El poder está compartimentado
Ninguno de los tres partidos con poder político en el país está compartiendo su pedazo. A cada propuesta, estos partidos y sus correspondientes gobernantes y legisladores definen una posición diferente o, muchas veces, no definen nada y dejan caer la iniciativa del adversario. En tres años de gobierno producto de la alternancia el presidente no hay llegado a ningún acuerdo global con nadie mientras los partidos de la oposición tampoco pueden asumir un planteamiento programático y político común.
Se dice que esta situación de compartimentación del poder es producto de la decrepitud de la clase política. Ésta existe sin duda, pero habría que preguntar por qué de la misma. El hecho es que existe en el país un partido que se asume como representante cabal y completo del viejo régimen, al grado de que el PRI defiende la historia de corrupción, represión y antidemocracia de los regímenes justamente priistas.
El PRI no ha hecho la menor autocrítica y cualquier pacto completo al que llegara con otro partido implicaría que éste tendría que estar pactando con la representación de todo lo viejo y más repudiable de la vida política del país. Así, pactar con el pasado cuya impronta quiere ser eliminada resulta inconveniente para el PAN e imposible para el PRD. Aquella frase de Vicente Fox llamando al PRI a gobernar juntos fue recibida con frialdad o repudio en las filas de Acción Nacional.
Pero tampoco el PRI busca un arreglo global sino la restauración de su propio régimen político. La dirección priista está, por ejemplo, de acuerdo con la reforma constitucional para legalizar las inversiones trasnacionales en la industria eléctrica del país, pero muchos prisitas, senadores y diputados, discrepan de esta convergencia y actúan en contra de que se lleve a cabo.
La estabilidad política del momento actual, en medio de la compartimentación del poder, se debe a que los tres partidos buscan una situación que les permita gobernar sus pedazos sin grandes estremecimientos políticos, pero no es producto de un acuerdo global.
Bajo esta situación, la búsqueda de convergencias practicables y digeribles en el seno de los tres partidos se muestra como lo primordial del quehacer político nacional, pero no se garantiza en absoluto pues las discrepancias suelen ser reales. La exigencia de muchos medios de comunicación para que los partidos se pongan de acuerdo es aparentemente justa, pero nunca se dice en qué términos debieran darse las convergencias ni qué deben decir los decretos. Las discrepancias consisten justamente en lo que deben decir las leyes.
Bajo la compartimentación, el presidente de la República no ejerce una capacidad de liderazgo, se abstiene de presentar muchas iniciativas al Congreso y, las que presenta no son materia de agitación popular pues no se trata de cambios en favor de la mayoría. Fox carece de un programa global, por lo que no podría buscar acuerdos también globales con nadie.
El PRI es hoy el partido más votado del país y esta situación crea angustia sobre el futuro político. Ya se podría avizorar qué ocurriría en 2006 si volviera a ganar el viejo partido que no ha sido capaz de hacer la menor crítica de sí mismo. Es previsible un gran fenómeno de voto útil para apoyar al candidato no prisita mejor ubicado en las preferencias del electorado, lo cual va a alterar el sistema de partidos en el país, pues mucha gente que simpatiza con un determinado partido tendría que cambiar su voto con tal de impedir que la actual impronta del viejo régimen se convierta en la restauración del mismo.
Por lo pronto, el PAN se observa amedrentado por el PRI y la oposición perredista tiene que enfrentar la cobardía panista frente al reto del Estado de derecho. En materia económica, las posibles reformas suelen estar del lado de la protección de privilegios, lo que genera ciertas turbulencias en el PRI y la oposición franca del PRD. Las otras reformas que pudieran acabar con las tradiciones neoliberales acusan la resistencia militante del PAN y no pocos obstáculos de parte del PRI.
En el escenario de la política mexicana, el poder compartimentado es solamente la espera de los cambios tan ansiados por muchos mexicanos.
Si los cinco diputados ausentes del PRD hubieran estado presentes y si el PT y Convergencia hubieran votado en contra de la revocación, de todas maneras se habría echado abajo la cita al Jurado pues el PAN tenía montada una operación de ausencia suficiente de diputados de su propia bancada. Así se vio con claridad cuando, al término de la votación nominal, aparecieron varios panistas, súbitamente, para votar, cuando ya se sabía que la diferencia era tan grande que no era necesario tenerlos escondidos en las oficinas.
La manera como se procesó la capitulación panista ante la impunidad fue ruin pues se recurrió a la bajeza de aparentar desacuerdo con la revocación de la cita al Jurado cuando en realidad el PAN estaba conforme con que éste no se efectuara.
El daño al país consiste en que el gobierno abandona la lucha a favor del Estado de derecho y, así, le da un golpe a la transición de México a la democracia, pues sin aquél no puede haber ésta.
A tres años de la presidencia de Vicente Fox se ha caído lo más importante que éste llegó a significar para el país. Tenemos hoy un gobierno decrépito a la mitad de su sexenio. El PAN ha sido vencido por su rival histórico sin dar la lucha y como consecuencia de su sola presencia en Los Pinos. México espera el cambio.
Se dice que esta situación de compartimentación del poder es producto de la decrepitud de la clase política. Ésta existe sin duda, pero habría que preguntar por qué de la misma. El hecho es que existe en el país un partido que se asume como representante cabal y completo del viejo régimen, al grado de que el PRI defiende la historia de corrupción, represión y antidemocracia de los regímenes justamente priistas.
El PRI no ha hecho la menor autocrítica y cualquier pacto completo al que llegara con otro partido implicaría que éste tendría que estar pactando con la representación de todo lo viejo y más repudiable de la vida política del país. Así, pactar con el pasado cuya impronta quiere ser eliminada resulta inconveniente para el PAN e imposible para el PRD. Aquella frase de Vicente Fox llamando al PRI a gobernar juntos fue recibida con frialdad o repudio en las filas de Acción Nacional.
Pero tampoco el PRI busca un arreglo global sino la restauración de su propio régimen político. La dirección priista está, por ejemplo, de acuerdo con la reforma constitucional para legalizar las inversiones trasnacionales en la industria eléctrica del país, pero muchos prisitas, senadores y diputados, discrepan de esta convergencia y actúan en contra de que se lleve a cabo.
La estabilidad política del momento actual, en medio de la compartimentación del poder, se debe a que los tres partidos buscan una situación que les permita gobernar sus pedazos sin grandes estremecimientos políticos, pero no es producto de un acuerdo global.
Bajo esta situación, la búsqueda de convergencias practicables y digeribles en el seno de los tres partidos se muestra como lo primordial del quehacer político nacional, pero no se garantiza en absoluto pues las discrepancias suelen ser reales. La exigencia de muchos medios de comunicación para que los partidos se pongan de acuerdo es aparentemente justa, pero nunca se dice en qué términos debieran darse las convergencias ni qué deben decir los decretos. Las discrepancias consisten justamente en lo que deben decir las leyes.
Bajo la compartimentación, el presidente de la República no ejerce una capacidad de liderazgo, se abstiene de presentar muchas iniciativas al Congreso y, las que presenta no son materia de agitación popular pues no se trata de cambios en favor de la mayoría. Fox carece de un programa global, por lo que no podría buscar acuerdos también globales con nadie.
El PRI es hoy el partido más votado del país y esta situación crea angustia sobre el futuro político. Ya se podría avizorar qué ocurriría en 2006 si volviera a ganar el viejo partido que no ha sido capaz de hacer la menor crítica de sí mismo. Es previsible un gran fenómeno de voto útil para apoyar al candidato no prisita mejor ubicado en las preferencias del electorado, lo cual va a alterar el sistema de partidos en el país, pues mucha gente que simpatiza con un determinado partido tendría que cambiar su voto con tal de impedir que la actual impronta del viejo régimen se convierta en la restauración del mismo.
Por lo pronto, el PAN se observa amedrentado por el PRI y la oposición perredista tiene que enfrentar la cobardía panista frente al reto del Estado de derecho. En materia económica, las posibles reformas suelen estar del lado de la protección de privilegios, lo que genera ciertas turbulencias en el PRI y la oposición franca del PRD. Las otras reformas que pudieran acabar con las tradiciones neoliberales acusan la resistencia militante del PAN y no pocos obstáculos de parte del PRI.
En el escenario de la política mexicana, el poder compartimentado es solamente la espera de los cambios tan ansiados por muchos mexicanos.
Si los cinco diputados ausentes del PRD hubieran estado presentes y si el PT y Convergencia hubieran votado en contra de la revocación, de todas maneras se habría echado abajo la cita al Jurado pues el PAN tenía montada una operación de ausencia suficiente de diputados de su propia bancada. Así se vio con claridad cuando, al término de la votación nominal, aparecieron varios panistas, súbitamente, para votar, cuando ya se sabía que la diferencia era tan grande que no era necesario tenerlos escondidos en las oficinas.
La manera como se procesó la capitulación panista ante la impunidad fue ruin pues se recurrió a la bajeza de aparentar desacuerdo con la revocación de la cita al Jurado cuando en realidad el PAN estaba conforme con que éste no se efectuara.
El daño al país consiste en que el gobierno abandona la lucha a favor del Estado de derecho y, así, le da un golpe a la transición de México a la democracia, pues sin aquél no puede haber ésta.
A tres años de la presidencia de Vicente Fox se ha caído lo más importante que éste llegó a significar para el país. Tenemos hoy un gobierno decrépito a la mitad de su sexenio. El PAN ha sido vencido por su rival histórico sin dar la lucha y como consecuencia de su sola presencia en Los Pinos. México espera el cambio.



