El PAN ha entrado en una crisis moral
El objetivo de los impulsores de la reforma fiscal del presidente Vicente Fox era cobrar impuestos a los pobres y a la clase media para bajar las contribuciones de los ricos, quienes se encargan de invertir, a diferencia de todos los demás.
Este planteamiento es típico de la derecha, por lo que a nadie sorprende que el Partido Acción Nacional asuma la actitud de apoyar un balance fiscal desfavorable para la mayoría de la población.
Lo que hace que la situación política se esté complicando aún más es el comportamiento del PAN como partido gobernante. Las conversaciones con la dirección nacional del PRI fueron prácticamente secretas y al parecer tuvieron como resultado un compromiso para apoyar la reforma tributaria y la trasnacionalización de la industria eléctrica del país. El PAN, por su parte, tuvo que hacer concesiones inescrupulosas, como ésa que consistió en cancelar el jurado de procedencia que debió instalarse para votar el desafuero del senador Aldana, acusado de peculado. Este asunto afectó gravemente los principios proclamados por los panistas durante todo el tiempo de su existencia como formación política: la aplicación de la ley y la lucha contra las impunidades.
Más tarde, Acción Nacional recurrió al maniobrismo para postergar el relevo en la coordinación del grupo parlamentario del PRI e intentó impedir que este partido sustituyera a algunos legisladores en la Comisión de Hacienda de la Cámara. El propósito de estas argucias era obtener una mayoría parlamentaria para impulsar su proyecto.
Cuando la Comisión de Hacienda aprobó el dictamen de la Ley de Ingresos, los partidos acordaron sostener el proyecto completo a pesar de que todos tenían algunas divergencias. El PAN, sin embargo, se lanzó contra aquella parte que autorizaba al gobierno de la Ciudad de México a contratar hasta dos mil quinientos millones de pesos de deuda pública. El problema mayor no fue que una parte del PRI mayoritario haya votado con el PAN, el Verde y Fuerza Renovadora (FR, PRI minoritario), sino que Acción Nacional recurrió a una maniobra indigna de un partido que hace honor a sus compromisos.
La manera en que Juan de Dios Castro ha estado resolviendo algunos trámites se aleja del comportamiento que debe tener quien preside la Cámara y del compromiso de imparcialidad y legalidad que implica el desempeño de esa función.
El grupo panista parece dispuesto a cualquier cosa con tal de apoyar al gobierno al que sirve, lo cual atenta contra varios de sus viejos planteamientos.
El presidente Vicente Fox llegó al cargo bajo el postulado de que no era necesario aumentar los impuestos para lograr sus promesas en materia de educación y salud. Desde un principio, sin embargo, propuso el 15 por ciento de IVA en alimentos y medicinas; después, propuso diez por ciento y manifestó su acuerdo con que ese porcentaje bajara al seis mediante un nuevo impuesto de disfraz e, incluso, estaba dispuesto a admitir un tres por ciento, lo que se antoja más como una enfermedad impositiva: cualquier cosa con tal de gravar la alimentación.
El PAN afirma que las inversiones trasnacionales en electricidad no implican la privatización de la industria, lo cual es falso, pues cualquiera comprende que si toda la nueva termoelectricidad va a estar a cargo de empresas extranjeras, la mayor parte de la producción estará pronto en manos privadas. El presidente de la República viola la Constitución en este aspecto por lo que pide al Congreso la impunidad por la vía de una reforma legislativa. Esto es contrario a la ética política a la que se comprometió el presidente el día que protestó.
La crisis moral del PAN coincide con varias derrotas de su política, lo que hace que aquella se note más y, a la vez, se muestre insuficiente para obtener los propósitos de las transgresiones de su propio código histórico. El maniobrismo sin principios se presenta como un medio pero pronto se vuelve una manera de ser.
También existe otro problema en relación con esta crisis moral del PAN: ¿quién confiará en la firmeza de los compromisos contraídos por los panistas? Si un partido está dispuesto a hacer cuanto sea necesario para impulsar sus propuestas, la violación de los acuerdos con otras fuerzas pasa a formar parte del esquema político en la medida en que se torne precisamente necesario.
No es el poder quien ha llevado al PAN a esta crisis moral sino un ejercicio del mismo con escasez de propuestas y ausencia de un programa nacional completo. El presidente no es un líder político y pisa las arenas movedizas del maniobrismo, el engaño y la manipulación. Es ésta una ruta de desastres.
Este planteamiento es típico de la derecha, por lo que a nadie sorprende que el Partido Acción Nacional asuma la actitud de apoyar un balance fiscal desfavorable para la mayoría de la población.
Lo que hace que la situación política se esté complicando aún más es el comportamiento del PAN como partido gobernante. Las conversaciones con la dirección nacional del PRI fueron prácticamente secretas y al parecer tuvieron como resultado un compromiso para apoyar la reforma tributaria y la trasnacionalización de la industria eléctrica del país. El PAN, por su parte, tuvo que hacer concesiones inescrupulosas, como ésa que consistió en cancelar el jurado de procedencia que debió instalarse para votar el desafuero del senador Aldana, acusado de peculado. Este asunto afectó gravemente los principios proclamados por los panistas durante todo el tiempo de su existencia como formación política: la aplicación de la ley y la lucha contra las impunidades.
Más tarde, Acción Nacional recurrió al maniobrismo para postergar el relevo en la coordinación del grupo parlamentario del PRI e intentó impedir que este partido sustituyera a algunos legisladores en la Comisión de Hacienda de la Cámara. El propósito de estas argucias era obtener una mayoría parlamentaria para impulsar su proyecto.
Cuando la Comisión de Hacienda aprobó el dictamen de la Ley de Ingresos, los partidos acordaron sostener el proyecto completo a pesar de que todos tenían algunas divergencias. El PAN, sin embargo, se lanzó contra aquella parte que autorizaba al gobierno de la Ciudad de México a contratar hasta dos mil quinientos millones de pesos de deuda pública. El problema mayor no fue que una parte del PRI mayoritario haya votado con el PAN, el Verde y Fuerza Renovadora (FR, PRI minoritario), sino que Acción Nacional recurrió a una maniobra indigna de un partido que hace honor a sus compromisos.
La manera en que Juan de Dios Castro ha estado resolviendo algunos trámites se aleja del comportamiento que debe tener quien preside la Cámara y del compromiso de imparcialidad y legalidad que implica el desempeño de esa función.
El grupo panista parece dispuesto a cualquier cosa con tal de apoyar al gobierno al que sirve, lo cual atenta contra varios de sus viejos planteamientos.
El presidente Vicente Fox llegó al cargo bajo el postulado de que no era necesario aumentar los impuestos para lograr sus promesas en materia de educación y salud. Desde un principio, sin embargo, propuso el 15 por ciento de IVA en alimentos y medicinas; después, propuso diez por ciento y manifestó su acuerdo con que ese porcentaje bajara al seis mediante un nuevo impuesto de disfraz e, incluso, estaba dispuesto a admitir un tres por ciento, lo que se antoja más como una enfermedad impositiva: cualquier cosa con tal de gravar la alimentación.
El PAN afirma que las inversiones trasnacionales en electricidad no implican la privatización de la industria, lo cual es falso, pues cualquiera comprende que si toda la nueva termoelectricidad va a estar a cargo de empresas extranjeras, la mayor parte de la producción estará pronto en manos privadas. El presidente de la República viola la Constitución en este aspecto por lo que pide al Congreso la impunidad por la vía de una reforma legislativa. Esto es contrario a la ética política a la que se comprometió el presidente el día que protestó.
La crisis moral del PAN coincide con varias derrotas de su política, lo que hace que aquella se note más y, a la vez, se muestre insuficiente para obtener los propósitos de las transgresiones de su propio código histórico. El maniobrismo sin principios se presenta como un medio pero pronto se vuelve una manera de ser.
También existe otro problema en relación con esta crisis moral del PAN: ¿quién confiará en la firmeza de los compromisos contraídos por los panistas? Si un partido está dispuesto a hacer cuanto sea necesario para impulsar sus propuestas, la violación de los acuerdos con otras fuerzas pasa a formar parte del esquema político en la medida en que se torne precisamente necesario.
No es el poder quien ha llevado al PAN a esta crisis moral sino un ejercicio del mismo con escasez de propuestas y ausencia de un programa nacional completo. El presidente no es un líder político y pisa las arenas movedizas del maniobrismo, el engaño y la manipulación. Es ésta una ruta de desastres.