viernes, diciembre 26, 2003

El PAN ha entrado en una crisis moral

El objetivo de los impulsores de la reforma fiscal del presidente Vicente Fox era cobrar impuestos a los pobres y a la clase media para bajar las contribuciones de los ricos, quienes se encargan de invertir, a diferencia de todos los demás.
Este planteamiento es típico de la derecha, por lo que a nadie sorprende que el Partido Acción Nacional asuma la actitud de apoyar un balance fiscal desfavorable para la mayoría de la población.
Lo que hace que la situación política se esté complicando aún más es el comportamiento del PAN como partido gobernante. Las conversaciones con la dirección nacional del PRI fueron prácticamente secretas y al parecer tuvieron como resultado un compromiso para apoyar la reforma tributaria y la trasnacionalización de la industria eléctrica del país. El PAN, por su parte, tuvo que hacer concesiones inescrupulosas, como ésa que consistió en cancelar el jurado de procedencia que debió instalarse para votar el desafuero del senador Aldana, acusado de peculado. Este asunto afectó gravemente los principios proclamados por los panistas durante todo el tiempo de su existencia como formación política: la aplicación de la ley y la lucha contra las impunidades.
Más tarde, Acción Nacional recurrió al maniobrismo para postergar el relevo en la coordinación del grupo parlamentario del PRI e intentó impedir que este partido sustituyera a algunos legisladores en la Comisión de Hacienda de la Cámara. El propósito de estas argucias era obtener una mayoría parlamentaria para impulsar su proyecto.
Cuando la Comisión de Hacienda aprobó el dictamen de la Ley de Ingresos, los partidos acordaron sostener el proyecto completo a pesar de que todos tenían algunas divergencias. El PAN, sin embargo, se lanzó contra aquella parte que autorizaba al gobierno de la Ciudad de México a contratar hasta dos mil quinientos millones de pesos de deuda pública. El problema mayor no fue que una parte del PRI mayoritario haya votado con el PAN, el Verde y Fuerza Renovadora (FR, PRI minoritario), sino que Acción Nacional recurrió a una maniobra indigna de un partido que hace honor a sus compromisos.
La manera en que Juan de Dios Castro ha estado resolviendo algunos trámites se aleja del comportamiento que debe tener quien preside la Cámara y del compromiso de imparcialidad y legalidad que implica el desempeño de esa función.
El grupo panista parece dispuesto a cualquier cosa con tal de apoyar al gobierno al que sirve, lo cual atenta contra varios de sus viejos planteamientos.
El presidente Vicente Fox llegó al cargo bajo el postulado de que no era necesario aumentar los impuestos para lograr sus promesas en materia de educación y salud. Desde un principio, sin embargo, propuso el 15 por ciento de IVA en alimentos y medicinas; después, propuso diez por ciento y manifestó su acuerdo con que ese porcentaje bajara al seis mediante un nuevo impuesto de disfraz e, incluso, estaba dispuesto a admitir un tres por ciento, lo que se antoja más como una enfermedad impositiva: cualquier cosa con tal de gravar la alimentación.
El PAN afirma que las inversiones trasnacionales en electricidad no implican la privatización de la industria, lo cual es falso, pues cualquiera comprende que si toda la nueva termoelectricidad va a estar a cargo de empresas extranjeras, la mayor parte de la producción estará pronto en manos privadas. El presidente de la República viola la Constitución en este aspecto por lo que pide al Congreso la impunidad por la vía de una reforma legislativa. Esto es contrario a la ética política a la que se comprometió el presidente el día que protestó.
La crisis moral del PAN coincide con varias derrotas de su política, lo que hace que aquella se note más y, a la vez, se muestre insuficiente para obtener los propósitos de las transgresiones de su propio código histórico. El maniobrismo sin principios se presenta como un medio pero pronto se vuelve una manera de ser.
También existe otro problema en relación con esta crisis moral del PAN: ¿quién confiará en la firmeza de los compromisos contraídos por los panistas? Si un partido está dispuesto a hacer cuanto sea necesario para impulsar sus propuestas, la violación de los acuerdos con otras fuerzas pasa a formar parte del esquema político en la medida en que se torne precisamente necesario.
No es el poder quien ha llevado al PAN a esta crisis moral sino un ejercicio del mismo con escasez de propuestas y ausencia de un programa nacional completo. El presidente no es un líder político y pisa las arenas movedizas del maniobrismo, el engaño y la manipulación. Es ésta una ruta de desastres.

viernes, diciembre 19, 2003

El tambaleante paquete fiscal

El desechamiento del proyecto de gravar con un nuevo impuesto alimentos y medicinas ha generado dos reacciones principales. Por un lado, el PAN ha vuelto a presentar la misma iniciativa pero con una tasa del seis por ciento en lugar de ocho como se había originalmente considerado. Por el otro, el PRD y el PRI han presentado sendas propuestas que incluyen reformas para obtener ingresos adicionales a los ya incluidos en el proyecto de ley de ingresos.
La propuesta del PAN es la misma en materia de impuesto de control –así llamado—que encarecería los alimentos y las medicinas, por lo que no es posible volver a votarlo como proyecto en el pleno de la Cámara de Diputados. Según la Constitución, un proyecto desechado no puede presentarse de nuevo en las sesiones del año, y 2003 no ha terminado todavía. La versión de que se trata de una iniciativa diferente al proyecto desechado es falsa, ya que si bien es cierto que en materia de impuesto sobre la renta existen diferencias muy importantes, el texto desechado no era sobre esta materia sino sobre el tan llevado y traído impuesto de control que ha recibido ya tres nombres distintos pero sigue siendo un solo proyecto verdadero.
En cuanto a las propuestas del PRD, se trata de cobrar el impuesto completo a quienes ahora tienen un descuento de cincuenta por ciento y son grandes empresas bajo el llamado régimen simplificado. Este partido también propone que se inicie el cobro del IVA a los pequeños contribuyentes y que el dinero que se recaude sirva para asegurar a los mismos causantes y sus familias en el IMSS, con lo cual se haría una reforma social. Asimismo, el PRD propone que se abandone la absurda idea de que el déficit presupuesta de 2004 tiene que ser menor al del año que está por terminar, ya que cuando una economía está estancada es necesario usar recursos de deuda para financiar obras productivas y ayudar al crecimiento. También se propone que se estime en 21 dólares en promedio el precio de la mezcla mexicana de crudo, ya que el gobierno quiere ponerlo en 20 dólares sólo para contar con
El PRI propone algunas cosas parecidas o iguales a las del PRD, pero no admite la reforma del régimen simplificado. Ambos partidos coinciden también en otorgar a las entidades federativas dos puntos porcentuales del IVA, aunque el PRI propone que sea a través de un nuevo impuesto a los consumos finales y el PRD prefiere que se sea como forma de reparto fiscal del actual IVA.
No es verdad que la gran reforma fiscal consista en cobrar impuestos a los alimentos y las medicinas. Tampoco será posible hacer un gran cambio hacendario con las propuestas perredistas ni con las priistas, ya que el principal problema fiscal de México es la evasión de las contribuciones, la cual se ha convertido en una industria. El gobierno no quiere admitir que sea posible empezar a bajar la evasión y hay muchos diputados que quieren obligar al secretario de Hacienda a cobrar mejor los impuestos.
Junto a todo lo anterior se presenta el tema de las reasignaciones presupuestales, es decir, cambiar el objeto de una parte del gasto público. Se habla de más de cincuenta mil millones que podrían servir para educación, campo, salud e inversión pública. El problema mayor es que para cada uno de estos renglones se requiere tanto dinero como la suma total de lo que podría ser reasignado.
La situación de las finanzas públicas no sorprende a nadie. Desde hace ya varios años se ha venido insistiendo en que es necesaria una mayor recaudación, pero el gobierno del presidente Fox no ha considerado más camino que el de gravar medicinas y alimentos, de tal manera que a esto se reduce la reforma fiscal considerada como una de las llamadas reformas estructurales a las que a diario se refiere el propio presidente.
El conflicto político sobre el gravamen alimentario ha llevado a la división del grupo parlamentario del PRI y a una discusión muy poco edificante impulsada por Vicente Fox. Al final, lo más probable es que el presidente reciba un decreto del Congreso con algunos ajustes fiscales y, después, reciba de la Cámara un presupuesto ligeramente superior al que él mismo envió. Las más beneficiadas podrían ser las entidades federativas que se encuentran materialmente ahogadas pero esto mismo no es todavía seguro.
La bronca política terminará con muchos vidrios rotos y pocos cambios: mucho menos estructurales.

viernes, diciembre 12, 2003

El gobierno ha sido derrotado

Las propuestas del presidente Vicente Fox han sido pocas y sencillas: IVA en alimentos y medicinas, flexibilidad en las relaciones laborales, trasnacionalización de la industria eléctrica mexicana y explotación del gas de Burgos por parte de compañías extranjeras. Estas son las reformas estructurales que, se supone, abrirían el camino de México hacia el progreso y el bienestar.
Es difícil hacer un programa más simple pero también más superficial. El planteamiento se hace bajo la divisa de que es por México y por encima de los estrechos intereses electoreros, se dice, de los partidos políticos, excepto el PAN, naturalmente, quien no tiene de éstos.
El presidente ha buscado unos 60 mil millones de pesos adicionales que representan casi un punto porcentual del Producto Interno Bruto. Pero el Estado mexicano ha perdido más de cinco puntos del PIB durante los años del neoliberalismo y ha regalado más de tres puntos adicionales a través de la reforma de las pensiones y el Fobaproa. Por tanto, el desastre de las finanzas públicas no podría encontrar solución con un impuesto a los alimentos y medicinas.
Sin embargo, el presidente no ha tenido más discurso que el de gravar la comida como si de esto dependiera la salvación del país. Tal estrechez política es ya una característica del actual gobierno, pero éste logró pasar su proyecto a un segmento del PRI lo cual precipitó la crisis de éste. Ahora, con el éxito parlamentario que consistió en desechar el proyecto de gravar medicinas y alimentos, el gobierno y ese sector del PRI carecen de alternativa formal.
Es interesante observar el movimiento que se produjo en el PRI contra tales acuerdos y la división de opiniones que incluyó la sustitución de la coordinadora parlamentaria. Pero no existen dos bloques en ese partido sino una gran cantidad de grupos.
Mas la derrota política del gobierno de Fox y del sector del PRI que le apoyó ha sido principalmente producto de un movimiento de defensa, alentado por la actitud firme asumida por el Grupo Parlamentario del Partido de la Revolución Democrática, la que permitió que el sector del PRI opuesto al nuevo impuesto tuviera siempre claro que podía lograr su propósito en la Cámara.
Más allá de este defensismo, ahora es necesario aprobar unos decretos que mejoren la situación económica del Estado y obliguen al gobierno a elevar la eficiencia recaudatoria. También vendrá dentro de unos días la gran disputa por las reasignaciones presupuestales, de las cuales dependen recursos a las entidades federativas y al gasto social tan golpeado por la derecha gobernante.
La situación política del país no ha cambiado pero ha tenido una variación en la medida en que un sector del PRI se ha dado cuenta que le es difícil transitar con el gobierno de Vicente Fox y que no tiene más remedio que tender puentes hacia la izquierda. Esto no es un esquema político ya hecho sino una posibilidad que hace unos días no existía. Por lo pronto, tenemos aquí una derrota política de Vicente Fox y del PAN aunque no hay todavía una victoria suficientemente clara sino apenas esbozada por la lucha parlamentaria que culminó ayer.

viernes, diciembre 05, 2003

¿Hay una nueva política?

Aunque el cisma en el Partido Revolucionario Institucional se resolverá más pronto que tarde, el hecho mismo de que se haya producido ha traído al debate si los cambios en el país son tantos que estamos frente a una nueva política o una nueva forma de hacer ésta. Cualquiera puede observar el contraste entre la anterior manera de actuar del PRI en sus asuntos internos y los métodos que ahora se usan. La cuestión consiste, sin embargo, en la naturaleza misma de los acontecimientos en la vida interior de ese partido.
Las contradicciones públicas entre los priistas se han venido presentando desde antes de que el PRI perdiera la Presidencia de la República. La primera elección interna de candidato presidencial se produjo cuando Ernesto Zedillo era el titular del Poder Ejecutivo y, aunque el proceso fue con dados cargados, todos los perdedores tuvieron que aceptar el veredicto. Después, cuando Madrazo se tomó la presidencia de su partido, las protestas quedaron en nada. Ahora, cuando el grupo parlamentario del PRI en la Cámara de Diputados se divide en dos partes y cada una de éstas tiene su propio líder, las cosas han cambiado algo.
En primer término, no se trata sólo de un movimiento en el grupo priista de la Cámara sino una fuerte contradicción entre el presidente del PRI y la secretaria general del mismo. Las cosas no están limitadas a San Lázaro sino que tienen implicaciones mayores.
Madrazo tiene que llegar a un acuerdo global con Gordillo o echarla de la dirección del PRI y del partido mismo. Las bases de tal acuerdo no están en absoluto sobre la mesa, no existe ninguna propuesta de arreglo, aunque puede advertirse que los gobernadores van a actuar para introducir un principio de orden y de unidad formal.
Las divergencias, por otro lado, no parecen ser tan fuertes desde el momento en que se han limitado al tema de las reformas fiscales, especialmente a la procedencia de un impuesto para gravar alimentos y medicinas, primero de manera directa con el IVA y después a través de un nuevo instrumento impositivo. Según Gordillo, Madrazo le dijo que debería imponerse una tasa de cinco por ciento a los víveres, lo cual no ha sido rechazado por el presidente del PRI. El hecho cierto es que el PAN presentó ayer en la Cámara una iniciativa para llevar la tasa cero y los exentos en el IVA a cinco por ciento con crecimiento anual programado, que es exactamente lo mismo que el proyecto original incubado en el PRI y que fue rechazado por la mayoría de los diputados de esa bancada.
Se especula que en el fondo de la crisis en el PRI se encuentra la lucha por la próxima candidatura a la presidencia de la República. Se dice, por ejemplo, que Gordillo no simpatiza con Madrazo y podría tener otro precandidato. Se afirma también que los alineamientos entre los gobernadores, que se expresan también en la Cámara, reflejan las simpatías a favor de uno u otro aspirante, pero que existe una coincidencia entre varios de ellos en el sentido de que Madrazo debe ser bloqueado. Sin embargo, habría que decir que el cisma en el PRI afecta a todos los que quieren ser más tarde el candidato de todo el partido, ya que éste se podría debilitar antes de la contienda con consecuencias negativas.
Los llamados a la unidad tienen su base, claro está, en la necesidad de un fortalecimiento político del priismo, de una restauración política, el cual es el proyecto de casi todos los líderes priistas, pero no parece tan sencillo encontrar la base global para superar la crisis.
Cuando se resuelva el problema de la coordinación parlamentaria del PRI en San Lázaro, quedará de cualquier forma el mayor problema de la dirección política nacional y, muy pronto, el del candidato a la presidencia de la República.
Pero, ¿esta es una nueva política? La respuesta tendría que ser negativa. Una nueva política se basaría en el debate programático, en la claridad de las contradicciones que inevitablemente se producen dentro de los partidos políticos. Pero en el PRI no hay ese debate, aunque algo surgió cuando se intentó aprobar el cinco por ciento de IVA a los alimentos.
El PRI sigue siendo el mismo partido aunque hoy se comporta de una forma diferente en sus relaciones internas. Si no sabe gobernarse a sí mismo, este partido no podrá demostrar ante el electorado que puede gobernar el país mejor que el PAN o el PRD. Esto lo dicen los gobernadores de ese partido, pero quizá haya algunos otros elementos de la realidad que no hagan este factor tan relevante. Veremos en los próximos días cómo se supera esta crisis y, quizá, cual otra queda pendiente.