dos partidos en contra de Andrés Manuel Lopez Obrador. Las encuestas de opinión sobre tendencias de voto y popularidad mantienen al PRI y al PAN en un estado grave de nervios. Sin embargo, la respuesta a dichas encuestas no es positiva. Embestir a la Ciudad de México con una reducción de cinco millones es algo demasiado serio y trascendente como para dejarse mover por cualquier intento provocador, aunque se haya presentado como una propuesta del Partido Verde.
Habría que recordar que días antes, cuando se votaba la Ley de Ingresos de la Federación, un diputado priista pero que forma parte del Partido Verde, líder charro del Metro por añadidura, propuso bajar la autorización de deuda a la Ciudad de México a solo 500 millones para el presente ano. La cuestión grave fue que el PAN haya votado unánimemente en favor de la reducción mientras que una parte del PRI dirigido por Chuayfet se negó a seguir la indicación de su líder y se sumó al castigo.
El PAN no logra definir una línea política. Como portavoz del gobierno, el viejo partido opositor ha perdido iniciativa y, ante todo, capacidad critica. Como partido de gobierno, el PAN apoya al presidente de la Republica sin mayores aclaraciones, pero como principal partido de oposición en el Distrito Federal se muestra carente de opciones. Si se hubiera aprobado el pretendido forzamiento a firmar un convenio sobre los servicios educativos de primaria y secundaria, probablemente el gobierno de la ciudad hubiera recurrido a la Suprema Corte de Justicia de la Nación a través de una controversia constitucional y ésta hubiera tenido que fallar seguramente en favor del Distrito Federal, con lo que la terquedad de quienes de todas formas votaron a favor de la propuesta se pone mayormente de manifiesto.
La llamada de Francisco Barrio era tranquilizadora pero la división de su partido sobre éste asunto ha sido francamente aterradora. Que a pesar de saber era un intento ilegal, decenas de panistas hubieran votado a favor, sólo nos habla de una actitud destructiva y absurda.
Es acaso una forma de jugar a la política de la venganza, de la obstrucción sistemática, de la embestida provocadora. Esta claro, sin embargo, que no todos los panistas acusan el mismo mal, pero éste ya se encuentra instalado en las filas del Partido Acción Nacional y será difícil arrancar el espíritu de revancha por haber quedado tan abajo en la elección del Distrito Federal del ano pasado y por haber fracasado en la denuncia de Lopez Obrador como un político populista y de lo peor. Parece que el populismo del Jefe de Gobierno arroja mejores frutos que el acartonamiento de Fox entrampado en el neoliberalismo de catecismo.
La respuesta de Acción Nacional era buena pero se convirtió pronto, al momento de la votación, en la evidencia de una política agria y de una respuesta pueril. Tiempos nuevos, diríase.

viernes, enero 02, 2004

Seguimos en las mismas

La aprobación del paquete fiscal de 2004 señala que el país se encuentra en la misma situación que cuando se produjo la alternacia en el poder. La política del presidente Vicente Fox es la misma que la aplicada por Ernesto Zedillo. Durante los tres años del cambio político el país se ha mantenido en estancamiento económico y desde hace un tiempo tenemos recesión industrial. El gobierno no considera que una de sus principales obligaciones es impulsar la economía y, mucho menos, promover una nueva distribución del ingreso que atempere las grandes desigualdades sociales del país.

El presupuesto para este año será un proyecto malo de gasto público. El presidente está convencido de que es mejor que el Estado se repliegue cuando la economía está estancada a que el sector público impulse la inversión aun con recursos crediticios, tal como se aconseja cuando la recesión llama a la puerta de cualquier país. La inversión pública del país ha sido achicada de tal manera que no solamente es escasa sino que, además, los créditos se contratan con esquemas caros y malos, como los llamados Pidiregas.

En realidad, el presupuesto federal es la política económica y social en cifras frías, pero detrás de cada suma se encuentra una intensión, una pretención, una decisión. Estas son justamente las que no se notan en la política gubernamental.

En realidad, Vicente Fox perdió la oportunidad de emprender cambios de alguna importancia en el momento en que, al llegar a la presidencia de la República, se limitó a mantener las cosas como estaban. Ni siquiera en materia política se produjeron los cambios esperados. Ya no estamos en una situaciòn de gran espectativa sino que, al transcurrir tres años de gobierno, las realizaciones, los cambios, deberían estar a la vista.

La idea de que la economía nacional tendría que cambiar con tan sólo imponer el IVA a los alimentos es tan peregrina que en los hechos nadie la ha creido. Es evidente que el Estado requiere más ingresos, pero el empecinamiento en que tiene el origen de los mismos tiene que ser por fuerza el gravamen sobre la alimentación ha generado una disputa política muy fuerte, promovió la división en el PRI, confrontó demasiado al presidente de la República con el Congreso y, al final, no se ha obtenido nada.

Las cosas siguen igual en la medida en que no se producen las modificaciones de la política económica a pesar de la situación del país. El presidente de la República ni siquiera reconoce la recesión en la industria y habla como si no hubiera ocurrido en el país un serio problema de carácter económico.

Seguir igual, sin embargo, es empeorar. Si los cambios no se realizan pronto, después será todo mucho más difícil. Ahora mismo, se espera un crecimiento de más del tres por ciento en el Producto Interno Bruto de México para el año que comienza, pero esa cifra no se alcanzará debido a la debilidad de las inversiones y al estrechamiento del cambio de las mismas. Se están haciendo augurios optimistas en el momento en que el realismo debería ser el marco general de la política gubernamental.

Seguir igual es abrir la puerta a mayores desgracias sociales que, luego, se miden en desempleo y pobreza.